El farmacéutico que acabó convirtiéndose en un sádico asesino en el campo de exterminio de Auschwitz

Tuvo que pasar dos décadas desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial para que un tribunal encontrara culpable y condenase a nueve años de prisión a Victor Capesius. A pesar de haber centenares de pruebas y testimonios contra éste, tan solo se le pudo acusar como colaborador, de ahí que se tardara tanto en poder juzgarlo y recibiera una pena ridícula (en comparación a los centenares de crímenes en los que estuvo involucrado directa e indirectamente) de la que cumplió tan solo dos años y medio y saliendo de prisión a principios de 1968.

Victor Capesius, en el círculo, durante el juicio celebrado entre 1963-1965 (imagen vía gettyimages)
Victor Capesius, en el círculo, durante el juicio celebrado entre 1963-1965 (imagen vía gettyimages)

Pero a pesar de la gran cantidad de documentación existente alrededor de Victor Capesius, y los numerosísimos testimonios de supervivientes de Auschwitz, fue uno de los personajes menos conocidos del nazismo durante el Tercer Reich.

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Nacido en 1907 en Szerdahely, Rumanía (en aquellos momentos región perteneciente al Imperio Austrohúngaro) se graduó en Farmacia a los 23 años de edad y tres años después conseguía sacarse el doctorado, entrando a trabajar como comercial en la compañía IG Farben, un conglomerado de empresas químicas y farmacéuticas (como Bayer o BASF) en el que durante los años del Tercer Reich se desarrolló gran parte de los componentes, gases y venenos con los que se experimentó y acabó con la vida de millones de seres humanos en los campos de exterminio.

Su afiliación al Partido Nacionalsocialista proporcionó a Capesius el codearse con los importantes jerarcas del Reich y su rápido ascenso dentro de la compañía. Tras el estallido de la IIGM se unió al ejército rumano y en poco tiempo era ascendido a capitán, haciéndose cargo del servicio de farmacia en un hospital militar y unos meses después, en 1940, sería transferido a la Waffen-SS, siendo destinado inicialmente al Campo de Concentración de Dachau.

En diciembre de 1943 llegaría otro traslado: campo de concentración de Auschwitz, donde sería el máximo responsable de la farmacia y de todos los productos químicos utilizados para exterminar a un gran número de prisioneros.

Allí colaboró estrechamente con Josef Mengele y junto a éste se dedicaban a decidir qué prisioneros eran sometidos a experimentación o quienes iban directamente a la cámara de gas.

Según consta en algunas fuentes, otra de las aficiones de Victor Capesius, en su paso por los campos de concentración, fue la de recopilar una gran cantidad de dientes y muelas de oro que le habían sido arrancadas a los prisioneros, para posteriormente enviarlas en pequeños paquetes a su familia para que los escondieran hasta el final de la guerra. Sabía que una vez finalizado el conflicto bélico aquel metal precioso sería de gran ayuda para llevar una desahogada vida como civil.

Tras la liberación del campo de concentración de Auschwitz a inicios de 1945, Capesius huyó y se mantuvo escondido durante un tiempo. Fue apresado en más de una ocasión en los siguientes meses y años, pero siempre supo librarse de ser acusado de colaborador del nazismo, por lo que no fue juzgado en ninguno de los grandes juicios celebrados contra los responsables del holocausto nazi.

Esto provocó que, durante la posguerra y tras someterse al correspondiente proceso de desnazificación (por el que pasó gran parte de la población alemana), pudiese llevar una vida totalmente normal, abriendo en 1950 una de las mayores farmacias en la población de Göppingen, pagada con el oro dental extraído de la boca de los prisioneros de Auschwitz y que había enviado en pequeños paquetes, tal y como explico unos párrafos más arriba.

No fue hasta 1963 (dieciocho años después de finalizar la IIGM) cuando un grupo de ex-prisioneros pudieron reunir pruebas suficientes para llevar a Victor Capesius y a otros 22 acusados frente a un tribunal, siendo juzgado y condenado a tan solo nueve años de prisión por cómplice, en 1965, cumpliendo únicamente treinta meses de condena.

Tras ser liberado en enero de 1968, pocos meses después acudió junto a su esposa y familia a un concierto y al entrar en la sala el público presente se puso en pie y ovacionó a Capesius, algo que dejó en entredicho el trabajo de desnazificación realizada entre la población alemana, en la que dos décadas después del fin del Tercer Reich seguían produciéndose actos de ensalzamiento a aquellos que estuvieron vinculados con los jerarcas nazis.

Victor Capesius falleció en 1985, a los 78 años de edad, y en ningún momento de su vida se arrepintió ni pidió perdón por los espeluznantes crímenes que cometió durante el nazismo.

Fuentes de consulta e imagen: stuttgarter-zeitung / elmundo / elespañol / wyborcza / gettyimages

 

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