El "fenómeno" Marcos Llorente y los entrenadores de sofá

Goal.com
Ruben Uria Blog
Ruben Uria Blog

¿Marcos Llorente arriba, por detrás del delantero? La Santa Inquisición mediática se echó a reír y comentó que a Simeone le había dado un ataque de entrenador. Los cofrades del tonto a las trés y también un rato después dijeron, antes y después incluso de Anfield, que Macos Llorente se arrepentía de haber fichado por el Atleti. Y los entrenadores de sofá, graduados en redes sociales, se carcajeaban de la prueba de Simeone, negándole su olfato futbolístico, su intuición y hasta su capacidad para ver cosas que sólo pueden ver las personas que dirigen, cada día, a los jugadores. No es nuevo. Son los mismos que decían que el Atleti bajaría a Segunda con Simeone. Son los mismos que decían que arruinaría a Griezmann. Son los mismos que dicen que es un entrenador defensivo y son los mismos que se pasan el día diciendo que Joao Félix no puede juagr bien en el sistema del Cholo. Que la verdad no te estropee un buen prejuicio.

Miren, ni el más antiatlético podría negar que, cuando Llorente salió por detrás del punta en San Mamés, las risas enlatadas se manifestaron en las redes y en la prensa. El partido del Atleti fue infame, pero el de Marcos no. Es más. El resultado, horrible, no empañó las cualidades por las que Simeone le usó como recurso: Marcos es físicamente un superdotado, demostró tener buen paso hacia adelante, va una velocidad - o dos- por delante de los compañeros, tiene buen disparo y además, sorprendió a todos por su capacidad para recibir de espaldas, girarse y pasar. Marcos tocó poco balón pero, cada vez que lo hizo, sumó.  

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

En Pamplona, con el partido ya decidido, Llorente volvió a entrar. Primero en la derecha como interior y después, como enganche. ¿Resultado? Un gol, dos asistencias y la permanente sensación de que, cada vez que recibía, pasaba algo. Los que se echaron unas risas a costa de Llorente ahora tragan saliva. Y los que volvieron a dudar de Simeone, poniendo en solfa su visión como entrenador y su intuición como gestor de grupos, volvieron a quedar justo como ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Llorente no es Zidane, ni es Van Basten, ni es la reencarnación de Puskas, es simplemente un jugador potente, convencido de sus posibilidades y al que inspira un espíritu de superación encomiable. Un tipo querido, por cierto, por el vestuario. Sólo hace falta ver cómo el grupo festeja con él, cómo le abraza, cómo le anima y cómo bromea con él. 

Aqu´se escribió después de Anfield, se repitió después de San Mamés y se vuelve a repetir después de Pamplona. Marcos Llorente no es un milagro, ni tampoco un recurso, ni siquiera es una medalla que pueda ponerse Simeone. Llorente es mucho más. Es un manual de primero de cholismo: no se preocupa de qué puede hacer el Atleti por él, sino de qué puede hacer él por el Atleti. Su verbo favorito es trabajar, porque como reza el cholismo, el esfuerzo no se negocia.

Rubén Uría

Otras historias