Fernando Alonso no puede haber esperado tantos años para esto

Fernando Alonso en el Gran Premio de Baréin. Foto de Hasan Bratic/DeFodi Images vía Getty Images.
Fernando Alonso en el Gran Premio de Baréin. Foto de Hasan Bratic/DeFodi Images vía Getty Images.

Obviamente, "El Plan" no era este. O no debería haber sido este. Aunque en la retransmisión televisiva se obvió el papelón de los Alpine y su bajo rendimiento, especialmente el de Fernando Alonso, que nunca tuvo el ritmo de carrera de su compañero, Esteban Ocon, esta primera toma de contacto con la realidad no puede haber sido más decepcionante. Bueno, Alonso podría haberse quedado sin puntos -cosa que habría sucedido sin las retiradas in extremis de Gasly, Pérez y Verstappen-, pero, un noveno puesto por delante de un montón de coches mediocres no es precisamente el principio soñado de temporada.

El asturiano ha declarado en numerosas ocasiones que llevaba años esperando este momento. El momento en el que la nueva reglamentación cambiara las tornas de la Fórmula Uno y diera una oportunidad a equipos más débiles pero mejor preparados. Como Alpine no ha tenido la presión de luchar en el día a día durante los últimos dos años, cosa que sí les pasaba a Mercedes y a Red Bull, se confiaba en que estuvieran tramando algo más allá de los mensajes enigmáticos en Twitter, que, efectivamente, hubiera algo parecido a un "plan" que colocara a los herederos de Renault entre los competidores, si no al título final, sí a los primeros puestos en cada carrera.

Nada más lejos de la realidad. La nueva reglamentación ha servido para ver una carrera planísima hasta la salida del Safety Car, sin más emoción que la serie de adelantamientos que se han intercambiado Leclerc y Verstappen en torno a la vuelta 17. Antes y después de eso, nada. Absolutamente nada. Ni adelantamientos, ni degradaciones asombrosas, ni tácticas revolucionarias... todos iban tan cerca unos de otros que un mal cambio de neumáticos podía suponer la pérdida de una posición, pero eso era todo. Dos Ferraris, dos Red Bulls y dos Mercedes. El resto, a un mundo, con, tal vez, la excepción de Magnussen.

Antonio Lobato nos avisaba a principios de carrera de la posible magia de Alonso en la salida, pero ni hubo magia ni hubo nada. De hecho, el asturiano llegó al Safety Car como el piloto con más posiciones perdidas -cuatro- respecto al puesto en la parrilla de salida. No hubo ni un solo momento, ni un juego de neumáticos -la apuesta por los duros le perjudicó... pero Hamilton también puso duros y acabó tercero- ni una situación de carrera en la que pudiéramos ver algo que nos ilusionara de Alonso, algo que no fuera exactamente lo mismo que el año pasado. Si en 2021, el Alpine estaba muy lejos de Red Bull y Mercedes; este año, parece estarlo también de Ferrari, eso es todo.

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En cualquier caso, y como un homenaje a la última carrera del año pasado, Alonso logró salvar los muebles y sumar dos puntitos gracias al caos de las últimas siete vueltas una vez el coche de Gasly prendió fuego y el Safety Car tuvo que salir a pista. Aquello se convirtió en una carrera exprés en la que el triunfo de Leclerc nunca peligró, pero la buena suerte que le sirvió a Red Bull para sumar el título en Abu Dhabi, se convirtió hoy en un desastre absoluto: ni Verstappen ni Pérez pudieron acabar la carrera sin accidente de por medio. De los tres coches retirados, dos fueron de la escudería austríaca. Muy mala señal de cara al futuro. Hay que trabajar en la fiabilidad.

Si no llega a ser por ese Safety Car y por esos problemas mecánicos, la carrera habría sido un tostón memorable. Probablemente, este haya sido el inicio de curso más esperado en muchísimo tiempo. No solo por "El Plan" de Alonso, sino porque ese "plan" tenía que ver con una supuesta revolución en la parrilla. Al final, ni revolución ni historias. Los motores Ferrari van de maravilla, pero Hamilton sigue sumando podios con su "feísimo" Mercedes (palabras de Verstappen) y el vigente campeón del mundo bien pudo haber aspirado a una victoria agónica de no haber fallado el coche in extremis.

En definitiva, gatillazo en Bahrein. No es tan grave porque quedan veintidós carreras y es complicado pensar que todo lo que se ha dicho, todo lo que se ha barajado, toda la expectación que se ha generado en torno a un "nuevo mundo" en las carreras de Fórmula Uno se vaya a ver reducido a esto: al paseo de coches uno tras otro, muy cerca pero sin poder pasarse, y gastando neumáticos a todo trapo. Carreras decididas por los cambios de ruedas y los errores ajenos. No, tiene que haber algo más. Estamos convencidos. Como no lo haya, y encima ni siquiera haya emoción en la lucha por el campeonato porque los Ferrari se muestren inaccesibles, la decepción será mayúscula.

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