El ocaso de Fernando Llorente: apartado del equipo y sancionado por saltarse los protocolos anti-covid

Luis Tejo
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Fernando Llorente con la camiseta de entrenamiento del Nápoles.
Fernando Llorente antes de un partido del Nápoles. Foto: Franco Romano/NurPhoto via Getty Images.

Actualmente, a cualquier aficionado al fútbol español al que se le nombre a Llorente, a secas, le vendrá a la mente en primer lugar la figura de Marcos, el centrocampista del Atlético de Madrid que, a las órdenes de Simeone, se ha convertido en uno de los más destacados del panorama actual. Pero hubo un tiempo, no muy lejano, en que la situación era muy distinta. Sin ser familia (que se sepa), el honor del apellido lo defendía con éxito Fernando Llorente.

El delantero, nacido en Navarra y criado en La Rioja pero surgido de la cantera del Athletic Club, era uno de los hombres de moda durante la segunda mitad de la década de 2000. Sus registros goleadores eran más que decentes, y la selección española contaba a menudo con él, hasta el punto de de que el Rey León formó parte de la convocatoria (aunque jugó poco) en las Rojas que se llevaron el título tanto en el Mundial de 2010 como en la Eurocopa de dos años después.

Con todo lo que ha sido, entristece ver su situación actual. El Nápoles, el equipo en el que tiene ficha, acaba de imponerle una multa de 60.000 euros. El motivo lo cuenta el sitio Calcio Napoli 1926, asociado a La Gazzetta dello Sport para cubrir la información de los blanquiazules: irse con unos amigos a jugar al pádel.

No es que en el seno del club estén preocupados por una posible lesión. A fin de cuentas, el atacante no entra en los planes del entrenador Gennaro Gattuso y en lo que va de temporada no ha disputado un solo minuto ni en la Serie A ni en Europa League (en Coppa Italia el equipo se incorporará a la competición en octavos de final, que se disputan en enero). El castigo tan ejemplar se debe a que el jugador ha violado las normas de seguridad por la pandemia de coronavirus, exponiéndose a contactos innecesarios sin adoptar las medidas de protección adecuadas.

Concretamente, según atestiguan unas fotos que el club se ha encargado rápidamente de eliminar, no estaba usando mascarilla, algo que va contra el protocolo que ha establecido el propio Nápoles. Los partenopeos se toman este asunto de forma especialmente rigurosa, primero por una cuestión de responsabilidad, y después porque ya han tenido problemas a lo largo de la temporada en este sentido. Sin ir más lejos, no se presentaron al partido que debía haberles enfrentado contra la Juventus el pasado 4 de octubre debido a que tenían varios infectados en la plantilla, lo que les supuso una derrota administrativa por 3-0.

Buffon y otros miembros de la Juventus junto a una de las puertas del estadio.
Jugadores y técnicos de la Juventus (de blanco, Gigi Buffon) en su estadio para jugar el partido contra el Nápoles que se suspendió por incomparecencia. Foto: Jonathan Moscrop/Getty Images.

La situación viene a confirmar el escaso futuro que tiene Llorente en el Nápoles, equipo al que había llegado el año pasado probablemente como el último gran destino de su carrera, pero donde nunca se consolidó como titular. El curso anterior, entre todas las competiciones, sumó 24 partidos, la gran mayoría de ellos saliendo desde el banquillo para dar descanso a sus compañeros, y apenas pudo marcar cuatro goles. Viene tiempo rumoreándose su probable salida, aunque los equipos que le pretenden no son ni mucho menos de primera línea: dentro de Italia se habla de escuadras de la parte baja de la tabla como la Sampdoria, la Fiorentina o el Benevento, mientras que en España se especula con equipos de perfil similar como el Eibar o el Elche.

En el fondo la decadencia era de esperar, toda vez que el futbolista ya ha cumplido los 35 años y está enfilando sus últimos años como profesional. Lo llamativo en este caso es que la caída de nivel puede empezar a situarse mucho antes. En 2013, siendo el líder indiscutible del Athletic, protagonizó una salida muy convulsa rumbo a la Juventus, que no tuvo que pagar nada para hacerse con sus servicios aprovechando que su contrato con los rojiblancos se terminaba ese verano. Su mala relación con el entrenador de entonces, el muy admirado Marcelo Bielsa, su negativa a renovar y el anuncio de su compromiso con los italianos cuando la temporada aún estaba a medias hicieron que la hinchada vasca le viera poco menos que como un traidor.

Los futbolistas Fernando Llorente y Gerard Piqué saltan para intentar llevarse un balón aéreo durante un partido.
Fernando Llorente (izquierda) lucha por el balón con Gerard Piqué durante la final de la Champions de 2015 que enfrentó a la Juventus con el Barcelona. Foto: VI Images via Getty Images.

De blanquinegro, en su primera temporada, cumplió las expectativas: 45 partidos entre todas las competiciones, 18 goles y un doblete. Pero a partir de la campaña 2014-15 todo se empezó a torcer. Ese curso su rendimiento cayó en picado, marcando la mitad de tantos en el mismo número de encuentros. Los blanquinegros rescindieron su contrato y se fue al Sevilla, donde tampoco tuvo demasiadas oportunidades, y las que tuvo no las supo aprovechar.

Así, en verano de 2016, con 31 años, cambió el glamour de las competiciones europeas por el Swansea, equipo modesto de la Premier League. Allí volvió a recuperar parte de su brillo: sus 15 goles, incluyendo cuatro en los últimos cinco partidos, fueron fundamentales para que los galeses salvaran la categoría a última hora. Otro pez gordo como el Tottenham pensó que era recuperable y pagó 12 millones de libras por él. Pero de nuevo resultó un fiasco: jamás pudo consolidarse y, aunque tuvo momentos de esplendor como la semifinal de la Champions League de 2019, los londinenses acabaron dándole la baja y permitiéndole llegar a Nápoles como agente libre.

Perdido todo su protagonismo, solo queda especular con dónde dará sus últimos días de fútbol. Al margen de todos los clubes que se vienen rumoreando, siempre está la posibilidad de su vuelta al Athletic; de hecho, este mismo verano estuvo a punto, pero la operación se anuló porque parte de la afición y algunos directivos aún le guardan rencor por las formas de irse hace ya casi ocho años. A Fernando no cabe duda de que le encantaría, porque todavía considera Bilbao como su casa... y porque desde que se marchó de allí todo le ha ido cuesta abajo.

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