Fernando Simón recuerda aquella vez que arriesgó su vida y una multa por amor

M. J. Arias
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El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, hace tiempo que se convirtió en una estrella mediática más allá de ser el ‘científico que da los datos sobre el coronavirus’. De ahí que ya no llame tanto la atención que le persigan fotógrafos durante sus vacaciones o que conceda entrevistas más allá de su campo de especialización para dar conocer un poco más al hombre detrás del científico. Primero fue su criticado paso por Planeta Calleja y ahora ha sido una charla a través de su canal el Facebook con los hermanos Pou.

Cuando ocurrió, Fernando Simón tenía unos 16 años y no recuerda en realidad el final de la anécdota. (Foto: Oscar J. Barroso / AFP7 / Getty Images)
Cuando ocurrió, Fernando Simón tenía unos 16 años y no recuerda en realidad el final de la anécdota. (Foto: Oscar J. Barroso / AFP7 / Getty Images)

Iker y Eneko Pou son escaladores y la tarde del jueves mantuvieron una conversación de más de hora y media de duración de la que previamente habían prometido que hablarían con “uno de los hombres del momento” sobre “su pasión por la escalada y el windsurf” y que, además, descubrirían “qué hay más allá de la faceta de epidemiólogo”. Y eso fue lo que hicieron. Hablaron de cosas serias e importantes como la pandemia y las medidas para frenarla, pero también de sus aficiones, de su familia, sus hijos… Un poco de todo.

En un momento dado y cuando Fernando Simón ya había reconocido ser alguien muy “enamoradizo” le lanzaron la pregunta de si alguna vez había cometido alguna locura por amor. Según confesó, tenía unas cuantas en el cajón de las anécdotas. Algunas de ellas referentes a su mujer María. Pero la que contó se remontó a sus años de adolescencia.

Según contó el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, la cometió cuando tenía unos 16 o 17 años. Entonces tenía una “novieta” que daba la casualidad de que era amiga de su vecina, una chica que vivía en el bloque de al lado, pero a la misma altura. La casa de la familia Simón es un sexto piso con la altura de un octavo.

La cosa es que un día la chica le llamó para decirle que ese día iba a dormir en casa de su amiga. Así que pusieron de acuerdo para verse en el balcón o terraza y estuvieron hablado de sus cosas un buen rato. Entonces, llegó un punto en el que al joven Simón le dieron ganas de “ir a darle un beso” y no se lo pensó mucho. O eso parece por lo que pasó después.

Se encaramó en lo alto de la terraza e intentó llegar hasta donde estaba su novia. “No recuerdo ahora mismo si llegué para darle el beso o me volví antes de tiempo”, confiesa. Pero sí se acuerda de la altura y de que iba en “zapatillas de esta por casa”, como ha recogido la Cadena Cope.

Beso no ha quedado claro si hubo o no hubo, pero que se arriesgo doblemente por intentarlo sí quedo claro. Porque por un lado estaba el tema de la altura de ocho pisos de caída. Por otro, lo que podría haber ocurrido si le pilla un policía cometiendo tal temeridad. “Si me llega a ver un guardia me pone una multa”, comentó en directo.