El ciclismo ya tiene su primer "nuevo Induráin" en veinticinco años

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ETNA-LINGUAGLOSSA, ITALY - OCTOBER 05: Filippo Ganna of Italy and Team INEOS Grenadiers Pink Leader Jersey / Geraint Thomas of The United Kingdom and Team INEOS Grenadiers / during the 103rd Giro d'Italia 2020, Stage Three a 150km stage from Enna to Etna-Linguaglossa Piano Provenzana 1793m / @girodiitalia / #Giro / on October 05, 2020 in Linguaglossa, Italy. (Photo by Tim de Waele/Getty Images)
Photo by Tim de Waele/Getty Images

De la profundidad de armario de las nuevas generaciones del ciclismo actual venimos avisando desde hace mucho tiempo. Los Pogacar, Evenepoel, Higuita, Bernal, Hirschi y compañía han asaltado el palacio de invierno sin miramientos. No son promesas de futuro sino realidades, dominadores ya del circuito, cada uno en su campo: sin haber cumplido 24 años ninguno de ellos, se han repartido clásicas, victorias de etapa y grandes vueltas. Si les sumamos a Wout Van Aert, que tiene aún 26, una edad a la que no hace tanto apenas se era un proyecto por construir, reunimos prácticamente todo el palmarés de esta temporada express. Nos faltarían Alaphilippe y Roglic.

A ese elenco impresionante de nombres se han unido en las últimas semanas los del portugués Joao Almeida, líder del Giro a sus 22 años, y sobre todo el del fenómeno italiano Filippo Ganna, doble ganador de etapa a los 24. La irrupción de Ganna se veía venir pero no hasta este punto. No hace ni dos semanas que se coronó campeón del mundo contrarreloj arrasando a los Van Aert, Thomas, Dumoulin, Dennis y compañía. Poco antes, se había paseado en la última crono de la Tirreno Adriático y empezó este Giro con una victoria insultante, superando al segundo clasificado (el mencionado Almeida) por 22 segundos en tan solo 15 kilómetros.

El pedigrí de contrarrelojista de Ganna ya venía avalado por dos campeonatos de Italia en la especialidad y varios puestos de honor en distintas carreras de élite. Lo que no sabíamos era que podía hacer mucho más. Es cierto que ya dio muestras de su versatilidad en la Vuelta de San Juan, cuando solo un Evenepoel en estado de gracia pudo superarle, pero lo de este Giro está siendo de escándalo: Ganna no solo ganó la primera crono sino que se impuso en la etapa de media montaña de Camigliatello Silano dando una auténtica exhibición: estuvo con los de la fuga, se escapó de todos ellos y mantuvo la diferencia con un pelotón hambriento que nunca pudo acercarse a menos de medio minuto.

El rodar de Ganna es eléctrico. Una sensación de constante vértigo. Mientras a todas las nuevas estrellas les cuelgan el apodo de “el nuevo Merckx”, a Ganna le han bautizado como “el nuevo Induráin”. Eso son palabras mayores. La peculiaridad de Induráin, al que aún 25 años después de su último Tour cuesta catalogar, ha hecho que en estos cinco lustros de ciclismo nadie haya recibido la etiqueta de heredero. Tan solo Abraham Olano, aún a mediados de los 90, y la sombra le pesó tanto que una carrera excelente en términos deportivos acabó arruinada por las expectativas mediáticas. No le valió ni un Mundial y una Vuelta, más un par de podios en el Giro, para evitar una injusta reputación de perdedor.

¿En qué se parecen Induráin y Ganna? Bueno, de momento, en su capacidad contra el crono y en su enorme altura. De hecho, Ganna, que roza el 1,95 es incluso más alto que Miguel, aunque parezca menos corpulento. Con esas piernas tan largas, no necesita levantarse de la bici para atacar: le basta con poner su ritmo para ir descolgando a todos los demás, generando una cantidad brutal de vatios. En eso también tiene el porte imperial del mejor Induráin, esa sensación de que es la gravedad la que va arrastrando a sus rivales de vuelta a la base de la montaña mientras él sigue impertérrito su camino. A todo esto, hay que sumar un nuevo parecido, menos glamouroso: sabe ser un gregario, como lo supo Miguel durante tantas temporadas. Incluso con la “maglia rosa” a los hombros, dejó de lado cualquier pretensión en la general para ayudar a su compañero Geraint Thomas después de la caída de este camino del Etna.

Con todo, quizá esa caída y esa decisión de equipo le beneficien a medio plazo. Puede que Ganna sea un competidor feroz en el futuro pero ahora mismo es poco probable que vaya a llevarse la general de un Giro de Italia. Suficientemente distanciado en la clasificación, con una potencia única, y libertad absoluta dentro de un equipo sin mas aspiraciones, Ganna puede filtrarse en cuantas escapadas quiera y competir por un buen número de etapas aprovechando que este Giro no hay quien lo controle. Hay veces que, sí, recuerda a Miguel Induráin por su porte y su cadencia, pero en otras se le puede confundir con el efímero Freddy Maertens, el primer Merckx después de Merckx, el caníbal que se llevó 13 etapas en la Vuelta a España de 1977, incluyendo sprints, contrarrelojes y montañas.

En efecto, hay un aire de campeón en Ganna y es un aire distinto del de sus compañeros de generación. Nos hacía falta un perfil así. Ganna no tiene nada que ver con Bernal ni con Pogacar, estilizados al máximo y ágiles sobre la bicicleta. No se parece a Van Aert, furioso en el demarraje. No es Evenepoel, cuya versatilidad le diferencia del resto. Hay en Ganna un punto calculador y eficiente. El máximo daño en el mínimo tiempo posible. Saber quién eres y lo que puedes y no puedes hacer. Como Miguel. ¿Eso da para ganar cinco Tours de Francia? Pues no parece, menos aún en esta época. ¿Da para hacer soñar a unos cuantos cuarentones con sus viejos ídolos? Sí. Y, en el camino, asombrar a medio mundo y construir un palmarés envidiable.

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