El corazón partido de Florentino Pérez: elegir entre Zidane y los Odegaards

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SAN SEBASTIAN, SPAIN - SEPTEMBER 20: Zinedine Zidane head Coach and Martin Odegaard of Real Madrid salutes during the La Liga Santander match between Real Sociedad and Real Madrid at Estadio Anoeta on September 20, 2020 in San Sebastian, Spain. (Photo by Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images)
Photo by Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images

Cada generación tiene su recuerdo y todo pasa tan rápido que la lucha contra el olvido no permite tregua. Hay muchísima gente que solo ve Zidane como el entrenador del Real Madrid que ha ganado tres Champions y dos ligas en los últimos cinco años. Hay, también, quien recuerda lo que significó en 2001 su fichaje como jugador. La obra de arte del primer florentinismo, con la que el presidente blanco se consagró definitivamente después de haber ganado esa misma temporada la liga tras quitarle a Luis Figo al Barcelona. El fichaje de Zidane tenía el atractivo de lo imposible: el francés venía de ganar el Mundial y la Eurocopa con su país y de perder dos finales de la Champions con la Juventus, una de ellas frente al Madrid en Amsterdam. Era, con diferencia, el mejor jugador de la época, al menos en lo que se recuperaba Ronaldo Nazario de su enésima lesión en la rodilla.

Aquel fichaje imposible, valorado en más de 10.000 millones de pesetas, una auténtica barbaridad por entonces, consagró a Zidane como el ojito derecho del presidente. Zidane era elegancia, era eficacia y era carácter, demasiado carácter en ocasiones. Zidane, sin duda, “había nacido para jugar al Real Madrid”, ese Real Madrid que Florentino recordaba de su adolescencia en los años 50 y 60, cuando se enamoró perdidamente de su equipo. El fichaje de Zidane era la historia de la servilleta de marras repetida una y mil veces, la imagen de Pérez como el gestor perfecto, irrechazable. La volea que le dio al Real Madrid la Champions de 2002, única para Florentino hasta el cabezazo de Ramos en 2014, fue el momento cumbre de su primer mandato. A partir de la liga del año siguiente, todo se torció.

Explico esto para que quede claro que cuando se habla alegremente en la prensa de “despedir a Zidane” se obvia que Zidane es alguien especial para el que tiene que despedirle. No ya como entrenador y no solo por su extenso palmarés. Es, hasta cierto punto, su criatura. Pagó lo que nadie había pagado nunca por el jugador y le dio una oportunidad como entrenador que nadie creía que el francés mereciera. Fue Zidane el encargado de gestionar los años que le quedaban a Cristiano Ronaldo, a Benzema, a Ramos, a Modric... a toda la generación de oro que se aproximaba o superaba los 30 años. Y lo hizo, ya digo, con poco que reprocharle. Si en el Real Madrid, “el modelo es ganar”, como dijo el propio Florentino en la presentación de Mourinho, allá por 2010, Zidane ha llevado el modelo al extremo: Champions en 2016, liga y Champions en 2017 (primer doblete en 50 años) y de nuevo Champions en 2018. Después, cuando el equipo parecía que hacía aguas después de apostar por Lopetegui y Solari, una nueva liga en 2020.

Todo esto sin un fichaje de relumbrón. El equipo que fue “de Zidanes y Pavones” y que pasó a ser cualquier otra cosa, se ha convertido en los últimos años en una colección de veteranos y noveles con resultados muy dispares: los veteranos siguen cumpliendo, aunque dentro de sus ya limitadas posibilidades. De los noveles sabemos muy poco, la verdad. Y lo que hemos visto cuando se les ha dado la responsabilidad, no vuelve loco a nadie. Ahora bien, tras el empacho de Champions, esa era la apuesta de Florentino y supongo que algo se debe desgarrar en su interior cuando ve que no acaba de carburar... y que el responsable de ese parón es precisamente el hombre al que siempre se vinculará su presidencia junto a Cristiano Ronaldo.

Porque lo que parece claro es que ha llegado el momento de decidirse. Apostar por Zidane o apostar por el modelo de jóvenes que formar. En tiempos en los que los jeques pueden comprar prácticamente lo que quieran y la pandemia amenaza con poner en jaque mate económico al mundo del deporte, Florentino apostó por ahorrar y construir, que siempre ha sido lo suyo. Reformar por fin el Bernabéu y buscar pequeñas joyas que puedan competir en unos años con los más grandes de Europa. Desde la llegada de Zidane al banquillo, el único gran fichaje ha sido el de Eden Hazard, pero Hazard ya tiene 30 años y a su pésima forma física desde su llegada hay que unirle una enorme mala suerte con las lesiones.

Tal vez, el belga hubiera sido un buen eslabón intermedio como lo fue Cristiano en su momento, pero no ha podido ser. De esta manera, Zidane tiene que elegir sistemáticamente entre su columna vertebral Courtois-Ramos-Casemiro-Modric-Kroos-Benzema o dar el salto de ir metiendo a los Lunin-Militao-Valverde-Odegaard-Rodrygo-Vinicius. Sospecho que a Florentino le gustaría lo segundo porque lo primero es pan para hoy y hambre para mañana. Ni está claro que con la vieja guardia el Madrid sea competitivo en Europa ni se sabe qué va a pasar conforme se vayan retirando o marchando del club en busca de últimos contratos más jugosos. Esa ausencia de término medio es lo que está poniendo de los nervios al club y a sus aficionados: cuando la cosa se complica y quedan huecos en el once, ¿a quién recurre Zidane? A Lucas Vázquez y a Marco Asensio. Si hubiera aún otro sitio libre, pondría a Isco.

El Madrid tiene un plan que consiste en salirse de su zona de comfort -fichar por 200 millones lo que haya en el mercado y que alguien lo gestione desde el banquillo, lo típico en todos los grandes- y a la vez tiene un entrenador que se niega a ello. Un entrenador que le da al, posiblemente, mejor centrocampista de la pasada temporada hasta la irrupción de la Covid 19, 232 minutos en cuatro meses de competición. Así, hasta que el chico se va cedido, claro. Otra vez. Y ya van tres veces. Es momento de elegir y convendría mandar un mensaje claro: o se opta por Zidane y su posibilismo o se opta por las jóvenes estrellas, se repesca a los Kubo y compañía y se hace del Madrid un equipo joven, eléctrico, ilusionante, distinto. Ambas opciones pueden salir bien o mal, pero hay que decidirse. El amor de antes o el amor que llega nuevo y no puede frenarse. No es fácil, pero el futuro a corto plazo del Madrid depende de ello.

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