Lola Flores o Rocío Jurado: el fútbol femenino en tiempos de Franco que deja en evidencia al actual

Borja González
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La cantante Lola Flores se dispone a a tirar el balón seguida de su hermana Carmen, durante el comienzo del partido de fútbol entre los equipos, uno de artistas "folklóricas" y otro de artistas "finolis" a favor de la Campaña de Navidad en el campo del Rayo, en una imagen de 1971. EFE/Archivo
La cantante Lola Flores se dispone a a tirar el balón seguida de su hermana Carmen, durante el comienzo del partido de fútbol entre los equipos, uno de artistas "folklóricas" y otro de artistas "finolis" a favor de la Campaña de Navidad en el campo del Rayo, en una imagen de 1971. EFE/Archivo

Durante la dictadura franquista, el fútbol, así como otros deportes como el atletismo, no estaban bien vistos siempre y cuando fuese una mujer la que los practicase. La razón: masculinizaban la figura femenina. Dicho esto, resulta más deprimente aún que figuras como Lola Flores o Marujita Díaz cobrasen más por jugar un partido de fútbol benéfico, que más bien parecía un circo con ojos ansiosos por verlas vestidas de corto, de lo que cobran actualmente la inmensa mayoría de las futbolistas profesionales de la Liga Iberdrola al mes.

El partido, organizado con la misión de recaudar fondos para las guarderías del Patronato de Nuestra Señora del Socorro, enfrentó a las ‘Folclóricas’ contra las ‘Finolis’. Se jugó en 1971 en el antiguo campo del Rayo Vallecano, anterior al Nuevo Estadio de Vallecas.

Las ‘Folclóricas’ lucieron la equipación del Betis, mientras que las ‘Finolis’, paradójicamente, defendieron la chamarra del Rayo Vallecano. Las primeras contaron con figuras como Lola Flores, capitana del equipo, Rocío Jurado, Carmen Flores, ‘La Polaca’, Marujita Díaz, Gracia Montes, Rosa Morena y Conchita Bautista. Las segundas estuvieron representadas por ilustres de aquella época como Encarnita Polo, Mara Lasso, Gisia Paradís, Luciana Wolf...

De árbitros hicieron Junior, el cantante, y el actor Juan Luis Galiardo. También había un masajista, pero no vayan a pensar que era profesional. Ese rol lo hizo el también actor Manolo Gómez Bur.

El encuentro lo organizó el entonces presidente del Rayo, Pedro Ruiz. Fue todo un éxito y, como no podía ser de otra forma, las gradas se llenaron para disfrutar de un espectáculo que ridiculizaba más aún, si es que era posible, la figura femenina en el deporte.

La que más disfrutó y la que se veía más en su salsa fue Lola Flores. ‘La Faraona’ vivió siempre muy apegada al mundo del balón. De hecho, salió con un par de futbolistas a lo largo de su vida y, además, su cuñado era Isidro Sánchez, jugador del Real Madrid y padre de Quique Sánchez Flores.

A pesar de todo esto, lo realmente llamativo del partido es que cada una de las participantes cobró 20.000 de las antiguas pesetas, un pastizal, a pesar de que el partido era benéfico. Merece la pena poner énfasis repitiéndolo: ¡cada una cobró 20.000 pesetas! Y eso sin ser futbolistas profesionales, claro.

Esa cantidad de dinero, al cambio, son 120 euros. Pero para hacerse una idea mejor del pago millonario que recibieron lo mejor sería atender al Salario Mínimo Interprofesional que, en ese año de 1971, en España era de unas 3.600 pesetas mensuales, casi 22 euros. Una miseria. Por tanto, tanto las ‘Folclóricas’ como las ‘Finolis’ se llenaron los bolsillos con algo que ni siquiera habían practicado antes.

La gravedad del asunto no sólo radica en que ese pago fuese un insulto a todos los trabajadores españoles de la época, sino en que sigue siendo más de lo que perciben al mes las jugadoras profesionales de la Liga Iberdrola, primera división del fútbol femenino de nuestro país.

Con la inflación de hoy, esas 20.000 pesetas serían 2.446 euros. Ni en sus mejores sueños, las jugadoras que, entre otras muchas cosas han llevado a España al primer Mundial de su historia, podrían imaginarse cobrar tal cantidad por cada partido. Y eso que hablamos de las estrellas de la liga. La otra gran mayoría no son todavía ni mileuristas, cosa que cambiará con el convenio colectivo que asegura un salario mínimo obligatorio de 16.000 euros y que ha costado sudor y lágrimas negociar. Cifra que todavía se antoja ridícula en comparación con los salarios que se manejan en el fútbol masculino.

Sin más rodeos, tanto Lola Flores como Rocío Jurado han cobrado más por un partido que lo que han percibido jugadoras de élite anualmente durante toda su carrera. Esto deja una conclusión muy clara: el franquismo no quería que las mujeres jugasen al fútbol, pero viendo lo que se les pagó a unas que no habían visto un balón en su vida y lo que cobran ahora las que de verdad se dedican a ello, 50 años después de ese circo, parece que la cosa no ha cambiado mucho.

Es para sentir verdadera vergüenza.

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