Detener la economía, el único camino para combatir el coronavirus

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Mientras el nuevo coronavirus sacude la economía, la Reserva Federal ha disparado su bazuca reduciendo las tasas de interés a corto plazo casi a cero y promulgando otras medidas de estímulo adoptadas por primera vez durante la Gran Recesión en 2008. Aunque quizá no sea suficiente.

El shock médico y económico causado por el coronavirus ha provocado una cascada de acontecimientos: cierre de escuelas, interrupciones de viajes, cancelaciones de eventos y cierres de oficinas. Apple (AAPL), Nike (NKE), Under Armour (UA) y otros minoristas están cerrando todas o la mayoría de sus tiendas y otros seguirán sus pasos. Los distritos escolares están cerrando en todas partes. Los aeropuertos son un desastre, los pasajeros que llegan desde el extranjero están hacinados durante horas en colas serpenteantes que podrían ser perfectas para expandir la enfermedad. ¿Por qué simplemente no frenamos todo el país?

El argumento en contra de esta medida puede tener sentido. Dado que el coronavirus no se ha propagado por doquier, por qué ciudades más pequeñas tendrían que inocularse la locura de la economía global, como Seattle y la ciudad de Nueva York. ¿No podemos cerrar los lugares más susceptibles a la enfermedad y dejar en paz a todos los demás? ¿Por qué imponer daños económicos a las empresas que podrían no verse afectadas por el virus?

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La mejor manera de “aplanar la curva”

<em>Carteles de cierre temporal en una tienda en el distrito de Manhattan después del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 15 de marzo de 2020. REUTERS/Jeenah Moon - RC2JKF90MMG7</em>
Carteles de cierre temporal en una tienda en el distrito de Manhattan después del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 15 de marzo de 2020. REUTERS/Jeenah Moon - RC2JKF90MMG7

Pero es probable que el argumento a favor de frenar toda la economía estadounidense durante dos semanas, o más si es necesario, sea más fuerte. El gobierno federal podría tomar medidas para cerrar negocios no esenciales mientras realiza pruebas para determinar si el virus se está intensificando drásticamente. Washington no puede evitar que todos los estadounidenses abandonen sus hogares, pero la mayoría de los dueños de negocios cumplirían con esta medida. Las personas se mezclarían menos, lo cual reduciría la tasa de infección de un virus que se propaga de manera exponencial y sin barreras. Podría ser la mejor estrategia para “aplanar la curva” y ganar cierta ventaja contra el malévolo virus.

El analista Ed Mills de Raymond James plantea cuatro escenarios posibles a partir de este punto, incluida una situación en la que “detengamos todo” y en la cual todas las empresas que pueden cerrar durante dos semanas, lo hagan. Si eso sucede, Mills piensa que el número total de infecciones en Estados Unidos se mantendrá por debajo de los 500 000, con un cambio a fines de abril. El daño económico sería sustancial, pero esta medida podría ser una fuerza abrumadora que derrote el virus con relativa rapidez. El Congreso podría reparar parte del daño económico a través de programas de estímulo fiscal.

Siguiendo los otros tres escenarios que perfiló Raymond James, Washington continúa adoptando un enfoque gradual. En ese caso se producirían más infecciones y muertes, que persistirían durante la primavera, el verano o el otoño, dependiendo de la agresividad de la acción del gobierno. Hoy los consumidores siguen confundidos y muchas personas no se están tomando en serio el virus, ya que parece que el gobierno no considera que sea un gran problema.

<em>Viajeros llegando a la terminal internacional del Aeropuerto O'Hare en Chicago, Illinois, el 15 de marzo de 2020. (Foto de KAMIL KRZACZYNSKI/AFP) (Foto de KAMIL KRZACZYNSKI/AFP vía Getty Images)</em>
Viajeros llegando a la terminal internacional del Aeropuerto O'Hare en Chicago, Illinois, el 15 de marzo de 2020. (Foto de KAMIL KRZACZYNSKI/AFP) (Foto de KAMIL KRZACZYNSKI/AFP vía Getty Images)

En teoría, es probable que muchos estadounidenses estén a favor de una guerra total relativamente corta en vez de meterse en un conflicto prolongado que, en última instancia, tendría un costo general más alto. Es la guerra de 42 días del Golfo Pérsico de 1991 en comparación con la Guerra de Vietnam de más de una década de los años 1960 y 1970. Excepto cerrar todos los negocios no esenciales en Estados Unidos, esta medida demandaría un presidente valiente dispuesto a lidiar con las amargas críticas de los grupos de presión que sienten que están perjudicando sus intereses innecesariamente para combatir un virus del que algunos estadounidenses nunca verán ninguna evidencia tangible.

¿El presidente Trump tiene las agallas? Su respuesta inicial al virus fue minimizarlo e insistir en que desaparecería en poco tiempo. Se equivocaba. Ahora tiene la oportunidad de rectificarse con una acción audaz. Al igual que todos los líderes que deben lidiar con una crisis, Trump enfurecerá a alguien, ya sean aquellos que piensan que está haciendo muy poco o quienes insisten en que está haciendo demasiado. Sin embargo, tiene poco tiempo para actuar antes de que la única respuesta posible sea que está haciendo muy poco.

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Rick Newman

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