De Jong, desencadenado

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De Jong brilló en su visita al Villamarín. Foto: Fran Santiago/Quality Sport Images/Getty Images.
De Jong brilló en su visita al Villamarín. Foto: Fran Santiago/Quality Sport Images/Getty Images.

El Barça eligió la noche de los Oscars para vestirse de gala. Al igual que Joaquin Phoenix, que ha declarado varias veces que tiene un solo smoking y lo va llevando a la tintorería para cada ceremonia de entrega de premios, Setién tuvo a punto su mejor traje para , no solo la primera victoria del Barça fuera de casa en mucho tiempo sino el regreso al que fue su campo durante un par de temporadas.

Si alguien sabe algo de galas, ese es Leo Messi. Ha estado en todas y ayer volvió a demostrar por qué: no solo hizo de jugón, no solo fue una pesadilla para la defensa del Betis sino que empezó a ordenar a sus compañeros. Ojo con la dualidad semántica del verbo: no nos referimos a dar órdenes - que también- sino a colocar posicionalmente a los jugadores como si fueran fichas en un tablero. Messi, corrigiendo posiciones de futbolistas de su equipo y situándolos según el mapa del partido que tenía en la cabeza, demostró ayer que hablamos mucho de Xavi pero que cuando él quiera también será un magnífico entrenador.

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Esperemos que sea de aquí a mucho tiempo.

Uno de esos compañeros que ayer brilló con luz propia fue Frenkie De Jong. En estas líneas hemos destacado siempre su calidad, su condición de faro en la oscuridad del juego del Barça de Valverde durante algunos meses. Aún así, todos le reclamábamos un paso adelante. Nuevamente haremos una puntualización semántica: no se trata de un paso figurado sino literal, físico. Un paso que le llevara unos metros más cerca del área rival. Vaya si lo dio. Su gol fue poesía en movimiento y su combinación con Leo Messi dispara la imaginación del culé, que ayer durmió viéndolos a ambos en el techo de su habitación con pétalos de rosas cayendo por doquier a su alrededor.

Una sociedad de película. Foto: REUTERS/Marcelo del Pozo
Una sociedad de película. Foto: REUTERS/Marcelo del Pozo

De Jong, como el oscarizado Django de hace algunos años, estaba siendo un esclavo. Tal vez de otro planteamiento táctico menos atrevido o tal vez de sí mismo, ahora ya da igual. Lo único que importa es que ayer se desencadenó. Rompió sus cadenas esperemos que para siempre. No es difícil imaginar a Setién haciendo por el holandés lo que el personaje de Christophe Waltz hacía por el de Jamie Foxx en la película: enseñarle el oficio y el camino hacia la libertad.

Aquí la D no es muda pero las defensas rivales sí. El Betis puede dar fe de ello. Dicho esto, igual que el camino del joven Django al rescate de su Broomhilda estaba lleno de altibajos, el juego del equipo azulgrana tampoco estuvo exento de ellos.

El partido del Barça no fue perfecto, tuvo muchos defectos. La mayoría de ellos tienen que ver con las carencias de Umtiti, Lenglet y compañía, esas que tapa casi cada semana Gerard Piqué. No ayudaron tampoco Junior ni Sergi Roberto, por no hablar de la sangría de pérdidas de balón que originó Arturo Vidal en la medular, quien hasta le dio un pase en profundidad a Fekir.  Pero mientras el Barça pueda tener el esférico, mientras pueda defenderse con él, mientras Messi y De Jong se encuentren; todo irá bien para el culé.

El mensaje del Villamarín es claro. Hay un nuevo pistolero en la ciudad. Ayer se vistió de gala por primera vez este año… ¿Llegará a tiempo de derrotar a sus rivales y completar su misión?

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