Fukushima se llena de vida salvaje alejada de la mano del ser humano

Fukushima se llena de vida salvaje alejada de la mano del ser humano
Fukushima se llena de vida salvaje alejada de la mano del ser humano

Hace ya casi diez años del accidente en la central nuclear de Fukushima. Y aunque los efectos de este evento aún se sufren, la naturaleza siempre consigue sorprendernos: la fauna salvaje ha crecido, y de manera notable, en las zonas donde hay contaminación radioactiva. Pero que nadie piense en animales mutantes: se trata de jabalíes, zorros, mapaches…

Los datos que se recogen en el artículo resultan curiosos porque parece un contrasentido. Por una parte, es lógico que la fauna se refugie en lugares donde el ser humano ya no está presente. Pero, por otra, se trata de zonas con altos niveles de radiación, que es el motivo por el que se sacó de ahí a las personas.

Y no es que los animales lleven un contador Geiger o tengan superpoderes para medir la radiación. Los efectos de la contaminación radioactiva se notan en el ecosistema: algunas especies vegetales no son capaces de germinar, otras crecen más de lo habitual… Y no ocurre únicamente con la flora, claro.

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Entonces, ¿es normal que las poblaciones animales migren a esta zona, o no? Realmente, no es la respuesta que pretende dar el artículo. En lo que se han centrado los investigadores es en recoger información de la fauna – mediante cámaras de fototrampeo – y analizar el comportamiento de las poblaciones.

Y aquí se ven cosas curiosas. La mayoría de las poblaciones se comportan como uno esperaría que lo hiciesen: los faisanes, que son animales diurnos de manera natural, son más activos durante el día; los mapaches medran durante la noche como es su hábito…

Pero algunos casos son particulares. El ejemplo más claro es el de los jabalíes. En la zona de exclusión se mantienen activos durante el día, mientras que en las regiones que comparten con el ser humano se comportan como animales nocturnos. Vivir en la zona de exclusión les permite volver a sus costumbres preferidas, demostrando el efecto del ser humano sobre ellos.

Al menos, gracias a este tipo de estudios, el desastre de Fukushima está teniendo algún componente positivo.

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