Cuando las ganas de James le juegan en contra

El colombiano alarga la maldición del ‘10’ en el Real Madrid y se va del equipo blanco con grandes estadísticas pero poca gloria.

La secuencia que describe con perfección la situación de James Rodríguez en el Real Madrid ocurrió en el segundo tiempo. El balón lo estaba por recibir Cristiano Ronaldo por el sector izquierdo, listo para enfrentar a Toni Lato. El colombiano llegaba desde un poco más atrás, a una velocidad descomunal. Corría tan rápido que, en un momento, llegó a toparse con la pelota. Y se la llevó. Entonces, el 10 ganó la posición, pero su compañero quedó atrás, lejos de la jugada. Al final, la perdió.



En el partido ante el Valencia, James tuvo un comienzo bastante flojo, con pases arriesgados e imprecisos. Luego, levantó el rendimiento, especialmente cuando entró en contacto con el balón y cedió varios buenos pases. Luego de esa faceta de distribuidor, se pasó a la de corredor. De hecho, recuperó cinco balones, casi a la altura de Sergio Ramos o Modric, los que encabezan la lista. Y tuvo tres entradas, sólo una menos que Casemiro.

Al colombiano se lo vio demasiadas veces en el piso, pretendiendo presionar, recuperar, hacerse del balón lo antes posible. Por esas secuencias, James perdió parte de su esencia. Su toque se vio perdido entre la necesidad de decir 'aquí estoy'. Su pegada se nubló en la excitación. Su sello distintivo quedó de lado por una manera desesperada de entender el juego, todo lo contrario a su filosofía, la única que forma de volver a ser el 10 que él quiere ser. 

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