El Green Friday, ¿una alternativa suficientemente sostenible al Black Friday?

Madrid, 25 nov (EFE).- La campaña ecológica mundial Green Friday (Viernes Verde) surgió como alternativa sostenible al Black Friday (Viernes Negro) pero amenaza con evolucionar hacia una "estrategia confusa" que no ayuda a la sostenibilidad, han advertido a EFE varios especialistas del sector.

"Debería primar un consumo menor y de más calidad de productos que verdaderamente se necesiten”, ha explicado Paloma García, directora de la empresa de moda orgánica The Circular Project, ya que "anclarse en ese tipo de 'marketing' sea 'green' o 'black' no facilita la transición hacia el consumo de bajo impacto" y, aún más, induce a "compras innecesarias utilizando la estrategia del precio y las ofertas".

La iniciativa Green Friday fue impulsada por la Comisión Europea con el apoyo de organizaciones ecologistas como Ecodes, WWF y Ecoserveis y llegó a España en 2015 "con el objetivo de mitigar el modelo actual de compra compulsiva y concienciar sobre un consumo responsable y el impacto de los productos", según Luis Suárez, coordinador de conservación de WWF.

Sin embargo, García considera que el consumo responsable no debe ser la única solución al impacto de la industria textil, sino que hay incluir la relocalización de las empresas, el apoyo "sin fisuras" desde la administración pública a la producción local y "precios justos" que valoren "el trabajo que hay detrás de la calidad".

Brendan James, coordinador de mercadotecnia de la firma sostenible Ecoalf, añade que "el consumo responsable no sólo significa comprar camisetas de algodón orgánico, sino invertir en prendas de calidad, atemporales y hechas con materiales reciclados".

James recuerda que, desde 1996, la cantidad de ropa comprada en la UE ha aumentado un 40 % por persona y que las prendas de moda rápida, confeccionadas con una calidad tan baja que "impide reciclarlas" al final de su vida útil, se usan "menos de 5 veces, una media de 35 días, antes de desecharlas".

Otra voz discordante con la estrategia del Green Friday es la de la directora y fundadora de la plataforma Slow Fashion Next, Gema Gómez, porque "de lo que se trata es de impulsar un consumo basado en lo que realmente se necesita, regalando cosas o experiencias que no afecten de manera negativa al entorno".

El problema radica en "la sobreproducción de la industria", basada en la obsolescencia: "La programada, que tiene que ver con la baja calidad de las prendas que compramos, y la percibida, relacionada con las modas".

Gómez apuesta por reducir la cantidad de agua y plástico utilizados, así como alternativas a los químicos tóxicos, como "los 580 gramos de sustancias tóxicas que se necesitan para producir 1 kilo de poliéster o los 2.700 litros de agua para una camiseta de algodón".

Por ello plantea la necesidad de "marcas o iniciativas emprendedoras que empiecen a utilizar materias regenerativas, cuya producción y consumo favorezcan la biodiversidad y capturen o secuestren CO2 de la atmósfera".

Entre ellas figuran los proyectos de la artista Paula Ulargui, quien busca "una conexión entre lo humano y lo vegetal" y fabrica prendas a partir de materia orgánica viva y materiales biodegradables, además de "una paleta de tejidos basados en gelatina, agua, glicerina o agar".

Ulargui estudió y descubrió cómo hacer crecer plantas dentro de los tejidos buscando semillas y nuevos modos de cultivo que pudieran teñir las prendas. "Como creadores -dice-, debemos entender qué uso se puede hacer de cada material y qué impacto puede tener".

Otra iniciativa es la de Planeta Dots, cuyas creadoras defienden que "no hay nada más sostenible que lo que ya existe" y, por ello, recuperan residuos textiles o tejidos en desuso de incineradoras, basureros o incluso de donaciones textiles de los habitantes de su entorno "para alargar su vida útil".

Noemí Romero Vera

(c) Agencia EFE