Griezmann habla más donde menos debe: el fallo clamoroso que no se permite en la mesa de Messi y Cristiano

Miguel A. Sánchez
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Antoine Griezmann ha completado hoy, cuatro de noviembre de 2020, el peor partido de su carrera. Esta es una declaración completamente objetiva. El futbolista no ha participado en el juego del Barcelona y, para una oportunidad que se ha encontrado, la ha desperdiciado.

Recibió solo en el vértice del área pequeña, pero no acertó al enviar el balón al fondo de las mallas. Golpeó en el lateral de la red. Fue lo único que hizo en todo el encuentro. No parece que haya opción de cambio, por lo que su etapa con la elástica blaugrana debe terminar cuanto antes.

Contra Dinamo de Kiev lo del francés sobrepasó el límite. En su día dijo que ya comía en la mesa de Messi y Cristiano Ronaldo, pero en esa mesa no se cometen fallos de este calibre. Era más fácil meterlo que fallarlo.

Todo empezó mal. Antoine Griezmann montó un paripé con un documental que dolió en el Camp Nou y en el Atlético de Madrid. El francés decidió quedarse para seguir con el coqueteo y marcharse un año después. Nunca fue aceptado. Muchos barcelonistas se sintieron humillados ante el rechazo televisivo de la campaña anterior y ya no estaban seguros de quererle como compañero.

Las relaciones fuera del vestuario afectan en el terreno de juego. Griezmann no estaba bien y sus compañeros no le ayudaban, apenas le pasaban el balón. La mano izquierda de Valverde consiguió integrarle algo, pero la llegada de Setién lo dilapidó. Después, con Koeman, ya ha sido el acabose.

Esta temporada no será para el recuerdo de ‘Le Petit Prince’. El galo manda mensajes desde la selección, el único lugar que le apoyan, y se esconde sobre el verde. Los compañeros no leen sus desmarques y no le hacen partícipe del juego. Él, en las pocas jugadas a las que accede, no termina de estar inspirado y falla ocasiones claras.

La relación se ha quemado y da la impresión de que nadie quiere seguir con ella. La ley del divorcio se creó para que esto no sucediera con las parejas. En el fútbol se llama cláusula de rescisión. No parece que haya que llegar hasta allí, todas las partes estarán de acuerdo en que lo mejor es que abandone la Ciudad Condal.

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