Los 3 hábitos que te harán más feliz, según las Neurociencias

“La felicidad es interior, no exterior; por lo que no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos” – Henry Van Dyke [Foto: Getty]
“La felicidad es interior, no exterior; por lo que no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos” – Henry Van Dyke [Foto: Getty]

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”, dijo Benjamin Franklin, y no andaba desacertado, a pesar de que algunos creen que la felicidad versa sobre el dinero, el poder o el éxito en la vida.

Casi un siglo antes, John Locke ya nos había alertado sobre la facilidad con la que dejamos en manos del destino nuestra felicidad, como si de una lotería se tratase: “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”. Y es que la felicidad depende más de nuestros pensamientos que de las circunstancias externas pues son estos los que ocupan gran parte de nuestra atención y los que, en última instancia, determinan nuestro estado de ánimo.

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La buena noticia es que, aunque no podemos controlar todos los pensamientos que cruzan por nuestra mente, podemos decidir cuáles son útiles y cuáles no merecen demasiada atención pues solo contribuyen a generar un estado de insatisfacción e infelicidad. Las Neurociencias nos brindan algunas claves para desarrollar hábitos que contribuyan a fortalecer aquellos patrones neuronales que fomenten nuestro bienestar.

Los hábitos cotidianos que conducen a la felicidad

1.    Cultiva tus relaciones siendo consciente de su impacto

Las relaciones interpersonales no solo influyen en nuestro estado de ánimo sino también en nuestro cerebro. [Foto: Getty]
Las relaciones interpersonales no solo influyen en nuestro estado de ánimo sino también en nuestro cerebro. [Foto: Getty]

Las relaciones pueden ser estresantes. No cabe dudas. Un estudio desarrollado en el University College de Londres reveló que las relaciones de pareja problemáticas no solo nos causan estrés y son fuente de preocupaciones sino que incluso pueden afectar nuestras habilidades cognitivas a largo plazo. Diez años de malas relaciones sumaría un año adicional de envejecimiento cognitivo, de manera que las personas que nos rodean no solo influyen en nuestro estado de ánimo, sino que también tienen un impacto a nivel cerebral.

La buena noticia es que una relación sólida y positiva se convierte en una enorme fuente de satisfacción y felicidad. El estudio Grant, realizado a lo largo de 80 años por investigadores de la Universidad de Harvard, concluyó que “las relaciones cercanas, más que el dinero o la fama, son lo que mantiene a las personas felices durante toda su vida”.

Esos lazos nos protegen del impacto de los problemas, contribuyen a retrasar el deterioro mental y físico y predicen de manera más fiable una vida larga y feliz que la clase social, el cociente intelectual o incluso los genes. De hecho, un estudio publicado en la revista Psychology and Aging comprobó que los adultos mayores que se sentían satisfechos con su relación de pareja no solo eran más felices sino que reportaban menos problemas de salud.

Moraleja: Si queremos ser más felices, debemos asegurarnos de que a nuestro círculo íntimo solo entren personas que sumen. Y por supuesto, debemos asegurarnos de ser una de esas personas que suman felicidad a la vida de los demás.

2.    Experimenta gratitud, tanto como puedas

 "La gratitud es la madre de todas las virtudes" - Cicerón [Foto: Getty]
 "La gratitud es la madre de todas las virtudes" - Cicerón [Foto: Getty]

Elizabeth Carter dijo que “ser felices significa ser agradecidos”.  Y mucho antes Cicerón ya había afirmado que “la gratitud es la madre de todas las virtudes”. No se trata de dar las gracias mecánicamente, porque así lo dictan las normas de la cortesía, sino de experimentar una auténtica y profunda gratitud que marca nuestra manera de ver la vida.

La gratitud alivia la depresión, reduce el estrés, mejora la autoestima y promueve el bienestar psicológico. Un estudio realizado en la Universidad de California reveló que las personas que escribieron durante 10 semanas una lista de las cosas por las que se sentían agradecidos reportaban sentirse un 25% más felices y satisfechas con la vida que aquellas que se limitaron a escribir sobre un tema neutro.

La explicación llega de la mano de las Neurociencias. La gratitud activa diferentes zonas del cerebro relacionadas con la motivación y la recompensa, como comprobaron investigadores de la Universidad de California del Sur y los NIH, activando la producción de dopamina, un neurotransmisor relacionado con sentimientos de placer y bienestar.

Lo mejor de todo es que cuando practicamos la gratitud, esta se convierte en un círculo virtuoso que se autoalimenta. Nuestro cerebro seguirá encontrando casi automáticamente nuevas razones para experimentar gratitud. De hecho, investigadores de la Universidad de Bloomington comprobaron que tres meses después de haber escrito cartas de gratitud, las personas “mostraron aumentos de comportamiento en la gratitud y una modulación neuronal significativamente mayor por gratitud en la corteza prefrontal medial”.

Moraleja: Si queremos ser más felices, necesitamos buscar razones por las cuales sentirnos agradecidos. Y en realidad hay muchas, solo debemos dejar de dar las cosas por sentado y apreciarlas como lo que son: un regalo maravilloso de la vida.

3.    Practica el mindfulness, fluye aquí y ahora

"El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace" - Leon Tolstoi [Foto: Getty]
"El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace" - Leon Tolstoi [Foto: Getty]

El mindfulness no solo nos ayuda a mantener a raya la ansiedad, el estrés y la depresión, sino que también nos permite reencontrar nuestro equilibrio y ser más felices. Se trata de un estado de conciencia relajada en el que enfocamos nuestra atención en el presente sin juzgar nuestras sensaciones, pensamientos o situaciones.

Esta práctica potencia el autocontrol a través de dos mecanismos: por una parte, nos permite ignorar las distracciones – todos aquellos pensamientos y emociones que nos molestan – y por otra parte, nos facilita asumir una distancia psicológica que nos brinda una perspectiva más objetiva y desapegada de lo que nos sucede, como demostraron investigadores de la Universidad de Harvard y la Justus Liebig-University.

La meditación mindfulness también nos ayuda a lidiar mejor con las emociones “negativas” o desagradables. Nos permite encuadrar las experiencias de manera más provechosa, potencia nuestra conciencia corporal para que podamos detener a tiempo las manifestaciones fisiológicas de las emociones que nos dañan y genera cambios positivos en nuestra autopercepción que nos ayudan a desarrollar una actitud autocompasiva. Todo ello contribuye a la felicidad.

Lo mejor de todo es que no necesitamos años de práctica para aprovechar esos beneficios. Investigadores de los Países Bajos comprobaron que 8 semanas de meditación mindfulness provocan cambios funcionales en nuestro cerebro, especialmente en la corteza prefrontal, un área vinculada a la toma de decisiones y la regulación emocional, así como en la ínsula y la amígdala, haciendo que sean menos reactivas.

Moraleja: Si queremos ser más felices, debemos ser capaces de superar ese concepto a menudo vago y escurridizo que es la felicidad y poner en práctica pequeñas acciones cotidianas que nos permitan disfrutar más del aquí y ahora. Como dijera Robert Brault: “Disfruta de las pequeñas cosas porque un día, al mirar atrás, te darás cuenta de que esas eran las grandes cosas”.


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