Hay virtudes que el dinero no puede comprar

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MANCHESTER, ENGLAND - AUGUST 07: Sergio Ramos of Real Madrid reacts in the stands during the UEFA Champions League round of 16 second leg match between Manchester City and Real Madrid at Etihad Stadium on August 07, 2020 in Manchester, England. (Photo by Chloe Knott - Danehouse/Getty Images)
Sergio Ramos da indicaciones a sus compañeros desde la grada. (Foto Chloe Knott - Danehouse/Getty Images)

En un deporte tan complejo como el fútbol hay pocas verdades individuales y colectivas absolutas. La mayoría son anacrónicas o quedan en desuso. Sin embargo, una de ellas dispone que la grandeza en las noches de Copa de Europa no se puede comprar con dinero, adquirir con entrenamiento o absorber con horas de vuelto. La camiseta pesa como si estuviese hecha de plomo. Ahí es donde emerge la figura inapelable de Sergio Ramos como líder defensivo, pilar del Real Madrid y jerarca de la Champions League. A sus 34 años, la plantilla blanca no cuenta con un central capaz de igualar la ascendencia del de Camas.

Con total seguridad, nadie puede responder mejor a esta preguntar que uno de los mayores damnificados de la ausencia del central español: Raphael Varane. El francés se desinfla como un globo cuando no lo acompaña en el eje de la zaga y demuestra que un gran soldado no puede ser así como así un comandante. De hecho, cada vez que el galo ha tenido que dar un paso adelante como líder de la defensa madridista en partidos de alto voltaje ha fracasado con estrépito: Juventus (2017/18), Ajax (2018/19), Manchester City (2019/20).

Sin Ramos a su lado y con la obligación de abrazar un rol que no suele desempeñar, Varane volvió a sufrir ante el Manchester City las consecuencias directas de multiplicar sus tareas. Sin el ‘4’ para estructurar, coordinar y distribuir el inicio del juego madridista, Varane, Militao y Courtois se pasaron la pelota mal perfilados hasta caer en la trampa mortal citizen. El cuero danzaba en su propia área como si estuvieran apretando el gatillo de una pistola mientras jugaban a la ruleta rusa. El 1-0 fue tan inmediato como los gritos roncos y desesperados del capitán madridista desde la grada. El 2-0, claro también llegó tras una presión infernal de los de Guardiola y la nula reacción blanca.

Algunos verán, de forma cristalina y evidente, dos fallos individuales de Varane en los goles del conjunto inglés. Le faltaba garra, tensión competitiva y un buen pelotazo a Old Trafford. Sin dejar de ser esto una certeza, habría que preguntarse por qué el francés se vio en esa tesitura. La respuesta es que los fallos no fueron puramente individuales, sino una reacción nerviosa de un central que normalmente no se ve en la situación de tener que iniciar sistemáticamente los ataques blancos gracias a la presencia de Sergio Ramos. Y que, por otra parte, cuando lo hace acaba como el rosario de la aurora.

No es lo mismo seguir que dirigir. No es lo mismo acatar que mandar. Y no es lo mismo jugar con una baluarte defensivo acostumbrado a caminar por el alambre que verse tirando del carro. Sergio Ramos tendrá muchos defectos en el día a día de la competición liguera, pero pocos centrales más del planeta son tan fiables cuando suena la banda sonora de la Copa de Europa. A sus 34 años, sigue siendo el único hombre al que Zidane le podría destinar la responsabilidad de colocar a su equipo en el centro del campo, agitarlo con cambios de orientación y ofrecer la misma precisión en salida de balón que un centrocampista de élite.

Es en noches como la de hoy donde el valor de Sergio Ramos se multiplica hasta cotas inalcanzables para un Real Madrid carente de relevos para el camero. Cuando no existe otro defensa blanco capaz de encender un fuego en su cueva y viajar hasta la contraria para apagarlo. Delanteros históricos y veloces, rivales transatlánticos, millones de espectadores. Nada mejor que disputar un partido de Copa de Europa sin Sergio Ramos para comprar la importancia de Sergio Ramos.

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