Historia de una portería

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Keylor Antonio Navas Gamboa. GOAL.COM
Keylor Antonio Navas Gamboa. GOAL.COM

La portería del Real Madrid lleva casi una década siendo un filón para la prensa deportiva.

Primero fue el verbo, o sea, Mourinho y Casillas. Fue lo más sangriento, sí, pero si alguien se pensaba que, decapitado Ned Stark se acababa la gracia, no podía estar más equivocado. Durante los últimos meses del portugués en Madrid asistimos a una suerte de guerra civil periodística. Ya no se trataba de ver qué medios y periodistas eran más madridistas, sino cuáles era más de Mou o más de Iker. Una deliciosa (¿) pelea de gallos. Unos nos vendían que el portero no filtraba más información porque el día sólo tiene 24 horas, mientras contaban lo mal que entrenaba con todo lujo de detalles que ellos, por supuesto, no obtenían de chivatos interesados. Otros nos decían que santificarás las fiestas y a Casillas, que nos ha dado un Mundial y dos Eurocopas y hasta desviaba penaltis con la mirada, como el de Bonucci en la Copa Confederaciones 2013 según narró aquella noche Manu Carreño.

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Como Antonio Adán caducó enseguida, lo siguiente fue la convivencia entre Casillas y Diego López, primero con Mourinho y después, para sorpresa de muchos también con Carlo Ancelotti. Lo bueno de la portería, desde el punto de vista de la prensa, es que se trata de un juego de suma cero: uno gana y otro pierde. No se puede reconvertir a un portero en mediapunta para que quepan los dos. Sin pasteleo posible, se abren unas posibilidades dramáticas tremendas. Perdió Diego López, vendido al Milan, y ganó Casillas, que aguantó otra temporada más.

El sustituto de Casillas era David de Gea, ¿recuerdan? Si alguien sabe cómo vandalizar Wikipedia, le sugiero abrir un apartado en su palmarés referido al Real Madrid para dejar constancia de que el 1 de septiembre de 2015 nos regaló, posiblemente, la mejor noche de Twitter España. Quien lo vivió no necesita mayor recordatorio: sucedió y estábamos allí. Se siente por quienes no.

Ni siquiera la etapa de Keylor Navas, personaje plano donde los haya, ha estado libre de sobresaltos. Durante sus tres años como titular, sellados con otras tantas Copas de Europa, se hablaba constantemente de la necesidad de fichar un portero de primer nivel. Y se insistía en De Gea. A Miguel Serrano, periodista madridista apodado ‘El látigo’, el rubio portero del Manchester United le gustaba un poquito más que el costarricense: “No parecen ni de la misma raza”, comentó un día.

Es obvio que el interés del Real Madrid por De Gea fue real, no una invención de la prensa. Lo mismo sucedió dos años y medio después con Kepa Arrizabalaga. “Será jugador del Madrid en la primera semana de enero”, anunció en portada ‘Marca’, que no contaba con que Zidane pudiera frenar el fichaje.

El elegido seis meses después, ya sin Zidane en el banquillo, fue Thibaut Courtois. Por supuesto, el problema de la portería siguió existiendo. O, por ser más precisos, en la portería siguió existiendo un problema, aunque pasó a ser el opuesto: tener a dos porteros de gran nivel no es una solución sino un lío tremendo. Comenzó la temporada jugando Keylor y muchos periodistas preguntaban para qué se había fichado a Courtois. Luego Lopetegui rotó a ambos y, válgame dios, en la portería hay que dar confianza a uno solo. Llegó Solari, hizo fijo a Courtois y el asunto entonces fue la injusticia que se estaba cometiendo con Keylor. Y aún faltaba por jugar contra el Huesca Luca, el hijo del entrenador.

Zidane sorprendió hace unos días al avisar que el año que viene no habrá polémicas, pero no concretó más. Para eso están los periodistas. “Keylor Navas no seguirá la próxima temporada”, dijo en exclusiva Josep Pedrerol, cuya fuente a estas alturas ya conocemos todos. Cuatro días antes, en la Cadena Ser, Javier Herráez había anticipado un futuro bien distinto al portero costarricense: “La temporada que viene, Courtois jugará la Liga, Keylor jugará la Champions y Luca, la Copa”. ¿Es sólida esta información? No mucho, según añadió sólo unos segundos después el propio Herráez, ante el escepticismo de un compañero: “Esa es la idea, pero de aquí a agosto pueden pasar mil cosas”. A día de hoy, vamos.

Seguiremos informando.

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