La historia repetida de la innecesaria guerra de egos en Boca

Goal.com

Nadie en Boca imaginaba que lo que parecía un trámite, sobre todo después de aquel gol a Gimnasia que valió arrebatarle el título nada menos que a River, se transformaría en una bomba de tiempo que explotó por etapas durante la última semana y de la cual el único damnificado real es, como siempre, el club.

Porque el Patrón Bermúdez y Raúl Cascini no tenían necesidad de decir que Carlos Tevez era "un exjugador" cuando asumieron en diciembre. Ni Tevez estaba obligado a hacer público que donaría su sueldo (previamente negociado), ni mucho menos deslizar que le gustaría ser presidente. Pero mucho menos necesario era el tuit del colombiano, tomando una nota de opinión cuanto menos llamativa que buscaba ligar al Apache con Daniel Angelici. Y, como frutilla de la torta, hacer circular en los medios de forma extraoficial que habían rechazado la contraoferta del delantero, que pretendía renovar solo por seis meses.

Todo lo que ocurrió era evitable. Lo que queda flotando en el aire es la duda sobre si alguien tenía ganas de evitarlo. ¿Realmente Boca quiere renovarle al ídolo, aunque Jorge Amor Ameal se llene la boca diciendo que no quiere que Carlitos deba pasar por lo mismo que pasó Riquelme con la anterior dirigencia? ¿Y si el propio Tevez quiere vivir ese martirio de dejar el fútbol en el exilio?

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La Comisión Directiva, desde la campaña electoral, eligió como enemigo al "angelicismo" y, cuando el fantasma no existe, lo inventa. Con métodos discutibles, como la despedida por teléfono a buena parte del staff de técnicos de las juveniles, la cuestionada salida de Alexis MacAllister, lejana en el tiempo pero dentro de este 2020, las supuestas negociaciones para adquirir las dos media manzanas necesarias para desarrollar La Bombonera 360. Y Tevez, desde su acercamiento al Tano en la previa de las elecciones del 2015, es angelicismo. Incluso fue protagonista del ya lejano debate sobre el recibimiento a Diego Maradona, enemistado históricamente con Román, que apoyó de forma vehemente a Gribaudo en los comicios y besado en la boca por el Apache justo debajo de los palcos, un rato antes del gol del campeonato.

Bermúdez pudo buscar una forma políticamente correcta de expresar una idea que no es errada: que Carlitos no era siquiera titular con Alfaro y que desde la asunción de Riquelme recobró aquel fuego sagrado. Pero prefirió decir que encontraron "un exjugador", término que le dolió y mucho al ex-Juventus, que prefirió no ir al choque con la respuesta y evitar que la sangre llegue al río. Spoiler: no pudo. O tampoco quiso, del todo.

¿Y Riquelme? En silencio, como desde el 8 de diciembre, salvo por el festejo de los 20 años de la Copa Libertadores 2000 o alguna declaración esporádica. Aunque gobierna y está claro. A través de sus enviados, a los que le dio un lugar en las decisiones que a veces pareciera ser una beca por amistad, cuando aparecen los errores casi de principiantes. Entonces, ¿es Riquelme el que no quiere a Tevez? Imposible afirmarlo pero también no sospecharlo. Mientras tanto, otra vez el hincha debe elegir entre sus ídolos.

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