La apasionante historia de cómo estamos frenando la terrible ELA… en ratones

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Los estudios en modelos animales, como ratones o peces cebra, representan el primer paso para encontrar un tratamiento en seres humanos | imagen Friso Gentsch/picture alliance
Los estudios en modelos animales, como ratones o peces cebra, representan el primer paso para encontrar un tratamiento en seres humanos | imagen Friso Gentsch/picture alliance

En la película “La guía del autoestopista galáctico”, basada en la novela homónima de Douglas Adam, los ratones dominan en secreto el mundo a la espera que los científicos investiguen cómo curar todas sus enfermedades y hasta conseguir la respuesta definitiva para todo en el Universo. A una distancia prudencial de esta humorística fábula de ciencia ficción, los avances científicos nos muestran, irónicamente, que casi lo están consiguiendo. Los ratones están de suerte y ya cuentan con técnicas que consiguen eliminar por completo el VIH, terapias que logran curar el lupus, tienen tratamientos que destruyen tumores por completo, ediciones genéticas que solucionan la diabetes tipo 2, la sordera, la fibrosis pulmonar, y hasta pueden recuperar memorias perdidas… Si el mundo realmente estuviera regido por estos pequeños roedores lo cierto es que no podrían tener queja de las investigaciones que los seres humanos les hemos proporcionado.

Evidentemente, encontrar terapias y tratamientos en ratones es tan solo un peldaño en la larga escalera necesaria para alcanzar un medicamento válido en seres humanos. Los modelos animales simples resultan muy útiles para realizar todas las pruebas previas y, aunque los medios nos empeñemos en anunciar a bombo y platillo algún descubrimiento médico, frecuentemente se nos olvida que el éxito de una terapia en ratones no significa un éxito futuro en personas. De hecho, la mayoría de las enfermedades (incluyendo algunos de los más agresivos tipos de cáncer) se han conseguido erradicar en modelos animales y muy pocas han extendido similares resultados en humanos.

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Aun así, saber que una determinada técnica tiene éxito, aunque sea en nuestros lejanos primos mamíferos, en peces cebra o simplemente en placas de laboratorio, ofrece un atisbo de esperanza para algunas de las enfermedades más letales de nuestro alrededor. Es el caso de la terrible Esclerosis Lateral Amiotrófica, la célebre ELA, que esta semana nos deja un rayo de optimismo gracias a una nueva técnica de edición genética, basada en CRISPR, que ha logrado ralentizar la enfermedad… en ratones.

Stephen Hawking durante la celebración del Festival Starmus 2014 | imagen Javier Peláez
Stephen Hawking durante la celebración del Festival Starmus 2014 | imagen Javier Peláez

Durante décadas, el célebre jugador de baseball Lou Gehrig, fue la cara más reconocible de una enfermedad degenerativa que va mermando las capacidades motrices del paciente hasta llevarle a la parálisis total. Más tarde, la ELA volvió a ser célebre por el ya fallecido cosmólogo Stephen Hawking cuya lucha personal y avances tecnológicos lo convirtieron en una de las imágenes más populares del siglo XX. Es triste reconocerlo, pero al fin y al cabo es cierto: tener personajes famosos como bandera, como ejemplos reconocibles, de una determinada enfermedad ayuda mucho a la financiación y desarrollo de nuevas investigaciones buscando su tratamiento o su cura. Si se hiciera una encuesta con las enfermedades más temidas por el público en general aparecerían el cáncer, el Alzheimer y seguramente la ELA se situaría muy alto en ese inquietante ranking.

Sin embargo, no hemos conseguido demasiados progresos frente a la ELA, al menos en seres humanos pero, y esto sí que es una buena noticia, los primeros pasos en modelos de ratones se están desarrollando a un ritmo vertiginoso. En las últimas décadas hemos asistido a numerosos estudios que implementan nuevas y diferentes técnicas con resultados, en algunos casos, asombrosos.

En 2012, investigadores de diferentes centros estadounidenses mostraron sus trabajos para el progreso de la ELA en ratones mediante el trasplante de células madre neuronales, con claras mejoras en la función motora del huesped y prolongando significativamente la supervivencia. El autor principal del estudio explicaba que “aunque no es una cura para la ELA humanos, creemos que el tratamiento mediante trasplante de células madre neuronales, especialmente en las áreas que mejor pueden sostener las vías respiratorias, por ejemplo, puede estar listo para los ensayos clínicos”.

Siguiendo esa línea de investigación de células madre, en 2014, un equipo de investigadores japoneses consiguió ralentizar el avance de la enfermedad en ratones utilizando células humanas reprogramadas en células madre pluripotentes inducidas (iPS). En concreto lograron ampliar en un 8% la duración de la vida de los ratones enfermos de ELA a través del trasplante de células progenitoras neuronales ricas en proteínas gliliales. Los resultados se publicaron en la prestigiosa Cell avalando que el uso de la inmunoterapia es uno de los posibles caminos a explorar para alcanzar un tratamiento efectivo.

La aparición de las técnicas de edición genética CRISPR CAS9 representan un revolucionario avance en la búsqueda de nuevos tratamientos
La aparición de las técnicas de edición genética CRISPR CAS9 representan un revolucionario avance en la búsqueda de nuevos tratamientos

Pero en 2014, la gran revolución genética estaba a punto de hacer su espectacular entrada en escena con la llegada de las técnicas de edición CRISPR. En enero de ese año, la Revista Nature predecía la inminente irrupción de estas tijeras genéticas y, solo unos días después, nuevamente la revista Cell hacía públicos los primeros monos modificados genéticamente con esta tecnología. Nuestros queridos ratones no tuvieron que esperar demasiado tiempo para empezar a recibir los primeros resultados positivos.

Solo tres años más tarde, en 2017, las pruebas en ratones modificados con CRISPR/Cas9 desarrolladas por científicos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos) consiguieron prolongar la esperanza de vida de los afectados hasta en un 25%. La clave fue anular el gen mutado SOD1 con lo que consiguieron retrasar casi cinco semanas el inicio de la enfermedad.

Hace tan solo unas semanas, en febrero de este 2020, investigadores de la Universidad de Illinois (EEUU) daban un nuevo giro de tuerca con una nueva tecnología genética basada en CRISPR, consiguiendo nuevos éxitos frenando la progresión de ELA en ratones. “Muchos estudios de ELA se centran en prevenir o retrasar la aparición de la enfermedad. Sin embargo, en el mundo real, la mayoría de los pacientes no son diagnosticados hasta que los síntomas están avanzados”, explica uno de los autores en Eureka Alert, “por eso nos entusiasmó descubrir que un gran porcentaje de las mejoras ocurrieron mucho después del inicio de la enfermedad. Esto significa que estábamos frenando la progresión del trastorno”.

La aplicación en seres humanos de estas novedosas terapias que están cosechando grandes resultados en ratones tardará sin duda mucho más tiempo. Aunque es importante diferenciar los estudios y avances que se realizan en modelos animales, y dejar claro que no son directamente aplicables en personas, también es bueno recordar que son el primer paso obligatorio antes de hasta llegar a nuestras farmacias y hospitales. El vertiginoso avance con el que se están sucediendo los estudios prometedores, sobre todo mediante inmunoterapia (células madre) o utilizando edición genética (CRISPR y técnicas basadas), nos deja un panorama más positivo para el futuro. Sí, son estudios en ratones, pero en apenas unos años hemos avanzado más que en muchas décadas anteriores en la lucha contra una enfermedad de la que no sabemos aún su origen y de la que no existe ningún tratamiento.

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Referencias científicas y más información:

Lim, Colin K. W., et al. “Treatment of a Mouse Model of ALS by In Vivo Base Editing”. Molecular Therapy, enero de 2020. DOI:10.1016/j.ymthe.2020.01.005.

University of Illinois “New CRISPR base-editing technology slows ALS progression in mice” 26 febrero 2020, Eureka Alert

 

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