La pelea bochornosa que nos hace plantearnos la influencia del deporte en los niños

Luis Tejo
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El árbitro intenta separar a niños peleándose durante un partido de hockey. Foto: YouTube
El árbitro intenta separar a niños peleándose durante un partido de hockey. Foto: YouTube

El deporte, en sus orígenes, se concibió como una actividad de ocio y disfrute. No en vano se habla de "jugar" al fútbol o al baloncesto. La idea es que, a través de la práctica del ejercicio físico, los participantes acaben pasando un buen rato. El problema es cuando se mete por medio el concepto de competición: alguien gana, lo que significa que alguien pierde, y eso genera frustración.

Si hablamos de deportistas profesionales, resulta hasta comprensible; a fin de cuentas, se trata de trabajadores cuyo sueldo depende de esas victorias y derrotas. Es normal que se mantengan en tensión durante los partidos y que de vez en cuando estalle. Lo malo es que, siendo la élite de lo suyo, a veces transmiten mal ejemplo a quienes compiten por pura diversión.

Cuando los protagonistas son adultos, gente plenamente responsable de sus actos, no deja de ser inadecuado, pero en el fondo, allá ellos. Lo peligroso es que estos comportamientos se trasladen a los niños. Como muestra, lo que acaba de ocurrir en Rusia (atención: son imágenes que pueden herir tu sensibilidad):

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Según indica el periódico local Business-Gazeta, se trata de un juego entre críos de nueve años, nacidos en 2012. El incidente, que ocurrió la semana pasada pero no había tenido trascendencia fuera de las redes sociales rusas, tuvo lugar en Mamadysh, una localidad cercana a Kazán en la república autónoma de Tartaristán, a casi mil kilómetros al este de Moscú. Se enfrentaban el equipo de esa categoría del club local, el Olimp, contra el Progress de la ciudad de Glazov, en la vecina región de Udmurtia.

El encuentro iba por el tercer cuarto y el marcador era de 0-6 a favor de los visitantes cuando se desencadenaron las hostilidades. Se desconoce cuál fue el detonante de que los críos se liaran a golpes entre ellos, sin parar incluso aunque varios habían caído al hielo. Los árbitros hicieron lo que pudieron para separar a los chavales, lo que afortunadamente consiguieron tras varios segundos de tensión. Pero lo más sorprendente es que después, simplemente, el partido siguió como si nada. No es extraño que, tal como se aprecia en las imágenes, hubiera varios combates más hasta que acabó el tiempo reglamentario.

Por qué hay peleas en el hockey

No tenemos constancia de ninguna sanción que se le vaya a imponer no ya a los menores implicados, sino tampoco a los entrenadores o a los árbitros. Lo cierto es que los jóvenes solo estaban copiando a sus referentes. En el hockey sobre hielo las peleas entre jugadores en la pista, particularmente en la tradición norteamericana, son un fenómeno muy frecuente y que a menudo los espectadores incluso las aplauden. Según el reglamento, no están permitidas... pero, salvo casos extremadamente graves, la pena que se impone no es la expulsión definitiva, sino solo temporal.

En la práctica, esto fomenta que se produzcan auténticos combates que no desentonarían en un ring de boxeo. De hecho, existe la figura de los "enforcers", jugadores especializados precisamente en responder de forma violenta a cualquier ataque que reciba uno de sus compañeros. Suele tratarse de gente con menos habilidad técnica que sus compañeros, pero muy bien valorados por la protección que ofrecen.

Hay que tener en cuenta que el hockey sobre hielo, por su naturaleza y por las velocidades vertiginosas que se alcanzan al deslizarse, es un deporte muy propenso al contacto, y que a menudo la fuerza que se usa en el afán legítimo por hacerse con el puck (el disco que se golpea con el stick o palo para anotar los goles) puede llegar a descontrolarse. La NHL, la liga profesional norteamericana, ha planteado en ocasiones la posibilidad de prohibir estas luchas de forma más contundente, y ha conseguido reducir significativamente la cantidad de veces que ocurren con respecto al pasado. 

Pero sus esfuerzos no han sido demasiado intensos en este sentido, y tampoco parece que pretendan gastar muchas energías para conseguirlo. No todo el mundo las considera aceptables (sin ir más lejos, los médicos están escandalizados por las conmociones cerebrales que causan), pero mucha gente está a favor de que en el hockey haya peleas. Y no solo por "formar parte del espectáculo" y estar instaladas desde antaño en la tradición del hockey. 

Dos jugadores de la NHL peleando a puñetazos
Dos jugadores de equipos de la NHL peleándose a puñetazos durante un partido. Foto: Rich Graessle/Icon Sportswire via Getty Images.

Gary Bettman, comisionado (algo así como el director ejecutivo) de la NHL, sostiene que las riñas "podrían incluso ayudar a prevenir otras lesiones", ya que, en unos casos porque los jugadores se desahogan golpeándose, en otros por temor a la venganza, evitan que durante los partidos se cometan otras faltas que podrían ser muy duras y tener consecuencias graves, sobre todo para los jugadores talentosos pero físicamente más débiles. Serían una especie de válvula de escape para liberar la tensión acumulada.

Existe incluso una especie de "etiqueta" con respecto a las peleas. "The Code" no es ninguna normativa oficial ni está escrito en ninguna parte (salvo por un periodista que, por su cuenta, quiso hacer una recopilación), pero funciona como marco para saber hasta dónde se puede llegar. En general, no está bien visto enfrentarse a alguien que rechace el combate, ni se debe agredir a quien haya caído al hielo, ni atacar por la espalda. Y por supuesto, no es aceptable utilizar los sticks ni las cuchillas de los patines como arma. Corresponde hacerlo a puñetazos, incluso despojándose de los guantes, pues tienen refuerzos de plástico que podrían ser muy peligrosos.

Todo esto puede ser más o menos aceptable en partidos de adultos, según la ética y el concepto de deportividad de cada uno. Cuando hablamos de muchachos que ni siquiera han llegado a la adolescencia, el cuento es completamente diferente. Porque nos estamos refiriendo a seres humanos que aún están en formación y que podrían entender que la violencia es una opción legítima para resolver sus conflictos, lo que a la larga nos augura a todos muy mal futuro. Esperemos que lo ocurrido en Rusia, que poco a poco va viralizándose, tenga como única consecuencia positiva que los responsables correspondientes se conciencien y adopten medidas para evitar que algo así ocurra de nuevo.

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