Desmonta al equipo femenino más exitoso: "Era un club de chicas malas, blancas y ricas"

Luis Tejo
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Hope Solo resopla durante el calentamiento antes de un partido
Hope Solo, en el calentamiento previo a un partido con la selección de fútbol de Estados Unidos en 2016. Foto: Joern Pollex - FIFA/FIFA via Getty Images.

Si tuviéramos que elegir al equipo deportivo del mundo con mejor imagen pública, entre los candidatos indudablemente habría que incluir a la selección nacional femenina de fútbol de Estados Unidos. No solo por sus éxitos deportivos incuestionables, con cuatro campeonatos mundiales (incluyendo el último) y otros tantos oros olímpicos en su palmarés. Se han ganado la reputación de mujeres triunfadoras y se han hecho un hueco mediático en un deporte de predominancia tradicionalmente masculina, hasta el punto de ser las grandes referentes del balompié en su país; además, gracias a la relevancia de figuras como su capitana Megan Rapinoe, se han convertido en iconos progresistas con gran implicación en causas como la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Aparte, por supuesto, de su implicación política contra el gobierno de Donald Trump, que hizo que mucha gente, tanto dentro de las fronteras norteamericanas como en el resto del mundo, las viera como una especie de “líderes de la resistencia”.

Las Stars and Stripes parecen la conjunción perfecta, casi utópica, entre valores feministas, autoridad moral y poderío incontestable sobre el césped. ¿Es todo tan bonito como parece visto desde fuera? En realidad, hay un lado tenebroso que no conocíamos, pero que acaba de desvelar una ilustre como Hope Solo.

Se trata de la portera no diremos que mejor (hay discusiones al respecto), pero sí más famosa de la historia del fútbol femenino. A sus 39 años, hoy está retirada, pero entre los años 2000 y 2016 era la portadora habitual de la camiseta número 1 de la selección, en la que llegó a sumar 202 partidos. Pocas personas conocen lo que ocurre en ese vestuario mejor que la guardameta natural de Richland, en el estado de Washington.

Y Solo lo ha dejado bien claro en unas declaraciones para un podcast de la BBC. Detrás de tanta gloria y de tanto activismo había una estructura de bullying. “Quisimos cambiar esa cultura, pero no tengo claro que lo hayamos conseguido”, reconoce la protagonista.

Hope Solo participando en una conferencia.
Hope Solo participando en una conferencia. Foto: Lorraine O'Sullivan/Getty Images.

Solo, en cuyo árbol genealógico hay ancestros de prácticamente todos los rincones de Europa y que tuvo una infancia difícil marcada por el divorcio de sus padres, define a la selección estadounidense femenina como “un club de chicas malas” en el que “la mayoría de jugadoras vienen de familias blancas ricas. Esta es su cultura: privilegio blanco”.

La arquera lo notó desde su primera convocatoria: “La gente no era simpática con nosotras, no nos ayudaba a integrarnos. No te invitaban a sentarte con ellas a la mesa para cenar. Desde el punto de vista social fue muy difícil para mí crecer en el equipo nacional mientras aprendía el juego”.

Otra jugadora internacional, Carli Lloyd, secundó a Solo. La atacante, aún en activo y una de las más veteranas del grupo a sus 38 años y con 294 partidos a sus espaldas, participó también en el podcast y reconoció que la actitud de sus compañeras durante sus primeras participaciones, allá por 2005, le habían hecho llorar en varias ocasiones. Precisamente Hope y ella fueron las que intentaron darle la vuelta a la situación: “Nosotras no éramos acosadoras, tratábamos mejor a las chicas nuevas que llegaban. Creo que lo hacíamos porque nosotras sufrimos el bullying”, indicó Solo.

Carli Lloyd sostiene un trofeo y Hope Solo, a su lado, enseña una medalla de oro.
Carli Lloyd (izquierda) y Hope Solo celebran la victoria de la selección estadounidense en la SheBelieves Cup de 2016. Foto: Mike Ehrmann/Getty Images.

Confían en que algo han logrado: “Ahora el entorno es más abierto y acogedor. La transición es más fácil”. Pero tampoco están seguras de que sea algo bueno: “No sé si esto ayuda a estas deportistas jóvenes a construir su carácter. Muchas veces se encuentran con un camino más sencillo. Tengo un montón de amigos entrenadores en el fútbol de élite que ya no saben entrenar a las nuevas generaciones. No puedes presionarlas como se hacía antes con atletas realmente competitivas. Ahora hay que mimarlas más. El entorno es totalmente diferente, y no creo que sea siempre algo positivo. Crea deportistas más blandas”.

El debate sobre hasta qué punto es conveniente tratar con hostilidad y agresividad a las jugadoras novatas para “endurecerlas” y aumentar su rendimiento permanece abierto. Lo cierto es que, en vista de los testimonios, la selección de fútbol estadounidense, pese a su buena fama, no parece el lugar más agradable del mundo para una deportista recién llegada. Veremos hasta qué punto afectan las declaraciones de Solo a la reputación de un equipo que, en los últimos años, había alcanzado el estatus de orgullo nacional.

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