Vi un partido comentado por Ibai Llanos y esto es lo que me pareció

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Ibai Llanos, Ander Cortés y Ulises Prieto durante la retransmisión del Atlético-Valencia. Foto: Twitch.
Ibai Llanos, Ander Cortés y Ulises Prieto durante la retransmisión del Atlético-Valencia. Foto: Twitch.

Llevamos ya unos cuantos días avisándote de un acontecimiento histórico y rompedor que se iba a producir en la jornada de Primera División de este fin de semana. Por primera vez LaLiga iba a incluir a un caster, un narrador de internet normalmente especializado en competiciones de videojuegos pero en la práctica capaz de relatar cualquier cosa, en su elenco de retransmisiones oficiales a través de la televisión. Este movimiento podía suponer un antes y un después de cara a la forma en que los espectadores consumimos el fútbol, sobre todo porque se trata de una nueva fórmula que hace competencia directa a la radio, tradicionalmente el medio más valorado y utilizado en España en este sentido.

No sorprende a nadie que el elegido para las pruebas haya sido Ibai Llanos, probablemente el caster más relevante del momento en lengua castellana y uno de los más populares de todo el mundo. Así que muchos fuimos los que, en la señal de Movistar, elegimos la opción de audio número 4 para que Ibai y sus amigos Ander Cortés y Ulises Prieto pusieran voz al partido entre el Atlético de Madrid y el Valencia que los colchoneros ganaron en la noche de este domingo. Algunos lo hicimos por pura curiosidad; otros, por ser admiradores convencidos del vasco; y, en fin, otros por hartazgo de los locutores habituales y búsqueda de alguna alternativa.

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Hay que decirlo claro desde el principio. Ibai como narrador de fútbol en directo en televisión te gustará si no te gusta el fútbol. Y además, si ya le conoces de antes, ves a menudo su canal de Twitch y disfrutas de su estilo, lo que significa que, salvo excepciones raras, tienes treinta años o menos. Han de darse a la vez ambas premisas. En caso contrario, es muy probable que todavía prefieras las opciones de siempre.

La narración de Ibai y compañía (porque Llanos, aunque lideraba la acción, tuvo el buen tino de no acaparar el micrófono y dar bastante juego a sus colaboradores), técnicamente, fue muy correcta. Más o menos parecían estar bien documentados y haberse preparado para la tarea, pese a alguna que otra confusión esporádica con los nombres de los jugadores, perdonable por su falta de experiencia. Le iba oyendo a medida que se desarrollaba el juego y me enteraba de lo que ocurría, que es de lo que se trata. Tenía también mucho ritmo, sin dejar que el espectador se aburriera; recordó por momentos a los locutores de la radio que todos tenemos en mente.

Además, soltó algún que otro comentario táctico y varias anécdotas sobre determinados futbolistas que daban a entender que algo controla del tema. Y, acaso lo más importante, no llevaba bufanda: ni valencianistas ni rojiblancos podrán quejarse de que su relato era tendencioso. Quizás por no tener (¿aún?) los vicios del mundillo de la prensa deportiva, se acercó bastante a esa utopía que es la objetividad.

El problema es que daba la sensación de encontrarse muy fuera de lugar. Más que a un relator contando el desarrollo del encuentro, parecía que Movistar había puesto ahí a un grupo de amiguetes que estaban echándose unas risas. Que es exactamente lo que hace Ibai normalmente y por lo que ha conseguido tanta fama. Mantiene el mismo tono, y por eso a los que ya eran sus fans incondicionales de antes les encantará. Para tal misión, para captar ese nicho de audiencia, LaLiga ha dado el paso de hacerle un hueco.

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Pero lo que funciona bien para un campeonato de videojuegos, o para un torneo ruso de bofetadas, o para una carrera de canicas, o para otras cosas igual de absurdas y que necesitan de un punto extra que le dé atractivo (en eso Ibai es un maestro), no tiene tanto sentido en el fútbol. No se trata de un deporte nuevo que haya que dar a conocer al público, ni de algo frío que requiera insuflarle emoción artificialmente. El balompié tiene una tradición centenaria con hinchadas muy apasionadas, no hace falta forzar nada para que el espectador sienta interés.

Y si habláramos de una retransmisión en la radio, todavía tendría un pase. A fin de cuentas, a través del transistor el oyente carece de referencias visuales; lo único que sabe es lo que el locutor le dice. Pero si se usa como apoyo a la imagen en televisión, no viene a cuento dar voces exaltadas, intentando transmitir tensión, cuando se ve que el balón aún está a 30 metros de la portería. Ese es otro problema: Ibai no parece haberse adaptado a este nuevo rol de comentarista de televisión, sino que se ha mantenido fiel a lo que hace en Twitch... donde en pantalla no aparece más que un plano fijo de su cara (y de Ander y Ulises) con, si acaso, un grafismo que indica el minuto y el resultado.

En este primer día ha dado la sensación de que Ibai se ha quedado a medias. Se ha tomado en serio la tarea, eso es indudable, pero no ha conseguido evocar la profesionalidad y el dominio del formato que ya tienen los narradores más consolidados. Y en un par de ocasiones ha intentado arrancarse por el lado cómico, pero tampoco ha terminado de profundizar por ese camino.

A lo mejor sería una buena alternativa: convertir (salvando las distancias) las retransmisiones futboleras en algo parecido a lo que en su momento fue el Pressing Catch, es decir, la WWE con el añorado Héctor del Mar en la naciente Telecinco de hace tres décadas, y darle un enfoque radicalmente distinto. O cualquier otra cosa que sirva para aportar algo novedoso. Porque si no, salvo que seas un seguidor acérrimo de Ibai y el fútbol como tal te importe poco, tendrás pocos alicientes para verle a él y no a cualquiera de las opciones de la competencia.

Al menos por lo visto en este Atleti-Valencia, Ibai parece que pretende hacer exactamente lo mismo que los demás locutores deportivos. Pero le sale peor, por ser novato. Aunque sí, hay que reconocerlo: se toma alguna que otra licencia que, por contraste, resulta rompedora.

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Luego está el factor tecnológico, que ha sido manifiestamente mejorable. A Ibai se le oía más o menos bien, pero la calidad de sonido de los micrófonos de Ander y Ulises dejaba mucho que desear. Aparte, sufrieron fallos de conexión que les hicieron desaparecer un par de veces, como ellos mismos reconocieron durante el directo. De hecho, en ocasiones también parecía que las voces iba con algún segundo de desfase con respecto a lo que sucedía en el césped. Y, si bien en su Twitch seguían hablando, durante la retransmisión en Movistar se produjeron cortes muy abruptos tanto en la pausa para el descanso como al acabar el encuentro, cuando la emisora (siguiendo probablemente el ritmo de sus comentaristas habituales en el canal de audio principal) interrumpió bruscamente a los casters sin darles tiempo ni a despedirse.

Todo esto es corregible, pero de momento contribuye a la sensación de improvisación, de que estaban transmitiendo el partido no pensando en los espectadores, sino para divertirse ellos mismos, y quien quiera, que les siga. Que a lo mejor es el efecto pretendido. Sus admiradores son legión; hoy mismo, en Twitch, han tenido 91.000 espectadores, más los que hayamos escogido su opción a través de Movistar. Para el tipo de público que tienen, el modelo funciona perfectamente. Para expandirse más allá y captar audiencias masivas lo va a tener más difícil.

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