La identidad sexual: mucho más allá del sexo con el que nacimos

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Muchas puertas. Muchos caminos. Los elementos que nos conforman sexualmente son variados, y van desde nuestra biología hasta los estándares culturales e históricos de nuestra sociedad, pasando por la familia y el misterioso desideratum de la psique

Someone wearing red sneakers choosing between genders
El concepto de identidad sexual contempla aspectos tan diversos como la religión que cada uno profesa, la etnia a la que pertenece, la geografía circundante y las formas de relacionarse socialmente.

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Más allá de los órganos con los que nacimos, la identidad sexual tiene un sinfín de complejidades que en cada uno de nosotros es particular, está moldeada por nuestra propia psique y la historia que nos ha tocado vivir, además de nuestros deseos instintivos, los estándares familiares, sociales y culturales que nos han rodeado, y el sistema de valores que nos hemos hecho en nuestra circunstancia.

Visto así, nuestra identidad sexual va mucho más allá de ser hembras o varones, homosexuales y heterosexuales, aventureros o tradicionales. En ese sentido, la visión de los científicos sobre la identidad sexual está mudando del uso de categorías a la consideración de los espectros.

"Supone reconocerse como un ser único y diferenciado, que se mantiene siendo quien es pese a los cambios que se suceden con el tiempo y con la experiencia'', dice Joaquín Mateo Mollá, Doctor en Psicología Clínica de la Universidad de Valencia y especialista en el tema. "La identidad (sexual) también tiene un evidente matiz social, e implica cierto grado de asimilación de las características que definen a otros grupos, con los que nos sentimos identificados. Se trata de un fenómeno compuesto por muchas dimensiones, que cobran sentido al unirse. Por lo tanto, no se puede entender únicamente como el carácter, la orientación o las conductas; sino como la integración más o menos armónica de todas ellas".

El concepto de identidad sexual contempla aspectos tan diversos como la religión que cada uno profesa, la etnia a la que pertenece, la geografía circundante y las formas de relacionarse socialmente.

Concepto clave

Tal como lo recoge el portal Psicología y mente un medio muy consultado entre especialistas, "la identidad sexual precisa contemplar lo fisiológico, lo psicológico y lo social; aspectos que además pueden ser susceptibles de cambio. La percepción de lo que somos no se mantiene inmutable, pese a que los primeros años de la vida sean los más relevantes para construir los cimientos sobre los que se erigirá todo lo demás".

Diversas bibliografías nos hablan de algunos parámetros que en la actualidad se consideran fundamentales para entender de lo que hablamos cuando hablamos de identidad sexual.

En el trabajo Sexual orientation and Social attitudes, publicado en 2018 por la investigadora Landon Schnabel en la Universidad de Indiana y citado por el mismo Mollá, hay al menos cinco categorías que resultan instrumentales para comprender en complejidad la identidad sexual. Ellas son:

Sexo biológico: más que dos

En el ser humano se asumió desde siempre la dicotomía “hombre” o “mujer”; que en general alude a cuestiones anatómicas, hormonales y fisiológicas diferenciales entre unos y otros. Así, ha sido entendida como una variable estrictamente biológica, en la que la genética atribuía los cromosomas XX para la mujer y XY para los hombres. No obstante, en la actualidad se reconocen discrepancias en la disposición cromosómica básica; distinguiéndose la XXX, XXY, XYY e incluso la XO, entre otros. Todo ello parece ser sugerente de que la realidad sexual no puede reducirse a términos absolutos.

Orientación sexual: en un punto relativo

La orientación sexual se define en función del sexo de las personas por las que sentimos atracción física y/o romántica. En este sentido, los conceptos de mayor uso en la actualidad son la heterosexualidad (atracción hacia personas de sexo opuesto), la homosexualidad (atracción hacia las personas del mismo sexo) y la bisexualidad (atracción hacia personas de ambos sexos). Pese a ello, Schnabel puntualiza que la orientación es un fenómeno dimensional, y no una categoría en la que uno pueda inscribirse.

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El género es una realidad condicionada por el momento histórico y social, y por ello no se le puede asignar un conjunto de características definitorias e inamovibles. "Se trata de los roles que el entorno atribuye a las personas"(Photo by Stefano Montesi - Corbis/Corbis via Getty Images)

Así pues, tal como lo explica Artuto Torres, psicólogo y sociólogo de la Universidad de Barcelona, España, la orientación adopta la forma de un espectro cuyos extremos serían la homosexualidad y la heterosexualidad, y en el que cada persona se ubicaría en algún punto relativo. No existe, por tanto, la posibilidad de clasificar en términos absolutos esta cuestión, sino siempre desde la relatividad y atendiendo a cuestiones de grado. Por este motivo, afirma Mollá, no se puede asumir ninguna homogeneidad para las personas en función de su identificación como homo, hetero o bisexuales.

También existen individuos que se consideran asexuales, en el sentido de que no perciben interés ni por hombres ni por mujeres. Si bien esta orientación ha sido considerada en algún caso como una "ausencia de orientación", en muchas clasificaciones es referida como una forma más de sexualidad, junto a las clásicas ya mencionadas.

Por último, las personas queer se sentirían atraídas por los demás sin reparar en absoluto en el sexo o el género al que se adscriben, al considerar que estas dimensiones implican un reduccionismo. El rechazo de estos términos se acompañaría, asimismo, de cierta reivindicación social relativa a la existencia de estructuras de poder patriarcal que constriñen la libertad para amar y sentir.

Conducta sexual

Se trata del libre ejercicio de elegir a otras personas con las que se mantienen encuentros íntimos, en función de diversos intereses, circunstancias y contextos temporales. Ejemplos concretos lo representan personas que se consideran heterosexuales pero mantienen relaciones con hombres de forma ocasional o viceversa, cuando alguien que se considera homosexual y decide acostarse con un individuo del sexo opuesto.

La conducta sexual también alude a la exclusividad, a la compaginación con los sentimientos, a la formación o no de un proyecto de pareja.

Es un factor cuyo espectro puede asumir una enorme diversidad, y no siempre se relaciona con la orientación que cada individuo percibe para sí mismo. Más allá de la complejidad del deseo como una etapa fundamental de la respuesta sexual humana, y las infinitas formas en las que este puede expresarse, se han señalado en la literatura especializada una serie de condiciones extraordinarias que conllevan a una conducta sexual que no necesariamente es el resultado de la orientación de los implicados.

Identidad de género

El género es una realidad condicionada por el momento histórico y social, y por ello no se le puede asignar un conjunto de características definitorias e inamovibles. "Se trata de los roles que el entorno atribuye a las personas", señala Mollá.

De forma tradicional, por ejemplo, al varón se le asignó un papel masculino y a la mujer uno femenino, cercenando así sus cualidades no vinculadas al sexo biológico.

En la actualidad se reconoce que el sexo y el género son independientes, por lo que cada persona puede describirse a sí misma como masculina o femenina únicamente, o referir una combinación de ambas en cierto grado. Incluso existen personas que fluyen dentro del espectro, asumiendo una posición intermedia o ubicándose en alguno de sus extremos en distintos momentos de su vida, independientemente de su sexo biológico.

Cuando hay identificación entre el sexo biológico y el género, se habla de cisgéneros. En el caso opuesto, el término que tiende a utilizarse es el de transgénero. Pero el avance en estudios de diversidad de género ya se ha hecho específico que hay estudios que consideran 10, 27 y hasta 103 géneros distintos.

Existen estudios que subrayan que el sexo con el que se nace tiene un impacto fundamental sobre las actitudes e intereses. Existe la tendencia, más no la limitante, a que los niños y las niñas muestren orientaciones atencionales diferentes desde el momento del nacimiento (ellas se fijan más en los rostros humanos y ellos en estímulos móviles, por ejemplo).

Pero, pese a que los autores postulan un efecto diferencial de la testosterona en el proceso de gestación para explicarlo, a partir de cierta edad puede existir un condicionamiento social que influya en los hábitos y las conductas.

No se trata simplemente de un fenómeno con causas puramente biológicas, o expresadas desde los genes, sino que tiene que ver también con la interacción con el entorno social.

Expresión de género

Es uno de los cinco principales componentes de la Identidad Sexual. Por decirlo de forma sencilla, la expresión de género es el aspecto, la manera como escogemos lucir y lo que los demás creen que somos a partir de nuestra apariencia, la expresión de nuestro género/sexo e identidad, la forma y manera de expresarnos, los gustos y la forma de comportamiento que elegimos, o se espera que tengamos, o se imponen y/o nos imponemos.

En términos generales, tenemos la expresión de género masculino, la expresión de género femenino y tenemos las personas andróginas cuya expresión de género es una mezcla, que puede ser variable.

Epílogo: todos estos aspectos, que a su vez son dinámicos, relativos y estimulados desde la biología hasta la historia, pasando por la cultura y la moral, forman parte de la confección de nuestra identidad sexual, que, como se ve, no es una categoría absoluta, sino, por el contrario, compleja y en permanente construcción. Los conceptos fijos y las etiquetas (aceptadas unas, discriminadas otras) comienzan a estar en desuso, porque el estudio cercano de la naturaleza sexual de los seres humanos cada vez más demuestra que somos diversos, cambiantes y complejos.

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