Fichar a Iker Casillas para que no moleste

Luis Tejo
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Iker Casillas posa para los fotógrafos alzando el pulgar.
Iker Casillas, durante la presentación de una serie documental sobre su carrera. Foto: Carlos Álvarez/Getty Images.

Algunos pensarán que nunca se fue del todo porque su sombra permanecía por ahí y cualquier cosa que hacía se interpretaba en clave blanca. En cualquier caso, ya de forma oficial, Iker Casillas puede decir que ha vuelto al Real Madrid. Cinco años y medio después de su salida, y ya retirado debido a su edad (ha cumplido los 39) y al infarto que sufrió durante su etapa en el Oporto, el guardameta que defendió la portería del Bernabéu entre 1999 y 2015 regresa a la Casa Blanca, tal como ha indicado el club en un comunicado.

Casillas vuelve... ¿como entrenador? No, Zidane es intocable ahora mismo. ¿Como preparador de porteros? Tampoco. ¿Como director deportivo? ¿Ojeador? ¿Utillero? Nada de eso. Su cargo será, concretamente, el de “adjunto al director general de la Fundación”.

¿De qué va tal puesto? Sabemos que la Fundación del Real Madrid se define como un organismo con la misión de “expresar el compromiso solidario” del club, “preservar su patrimonio histórico” y “fomentar los valores inherentes al deporte”. Es decir, una organización puramente representativa, sin ningún tipo de carácter ejecutivo, ni capacidad de acción o de toma de decisiones.

Estar en una institución con tan escaso margen de maniobra y ni siquiera ser un mandatario, sino un “adjunto”, es lo más parecido que se puede encontrar actualmente en el mundo del fútbol a ser un florero. Un bonito objeto decorativo que luce bien en el organigrama corporativo, que está ahí aparcado en un rincón y que ni aporta gran cosa ni estorba ni causa follones.

Probablemente esto último es lo que pretendía Florentino: quitarse de en medio un problema antes de que surja. Porque si hay una figura controvertida en el madridismo recientemente, esa es la de Casillas. Leyenda del equipo y antiguo capitán heredando el brazalete de Raúl, sus últimos años estuvieron marcados por la polémica, ante bajadas de rendimiento que le llevaron a la suplencia inesperada, enfrentamientos con entrenadores como Mourinho, “colegueo” no siempre muy bien visto con jugadores del Barcelona y acusaciones de ser el “topo” que filtraba a la prensa interioridades del vestuario.

Tras décadas en el club, Iker salió hace un lustro por la puerta de atrás, dando una rueda de prensa lacrimógena a la que ningún compañero o directivo acudió para arroparle. Aquellas imágenes, por un lado, avergonzaron a muchos madridistas, y por otro dieron munición a los aficionados de equipos rivales para poder acusar a los blancos de maltratar y menospreciar a sus leyendas, con el agravante de que también hablamos de un héroe de la selección española. Quizás esta contratación ahora, darle un puestecito con su sueldecito para que pueda decir que está otra vez dentro, sea una forma de desagravio por aquellos momentos, pero sin arriesgarse demasiado. Una manera, en definitiva, de tenerle controlado.

Porque Casillas lejos de casa, habiendo salido como salió, es una bomba de relojería. En cualquier momento podría darle por abrir la boca presa del rencor y soltar cualquier barbaridad; no cabe duda de que, con todo el tiempo que ha pasado entre Concha Espina, la antigua Ciudad Deportiva y Valdebebas, conocerá muchas interioridades que los demás ignoramos, y que quizás a Florentino, como a todo jefe en cualquier organización compleja, no le apetezca que los trapos sucios se laven fuera. Hay que tener en cuenta, además, que buena parte de la prudencia y la seguridad que mostraba Iker cuando se ponía los guantes de portero parecen desaparecer cuando le da por meterse en las redes sociales.

Aun así, ¿es adecuado darle a Iker un cargo tan irrelevante? ¿No es incluso una forma de menosprecio integrarle en la estructura pero relegarle a un papel que no llega ni a secundario? Puede ser. Otra historia, sin embargo, es que el propio Iker esté capacitado para desempeñar tareas más complejas.

No cabe duda de que él sí que aspira más, como demuestra su candidatura frustrada a presidir la Federación. Según ha contado, tiene intención de sacarse el título de entrenador aunque no sea su “vocación”. Su experiencia por ahora se reduce a haber formado parte del cuerpo técnico del Oporto en calidad de “enlace entre la plantilla y la directiva”. Gestiona además diversos negocios que, como es casi tradicional entre los futbolistas, le han reportado algún que otro problema con Hacienda. Más allá de eso, sin embargo, a día de hoy no tiene mucho que ofrecer aparte de su nombre y su cara.

Desde el punto de vista empresarial, el movimiento de Florentino es, como casi siempre, una jugada maestra. Acalla voces críticas recuperando un antiguo ídolo y se quita de en medio un agente desestabilizador en potencia. Eso sí: es una acción estratégica elogiable... a corto plazo. A largo, habrá que ver si sale bien y si aporta algo.

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