Bill Gates enseña el camino de la sostenibilidad a la gran industria española

Imagen de torre solar Solucar PS10 sita en Sanlúcar la Mayor, Sevilla, España. (Crédito imagen Wikipedia).
Imagen de torre solar Solucar PS10 sita en Sanlúcar la Mayor, Sevilla, España. (Crédito imagen Wikipedia).

La industria, a pesar de la mala prensa que arrastra por ser contaminante, es un pilar indispensable de la economía de muchas regiones. A modo de ejemplo en Asturias, mi región, existe un puñado de grandes empresas como Arcelor Mittal, Asturiana de Zinc, Fertiberia y Cristalería Española que dan sustento a miles de familias. La historia se repite en múltiples centros industriales del país, Sagunto, Bilbao, Huelva…

Todas esas empresas son técnicamente electrointensivas, es decir que basan su funcionalidad en unos niveles de consumo eléctrico muy elevados. En algunos casos, la rentabilidad de la empresa depende directamente de que los beneficios alcancen para pagar el cuantioso recibo de la luz, como tristemente saben los trabajadores de Alcoa.

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Poniendo a esta última como ejemplo, y cuando aún no se han apagado los ecos de las protestas de los trabajadores de sus plantas clausuradas en Avilés y San Ciprián, parece claro que si el resto de las anteriormente citadas empresas no se adaptan y logran transitar con éxito hacia el nuevo modelo verde (o “new green deal” como dicen los nostálgicos de Roosevelt) muchas de ellas también se verán abocadas al cierre

Y es que la crisis ecológica ha venido para quedarse. Y todo el mundo sabe que la energía intensiva con la que trabajan todas esas enormes fábricas transformadoras se basa en electricidad generada en centrales térmicas. Plantas en las que se incineran cientos de miles de toneladas de carbón cada año y que como bien saben en As Pontes (Coruña), o en Lada y Tineo (Asturias), ya están echando el cierre. Obviamente este no es un problema que afecte solo de forma local, en estos momentos el 75% de la energía que se genera y consume a nivel global proviene de los combustibles fósiles y en todas partes se enfrentan a la necesidad de cambiar el paradigma energético.

En un comienzo los pillos de siempre intentarán encontrar soluciones rápidas y falsas. Y es que la macroeconomía se basa muchas veces en esa máxima del “hecha la ley, hecha la trampa”. Es por eso que en España ya estamos viendo deslocalizaciones estratégicas que mueven las contaminantes centrales térmicas de generación a Marruecos. Más tarde se comprará la producción eléctrica al país magrebí para así reducir el ticket de emisiones en nuestro país, cumpliendo así aparentemente con los acuerdos internacionales. En realidad es el viejo truco de esconder la basura debajo de la alfombra porque la atmósfera es un bien compartido por toda la humanidad. Pan para hoy y hambre para mañana…

¡Entonces qué se puede hacer! Porque está claro que con el nuevo modelo de negocio verde irrumpiendo a marchas forzadas, va a seguir haciendo falta acero, vídrio, zinc, aluminio, etc. ¿De dónde saldrá la energía necesaria para fabricar todas esas materias primas? Abrir nuevas plantas de fisión nuclear no es una opción muy popular tras los accidentes de Chernobyl y Fukushima. A la fusión nuclear, limpia e infinita, le siguen faltando 50 años para llegar, como dice el chiste que se viene contando al menos desde hace otros 50 años. Y hasta ahora las renovables no parecían ser capaces de generar la energía y temperaturas necesarias para la actividad electrointensiva de, digamos, una acería.

Basta recordar que para que los altos hornos fundan el hierro, carbono, manganeso, azufre y el resto de elementos que componen el acero, hace falta superar los 1500 grados centígrados de temperatura.

Bien, pues no todo está perdido. Hoy escuchaba yo en la radio a un científico diciendo que existe la tecnología capaz de reducir las emisiones de gases invernadero, pero lo que no hay es convencimiento ni intención política para abordar el reto. De hecho, algunas grandes corporaciones mundiales han preferido adoptar actitudes irresponsables y tratan de negar el problema. Afortunadamente también hay grandes fortunas que se han propuesto trabajar para encontrar soluciones. Entre estos últimos se encuentra el filántropo Bill Gates, quien acaba de darnos una buena noticia llegada desde California.

Allí, una start-up financiada por el fundador de Microsoft llamada Heliogen acaba de superar los 1000 grados centígrados con su planta solar heliocéntrica experimental. Los heliostatos (espejos móviles que siguen el curso del sol) de esta instalación, han conseguido mejorar su nivel de concentración sobre la torre central de fundición gracias a un aliado tecnológico del que se oye hablar cada vez más: la inteligencia artificial.

El software empleado por esta joven empresa tecnológica, consigue posicionar de forma perfecta cada uno de los espejos, para que concentren la luz solar con la mayor intensidad posible. El secreto está en un sistema de visionado por computadora basado en cámaras de alta resolución, que trabaja con el apoyo de complejos algoritmos informáticos capaces de optimizar el ángulo de cada uno de los heliostatos.

Por lo que he podido leer en ScienceAlert, esta es la primera vez que una planta comercial ya operativa ha superado este nivel de calor. Sin duda nos marca el camino para sustituir a los combustibles fósiles en la industria por fuentes energéticas alternativas. Es cierto, en mi Asturias natal es poco probable que el sol se convierta directamente en el motor de cambio, pero en términos generales España es uno de los países de Europa que más horas de luz/radiación UV recibe por año.  

Y eso es genial, porque si se consiguiese mejorar la eficiencia de estas plantas de concentración solar, de modo que superara los 1500ºC, se podría abordar de manera seria la creación de combustibles limpios como el hidrógeno o el sintegas. Y estos combustibles pueden transportarse de un lado para el otro, cosa que no podemos hacer con el sol.

Yo ya imagino a las soleadas regiones del sur de España, produciendo de forma sostenible hidrógeno mediante electrólisis (empleando únicamente agua como materia prima) y entregando parte de su producción a las “umbrías” regiones del norte, para activar nuestras enormes fábricas y conservar el empleo. ¿Veremos hidrogenoductos recorriendo la península de norte a sur?

Confiemos en que poco a poco empiecen a surgir ideas como las de esta start-up y que los ingenieros pongan a funcionar sus inteligencias al servicio de una causa tan noble como la de salvar al planeta mientras de paso salvan nuestros empleos.

Riqueza para todos, y niveles de CO2 bajo control. ¿Quién da más?

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