Científicos idean capa antiadherente para inodoros que ahorra un 90% de agua

Retrete. (Imagen creative commons vista en Flickr / crédito: Laura Ritchie).
Retrete. (Imagen creative commons vista en Flickr / crédito: Laura Ritchie).

Muchos de mis lectores son jóvenes, tanto que no recordarán lo dura que era la vida de los “cocinillas” antes de que las sartenes con teflón llegaran a nuestras vidas. Aquel milagro antiadherente, hizo que freír un huevo con poco aceite dejara de ser una aventura “pegajosa” a la que uno se enfrentaba armado únicamente con espumadera y muchos reflejos. En aquellas viejas sartenes, bastaba un simple despiste y el huevo se incrustaba tanto en ellas, que prácticamente había que hacerle la autopsia con una espátula. Cuando uno fregaba, liberar a la pobre cazuela de su costra costaba un mundo. ¡Ah aquellos duros tiempos en la cocina felizmente superados!

 Era cuestión de tiempo que alguien recuperara esa idea y la aplicase a otro tipo de “sartén”, o más propiamente a otra “taza”, la del retrete.  No hace falta que sea demasiado gráfico con esto porque la situación es del todo familiar para todos ¿verdad? Uno acude a hacer sus cosas cómodamente sentado en el inodoro de porcelana, acaba, tira de la cisterna, echa un vistazo a su obra, y comprueba que hay ciertas “pinceladas” que el agua no se ha llevado. ¡Menos mal que la escobilla está al quite!

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Bien, pues este problemilla podría estar a punto de pasar a la historia gracias al retrete antiadherente desarrollado por Tak-Sing Wong, de la universidad estatal de Pennsylvania, en EE.UU.

Para ser fieles al invento, en realidad lo que han desarrollado es una capa “lubricante” que se aplica sobre las paredes internas del retrete para así reducir la adhesión de las heces hasta en un 90%, lo cual como comprenderéis reduce muchísimo la cantidad de agua que se necesitaría en cada descarga.

Por lo que puedo leer, Wong que tenía experiencia a nivel industrial en diseñar recubrimientos altamente resbaladizos para sustancias pegajosas, recibió una llamada en 2015 de investigadores de una universidad, para que les ayudara con un concepto que estaban creando, y que básicamente consistía en diseñar un retrete para los países en vías de desarrollo.

Esa fue la razón por la que el equipo de Wong desarrolló el recubrimiento “LESS” (siglas del inglés para superficie lisa refractaria líquida), que según explican sus autores consta de dos partes. La primera, es una capa que se adhiere a la parte interna de la taza del inodoro y que posee una especie de “nanocilios” que sobresalen, cada uno de los cuales es miles de millones de veces más fino que un cabello humano. Son estos pelillos microscópicos los que dan soporte a la segunda capa, formada por un fino recubrimiento de aceite de silicona.

El proceso de instalación, que puede aplicarse a cualquier inodoro convencional, lleva menos de 5 minutos y como he comentado antes, conduce a un ahorro del 90% en la cantidad de agua necesaria para arrastrar los detritus.

Si pasáis algo de tiempo leyendo el trabajo original, descubriréis que para demostrar su funcionalidad se realizó una prueba previa con un sucedáneo de heces fabricado en Sudáfrica (mejor no saber con qué se hace esa pasta experimental). Luego, en una segunda prueba, se diseñó un dispositivo que arrojaba heces reales (facilitadas por 5 donantes) sobre distintos modelos de inodoro. Basta con decir que los resultados fueron satisfactorios, mejor no extenderse en detalles.

¿Veremos pronto estos recubrimientos en nuestros inodoros? Es probable, aunque antes existe un pequeño problema por resolver, ya que la capa de silicona no dura para siempre y con los usos se va perdiendo (se habla de que soporta de forma estable hasta 500 descargas de la cisterna). La pregunta es ¿qué impacto en el medio ambiente tendrá esa capa de silicona que debe remplazarse periódicamente y que por tanto acaba en el alcantarillado?

Si consiguen que el modo de aplicación sea sencillo y que su uso sea eco-friendly, apuesto a que el recubrimiento LESS va a ser todo un éxito, especialmente en zonas en las que el agua no abunda.

El trabajo del equipo de Wong se acaba de publicar en Nature sustainability.

Me enteré leyendo The Guardian.

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