La insoportable levedad de Valverde

La mano del entrenador ha sido decisiva para remontar hasta tres partidos pero el equipo pierde intensidad en cada partido que juega.
La mano del entrenador ha sido decisiva para remontar hasta tres partidos pero el equipo pierde intensidad en cada partido que juega.


EDITORIAL

A Ernesto Valverde le crecen los enanos alrededor. Su Barcelona solo ha brillado en un puñado de ocasiones esta temporada y aun así en unas cuantas ha tenido que remontar. Ha bastado repetir una derrota y un empate de forma consecutiva para que la afición, harta del resultadismo sin resultados, señale a un entrenador discutido desde que el equipo cayera con estrépito en Anfield y en el Benito Villamarín. Su mano está ahí, no en vano el cuadro azulgrana ha logrado darle la vuelta al marcador en tres partidos esta temporada gracias a los cambios que ha realizado, que en la mayoría de casos han dado los tres puntos o han salvado al menos uno.

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Además, ha dotado al Barcelona de un nuevo plan B, tal y como demostró el martes ante el Slavia de Praga. Donde antes el equipo se reconciliaba consigo mismo a partir del 3-4-3 cuando el 4-3-3 no daba buenos resultados ahora lo hace con un 4-2-3-1 mucho más acorde a la experiencia de Valverde. Es un modelo que el 'txingurri' utilizó para remontar al Inter pero por primera vez en la presente campaña lo utilizó de inicio, infructuosamente, en el empate en el Camp Nou contra el cuadro checo, que se atrevió a adelantar su línea defensiva hasta casi el centro del campo y regresa a casa sin haber encajado un solo gol.

No es la primera vez que el planteamiento del entrenador, a menudo reactivo en función del rival, da alas al equipo contrario. Sucedió también en Dortmund, donde el Barcelona apenas remató una sola vez a puerta. Entonces Leo Messi estaba todavía a medio gas y el equipo acusaba todavía una mala pretemporada, más pendiente de los viajes para hacer caja que de la preparación física. Hoy, sin embargo, el equipo está bien físicamente y aun así se muestra todavía más desalmado y más falto de intensidad que entonces.

La necesidad de tener que remontar tan a menudo y que Valverde tenga que corregir errores demuestra que sigue habiendo mucho por rectificar. Más de lo deseable a estas alturas de la temporada, con un Barcelona que solo suma nueve victorias en dieciséis partidos. Es líder tanto en la Liga como en la Champions League pero las sensaciones en cuanto al juego son las de un equipo que, lejos de evolucionar, se deconstruye. Al grupo le sigue costando un mundo generar ocasiones aunque la defensa contraria esté a varias decenas de metros de su propia portería. Qué diantres, si hasta en un par de ocasiones ha acabado el partido sin tirar al muñeco siquiera.

A ello hay que unirle la endeblez defensiva que está obligando a vivir tantas remontadas. El equipo ha encajado 14 goles hasta el momento, casi uno por partido, y solo ha mantenido la puerta a cero en cinco ocasiones, aunque en dos también fue incapaz de marcar. Y si bien es cierto que Valverde se ha sacado de la chistera a Ansu Fati y a Carles Pérez, también lo es que la gestión de la situación de Ivan Rakitic y Carles Aleñá es, cuando menos, mejorable. Sin olvidar que la joya del filial, Riqui Puig, sigue sin haberse mostrado con el primer equipo esta temporada.

Globalmente hay que tener en cuenta que Valverde es rehén de una planificación también mejorable. El Barcelona sigue sin un recambio para Luis Suárez y ha fichado a Antoine Griezmann para jugar en una posición que no es la suya. Más allá de Jordi Alba no cuenta con laterales de garantías y a pesar de insistir en el 'overbooking' en la zona media las rotaciones no afectan a todos sus centrocampistas. Pero no hay que olvidar que Valverde también tuvo poder de decisión en la planificación y su mano se sigue notando, y mucho, en el equipo. Sucede que, lejos de mejorar, el equipo da muestras de empeorar y el entrenador no transmite, por lo menos cuando habla en público, ni liderazgo ni capacidad para volver a reconectar un equipo sin alma.

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