El multimillonario polémico que está tras el Madrid Open

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Ion Tiriac, de brazos cruzados y cara seria, sentado en la grada de una pista de tenis.
Ion Tiriac viendo un partido de tenis desde la grada. Foto: Matthew Stockman/Getty Images.

El Madrid Open de tenis de este año se está disputando en estos días; por ahora ha dado tiempo a poco más que a jugar unos cuantos partidos de las rondas previas de clasificación. Y sin embargo, ha sido suficiente para que surja la primera gran polémica. El motivo no es otro que la ausencia de Serena Williams, debido al conflicto que mantiene con el organizador del torneo: Ion Tiriac.

La jugadora estadounidense siente, muy probablemente con razón, que el directivo le ha faltado al respeto en varias ocasiones; aquí te contamos de forma detallada la secuencia concreta de los hechos. Lo cierto es que esta bronca con Serena no es, ni mucho menos, la primera gran polémica que protagoniza Tiriac. Su trayectoria incluye un historial muy amplio de desencuentros y broncas que le convierten en uno de los personajes más pintorescos del circuito.

Porque Ion Tiriac (pronúnciese "Tsiriak") es un personaje de otro tiempo. Este excéntrico multimillonario rumano nació hace ya 81 años, pero para algunas cosas parece que su mentalidad se ha quedado ahí atrás. Además de que no se muerde la lengua y cuando considera que tiene algo que decir, lo suelta sin pensar en las consecuencias ni en si su mensaje es sensato o no.

Tiriac, natural de la ciudad de Brasov en plena Transilvania (motivo por el que, de forma muy poco original, se le apodó "Conde Drácula"), puede presumir de haber tenido una carrera deportiva tan brillante como atípica. De niño fue un pequeño prodigio del tenis, pero de la versión de mesa; sin embargo, más adelante optó por dedicarse al hockey sobre hielo. Ahí, como defensa, también destacó mucho, hasta el punto de convertirse en uno de los mejores del país y formar parte de la selección nacional que participó en campeonatos del mundo y en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1964.

Tras una pelea más descontrolada de lo habitual, recibió una sanción de por vida que le hizo cambiar de deporte otra vez (si bien él aseguró en alguna entrevista que el motivo real era que quería buscar algo que le permitiera viajar al extranjero con frecuencia). Volvió al tenis, pero esta vez al grande. Y no se le dio nada mal. Famoso en el circuito por su carácter fuerte y su enorme bigote, llegó a ser el número 8 del mundo y a ganar numerosos torneos, la mayoría de ellos en dobles haciendo pareja con su compatriota Ilie Nastase. Juntos se impusieron en Roland Garros en 1970 y fueron finalistas cuatro años antes. También formó parte del equipo nacional rumano subcampeón hasta en tres ocasiones de la Copa Davis.

Ion Tiriac sujeta la raqueta esperando a recibir un saque
Ion Tiriac, en 1973, durante su etapa de jugador. Foto: Evening Standard/Hulton Archive/Getty Images.

Su trayectoria en el tenis está repleta de todo tipo de anécdotas, algunas ciertas, otras posiblemente inventadas para magnificar su aura de tipo excéntrico. Hay una que sí es verídica. En los años '70 hubo intentos por establecer torneos mixtos en los que hombres y mujeres compitieran entre sí en completa igualdad de condiciones, sin distinción de categorías. Tiriac fue el primero que jugó en partido oficial contra una mujer: la semidesconocida estadounidense Abbie Maynard, en el torneo de Fairfield (Connecticut) de 1975. El resultado: un doble 6-0 sin despeinarse un pelo del mostacho.

Tras su retirada a finales de los '70 siguió vinculado al mundo del tenis, pero como entrenador. En este sentido fue un pionero, porque nadie hasta entonces se había especializado en dirigir de forma individualizada las prácticas de jugadores concretos; lo habitual era hacerlo en grupos. Se hizo cargo de su antiguo compañero Nastase, y también de otras figuras de la época como el argentino Guillermo Vilas (razón por la que aprendió castellano), Mary Joe Fernández, Marat Safin o Goran Ivanisevic. También se convirtió en el agente de Boris Becker durante buena parte de su carrera.

En paralelo, aprovechó las ganancias que había obtenido en su etapa como jugador y el sueldo que recibía como entrenador para hacer negocios. En los '80 se marchó a Alemania Occidental e hizo varias inversiones que ayudaron a incrementar su fortuna, además de algún que otro anuncio de televisión que le permitió conservar su popularidad. Luego, con la caída del régimen comunista en su Rumanía natal, aprovechó para abrir varias empresas con los que multiplicó sus ganancias. Suyo fue, por ejemplo, el Tiriac Bank, la primera entidad privada de crédito del país.

Ya convertido en billonario (Forbes le ha llegado a listar entre las 1.000 personas más acaudaladas del mundo), ha llevado el típico ritmo de vida de rico derrochador, con sus múltiples mansiones y su colección de coches de lujo incluidas. Pero no por eso se ha apartado del mundo. Ha sido, por ejemplo, presidente del Comité Olímpico Rumano entre 1998 y 2004. Y ha organizado numerosos torneos de tenis incluidos en el calendario.

Que hoy el Madrid Open sea un momento importante en el calendario, por ejemplo, es responsabilidad suya. El campeonato se empezó a jugar en 2002 en pista rápida y era una cita menor. Pero en 2009 Tiriac compró los derechos de organización, lo reestructuró por completo y lo transformó en todo un Masters 1000, creando además una categoría femenina que también está solo un escalón por debajo de los Grand Slams.

Precisamente para potenciar el torneo madrileño se le ocurrió una innovación radical: trasladarlo al mes de mayo, antes de Roland Garros, y cambiar la superficie a tierra batida... pero de color azul. Muchos jugadores, como Rafa Nadal, protestaron porque era más resbaladiza de lo habitual y además se confundía con las vallas de publicidad que había alrededor, lo que dificultaba el juego. Tiriac, sin embargo, alegaba que gracias a ella la visibilidad de la pelota era mucho mayor durante las retransmisiones de televisión, lo que ayudaba a incrementar la audiencia.

Serena Williams tras caerse al suelo durante un partido de tenis
Serena Williams resbala en la tierra batida azul durante el Madrid Open de 2012. Foto: Mike Hewitt/Getty Images.

El experimento no gustó a la ATP, que lo prohibió tras solo un año y se volvió a la arcilla normal y corriente, del tono marrón anaranjado habitual. Pero no fue esa la única actuación controvertida. Causó mucho ruido su decisión de sustituir a los niños que habitualmente ejercen de recogepelotas por modelos de pasarela. Eso sí, al menos no fue sexista... o sí, pero de forma paritaria: puso mujeres en los partidos masculinos y hombres en los femeninos.

Luego, aparte de estas ideas más o menos descabelladas, están sus declaraciones. Desde su atalaya privilegiada se puede permitir no dejar títere con cabeza y atacar al mismísimo Nadal, de quien, en sus primeros años de carrera, allá por 2005, llegó a decir que "su caso es llamativo porque gana partidos y no sabe jugar al tenis. Gana por motivación, por dedicación y porque tiene una velocidad en el golpeo de la raqueta superior en un 10 % a la de cualquier otro. También creo que necesita perder unos cinco o seis kilos, así estaría más ágil". Justo es reconocer que tiempo más tarde rectificó y alabó su carácter competitivo, aunque con respecto a su presencia en su torneo de Madrid insistió en que "si no quiere o no puede venir, lo respetamos, pero el torneo continuará. Lo aceptamos con los brazos abiertos, pero no le rogamos. Sin Nadal, Madrid seguiría siendo un evento grande".

La velocidad en el tenis es precisamente otro aspecto que no le convence, y Tiriac lo aprovecha para criticar a la generación actual de jugadores. "Disfrutaría mucho más viendo a Santana, Nastase o McEnroe que a estos que le pegan a la pelota como si fuera la última de su vida. La velocidad del tenis masculino actual se incrementó casi en un 50 %. Yo aumentaría el tamaño de la pelota en un 10 %, así la velocidad del juego masculino bajaría automáticamente entre un 30 y un 40 %. Aparecerían los jugadores más vistosos, los que pueden manejar la pelota y acercarse a un tenis más clásico, no tan explosivo".

Aparte de eso, el magnate rumano tampoco es particularmente apreciado entre las jugadoras, porque cada vez que habla de ellas las menosprecia. Para muestra, la entrevista que concedió a El Mundo allá por 2016, en la que se le preguntó por la conveniencia de igualar la cantidad de dinero que conceden los torneos. "Le diré, respetuosamente, que a mí me gustan mucho las mujeres, especialmente cuando tienen las piernas largas y son suaves y elegantes. También son elegantes en la cancha de tenis. Yo no tengo problema en darles premios iguales, pero que me traigan los mismos resultados económicos que los hombres. Cuando la audiencia de los partidos masculinos es cuatro veces mayor que la de los femeninos, hay un problema con equiparar los premios".

Teniendo en cuenta su edad más bien avanzada, parece poco probable que en algún momento se produzca en él un cambio de mentalidad. Y tratándose de una figura tan poderosa como la suya hay que ser especialmente cauteloso, pues siempre está ahí el riesgo de que decida llevarse su torneo a otra parte, con las consecuencias económicas que eso tendría. Por ahora parece que no nos va a quedar más remedio que aprender a convivir en Madrid con las rarezas de este hombre tan peculiar.

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