La llamada a la familia, un subgénero español

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Jul 24, 2021; Chiba, Japan; Panipak Wongpattanakit (THA) fights Adriana Cerezo Iglesias (ESP) in the in the women's -49 gold medal match during the Tokyo 2020 Olympic Summer Games at Makuhari Messe Hall A. Mandatory Credit: James Lang-USA TODAY Network
El artículo de hoy va de patadas. (Foto: James Lang-USA TODAY Network)

El pasado sábado, tras la clasificación de Adriana Cerezo para la final, me dio por plantear en Twitter una encuesta acerca de los diálogos que los medallistas españoles mantienen con sus padres en las emisoras de radio. La pregunta, que recibió más de 5.500 votos, tenía dos posibles respuestas: “Momentazo”, opción elegida por el 17,9%, y “Apago la radio”, que se impuso con el 82,1% restante.

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Un par de horas más tarde, en la misma red social, Isaac Fouto, periodista de la Cadena Cope (Departamento de Noticias), calificó la encuesta como “tendenciosa”. O mejor dicho, aludió a una encuesta “tendenciosa”, pues evitó citarme. Luego se confirmó que sí, que se refería a la mía, por más que en ella se ofrecieran dos opciones contrapuestas y por más que nada en su enunciado pretendiera inclinar el voto hacia una en detrimento de la otra. Una encuesta tendenciosa habría sido, por ejemplo, la siguiente:

¿Qué opinas de los magníficos árbitros españoles, los mejores del universo?

Opción A - Siempre aciertan.

Opción B - Nunca se equivocan.

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En la madrugada del sábado al domingo, esta vez en antena, Fouto volvió a lanzarme algún dardito (“qué cosas hacemos en la radio, hay que ver”). Y este lunes, tras el bronce de David Valero en mountain bike (y la correspondiente conversación, en este caso con su esposa), atacó con un nuevo tuit: “El ‘momentazo’ de David Valero en la radio tras conseguir la medalla con su mujer supera ya las 13.500 visualizaciones. Para no interesarle a nadie según las ‘encuestas’ no está mal”.

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Tras indicarle yo el resultado de la encuesta, Fouto optó por llevar la charla al terreno personal. Podríamos haber debatido educadamente sobre el asunto de las llamadas, pero por algún motivo él prefirió poner el foco en mi vida. O mejor dicho: en lo que él se imagina que es mi vida. Pese a no haber hablado jamás conmigo y desconocer cómo vivo o a qué me dedico más allá de estas maldades mías de La Libreta, Fouto diagnosticó que me falta “salir algún día a la calle y respirar aire fresco” y así descubrir que “hay vida más allá del mundo Twitter”. Argumentar que Twitter sólo representa a una (pequeña) fracción de los oyentes de radio habría sido más sencillo y razonable, pero también menos ofensivo. Antes de despedirse diciendo que su emisora es “LÍDER en deportes” (las mayúsculas son suyas) y de recordarme dos veces que él estaba en Tokio (y que yo no), Fouto hizo algo menos pueril y un bastante más retorcido: tratar de hacerme responsable de “alimentar” los numerosos —y lamentables— insultos que, al calor de la conversación, estaba recibiendo. Debo decir que él en ningún momento me llamó “imbécil”, como sí hizo con José Joaquín Brotons cuando le acusó de cobrar de Mediapro/LaLiga, así que supongo que en el fondo no salí muy mal parado.

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Y todo esto, recordemos, por una simple encuesta. Por atreverme a cuestionar esa tradición tan arraigada, casi un subgénero en el periodismo deportivo español. Algo sagrado, por lo visto. Mejor no pensar qué habría pasado si, en lugar de limitarme a sondear al personal, hubiera escrito, por ejemplo, que esas conversaciones me huelen un poco a rancio. ¡Lo que acabo de escribir! Un poco rancio, sí. Datan de la época de José María García, nada menos, y me parece lo típico que se sigue haciendo por pura costumbre, nada más. Tenían sentido en Los Angeles 84 o Seúl 88, por ejemplo, no tanto ya en el actual mundo hiperconectado. Intuyo que gustan (mucho) más a los periodistas que a los oyentes, así que aquí seguimos, escuchando diálogos, a menudo forzados, entre dos personas que acaban de decirse lo mismo en otra emisora tres minutos antes, esperando a que acabe la ronda de entrevistas para poder mantener una conversación de verdad.

Y en eso más o menos consiste, ahora sí, mi controvertidísima opinión al respecto. Por supuesto, imagino que también habrá gente a la que le guste escuchar esos diálogos, oyentes que crean que eso humaniza al deportista y lo acerca al público, sobre todo ahora que las grandes estrellas —las del fútbol— son tan calculadoras y poco accesibles. Yo no pretendo quitarles ese gusto, por más que no lo comparta. Las 13.500 reproducciones que mencionaba Fouto son más de 32.000 en el momento en que escribo este artículo y serán muchas más cuando ustedes lo lean. Son datos en busca de contexto, como los de mi encuesta, que sólo era eso: una estúpida encuesta de Twitter respondida por los que en ese momento pasaban por allí, no un estudio científico ni de mercado, ni aún menos el torpedo que algunos han querido ver volando hacia su línea de flotación. 

Apúntenme en el lado de los que no ven en la llamada a los papás la joya de la corona del periodismo olímpico sino más bien un recurso anacrónico y más que trillado. Dicho esto, no tengo el menor problema en que las emisoras lo perpetúen y hasta nos lo vendan como “la magia de la radio” si quieren. Cosas más ridículas se podrían hacer. Por ejemplo, entrevistar al campeón de los 100 metros lisos minutos después de su carrera y preguntarle si le gusta más el Real Madrid o el FC Barcelona. No, no creo que lleguemos a ese punto.

Tengo que salir a la calle, disculpen.

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