La ovación a Ayuso confirma que en el Madrid Open el tenis es lo de menos

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Madrid's regional president Isabel Diaz Ayuso waves as she attends the 2021 ATP Tour Madrid Open tennis tournament singles final match at the Caja Magica in Madrid on May 9, 2021. (Photo by OSCAR DEL POZO / AFP) (Photo by OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images)
Isabel Díaz Ayuso saluda al público del Madrid Open. Foto: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images)

Quizá el lector tenga la falsa sensación de que el Madrid Open es un torneo nuevo en el circuito, aunque lleva disputándose desde 2002. Primero en pista rápida. A partir de 2009, y ya con la condición de ser el cuarto Masters 1.000 del año, en tierra batida, una superficie más representativa del tenis español. Uno podría pensar que, a las puertas de su vigésimo aniversario, el torneo ya habría generado una tradición propia. Lo intentó infructuosamente con la introducción de la novedosa arcilla azul, que no gustó nada y finalmente fue sustituida. Pero aquello no era más que un retoque estético a un evento que, todavía, se percibe como un recién llegado. El maquillaje a una fecha en el calendario que este domingo evidenció su gran problema: no tiene alma.

O si la tiene, mejor dicho, el tenis no forma parte de ella. Se congratulaba la organización de que, a diferencia de otras citas tenísticas, la de la capital de España iba a ser un torneo con público en las gradas. Sin embargo, en su partido más importante, la gran final, la presencia de aficionados convirtió un encuentro por dirimir el campeón en una suerte de festival político, en el que la recién reelegida presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no solo recibió una ovación mayor que la de cualquier tenista a su llegada a la Caja Mágica. Sino que, además, entre puntos, se colaron vivas a su figura, demostrando que, para los allí presentes, el choque entre Alexander Zverev y Mattteo Berrenttini era lo de menos.

Negar el componente elitista del tenis, al menos en algunos lugares del mundo, sería de necios. Es un deporte que, quizá más en el pasado que actualmente, resulta caro de practicar y, además, tradicionalmente se ha restringido a clubes privados a los que no todo el mundo puede acceder. Una barrera que, por ejemplo, comparte con el golf o, incluso, el automovilismo. Aunque en el caso del tenis se ha ido derribando poco a poco. No obstante, dados estos antecedentes, se puede asumir que el público que asiste a un torneo de tenis pueda tener, por decirlo de alguna manera, una tendencia conservadora superior a otros eventos deportivos de similar nivel. Claro que otra cosa es que sea un coto cerrado y se convierta en la celebración de una opción política determinada. Especialmente si es a costa de los que allí juegan.

La cara de Zverev al ver la ovación a Ayuso es el meme del fin de semana. Pero su incomprensión, que es la de muchos aficionados al tenis en España, no se debe a su más que probable desconocimiento de la política local madrileña, sino a lo inédito de la situación. Al hecho de que solo unos pocos tuviesen la oportunidad de ver tenis en directo, después de tanto tiempo, y lo utilicen para dar rienda suelta a sus filias políticas porque, en el fondo, el tenis les da igual.

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Es difícil imaginar un escenario similar en el Godó, sin ir muy lejos. Pese a ser un torneo de rancio abolengo, nombrado en honor a un conde ni más ni menos, y a que parte de la burguesía catalana puebla sus gradas -cuando está permitido, claro-, en la cita de Barcelona se respira tenis. Juegue quién juegue. Llegué a la final Nadal, que lo ha ganado en 12 ocasiones, o no. 

En la capital, sin embargo, es otra cosa. Y no solo se restringe al tenis, ojo. También sucedió, por ejemplo, en el Mundial de baloncesto de 2014, cuando la sede de Madrid en el Palacio de los Deportes se convirtió en una colección de palcos VIP que eliminaron el factor cancha a favor de la selección española. Entonces, los chicos de Orenga cayeron contra pronóstico en cuartos de final contra Francia, el rival continental por excelencia. Toda una decepción que mató por completo al torneo, pues nunca estuvo pensado para los aficionados al basket. El Madrid Open está conceptuado como un evento social, al que los VIPs van a dejarse ver, y, si tienen suerte, a ver a Nadal. Porque cuando el mallorquín no está en pista, y es más común de lo que cabría pensar porque el de la Caja Mágica no es, ni mucho menos, su torneo fetiche, los boxes reservados a la gente guapa se vacían misteriosamente. O, lo que es peor, se dedican a otra cosa como sucedió el domingo.

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