Atropella y mata a un hincha rival cuando sus equipos ni siquiera jugaban entre ellos

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Hinchas del Vultur Rionero, equipo al que apoyaba el aficionado atropellado. Foto: Twitter @u1tramir
Hinchas del Vultur Rionero, equipo al que apoyaba el aficionado atropellado. Foto: Twitter @u1tramir

El deporte como mero espectador quizás no sea tan sano como cuando se está dentro de la pista sudando y esforzándose, pero también es una afición muy respetable que comparten millones de personas en todo el planeta. Innumerables equipos canalizan el fervor de los hinchas, quienes establecen con ellos una relación apasionada y visceral. Lo malo llega cuando algunos transforman esa pasión en locura y llegan al extremo de cometer crímenes amparándose en sus colores favoritos.

El último ejemplo, particularmente sórdido, viene de Italia, concretamente de la región sureña de Basilicata. Allí un vehículo conducido por un seguidor del Melfi atropelló a un grupo de aficionados del Vultur Rionero, matando a uno de ellos e hiriendo a varios otros. Tres tuvieron que ser hospitalizados, de los que uno permanece ingresado con fracturas en un brazo y una pierna; los otros dos, afortunadamente, presentaban lesiones menores y fueron dados de alta al poco tiempo.

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Estos clubes pertenecen a dos localidades limítrofes de la provincia de Potenza, ambas en torno a los 15.000 habitantes, con una gran rivalidad histórica entre ellos. Los equipos militan en el grupo A de la Eccellenza, la quinta categoría del fútbol italiano, que en España equivaldría al máximo nivel regional, cuya denominación cambia según la comunidad autónoma aunque en casi todas partes se llama Preferente. Pero se da la extraña circunstancia de que Melfi y Rionero no jugaban entre sí este domingo, cuando han ocurrido los hechos.

El Melfi fue a casa del Real Tolve, con el que empató a 1, mientras que el Vultur tenía que visitar al Brienza, aunque el encuentro se suspendió debido a la tragedia; ambos enfrentamientos, como casi todos los de la competición, estaban previstos para la misma hora (domingo a las 14.30). Los aficionados se cruzaron durante el viaje en un área de servicio en la localidad de Vaglio, cerca de Potenza capital, donde ambos grupos de hinchas se detuvieron para hacer una pausa en el camino.

La policía está investigando todavía las causas que originaron la discusión. Lo que sí se sabe con certeza, según cuenta el diario local Next, es que un Fiat Punto conducido por un hincha del Melfi de 30 años de edad (que ya ha sido detenido), identificado como Salvatore Laspagnoletta, y con otros dos seguidores a bordo, arrolló a las víctimas y se dio a la fuga sin socorrerles. El fallecido se llamaba Fabio Tucciariello y tenía 39 años.

Una primera reconstrucción de los hechos parece indicar que Tucciariello y los demás heridos estaban intentando bloquear la salida de los de Melfi cuando fueron embestidos de forma intencionada. De hecho, se cree que durante el viaje las hinchadas ya se habían cruzado antes en otra vía de servicio y que en Vaglio unos estaban esperando a los otros, aunque los investigadores aún no están seguros de quién inició las hostilidades. En las pesquisas posteriores la policía se incautó de objetos contundentes como palos y puños americanos. De hecho, hay otros 24 ultras del Vultur en arresto domiciliario, acusados de tenencia ilícita de armas.

Las circunstancias del suceso, que ha involucrado a equipos que ni siquiera jugaban entre sí, lo hacen particularmente llamativo. Pero no es sino uno más de tantos episodios sangrientos a los que, por desgracia, el fútbol italiano, especialmente el del sur del país, se está acostumbrando sin que nadie sepa bien qué hacer para evitarlo. Piques enconados, muchas veces de siglos de antigüedad, entre pueblos cercanos, tienden a resolverse por medio de la agresividad más extrema, trasladándose al deporte porque es la mejor excusa que tienen para pelearse.

Ha habido casos muy sonados, como cuando en 2007 se suspendió toda la jornada en la Serie A porque un policía fue asesinado durante los enfrentamientos entre hinchas del Catania y el Palermo. Sin llegar a extremos de funerales, los casos en que un arma blanca sale a relucir son tristemente habituales, igual que las amenazas de muerte que han llegado a interrumpir o suspender partidos. En este sentido no son pocas las voces que piden detener los campeonatos para acabar con esta lacra. El prefecto de Potenza, Annunziato Vardè, ya ha dicho que se plantea excluir de la competición a ambos clubes para evitar problemas en el futuro

Por supuesto, a los equipos implicados no les suena nada bien, ya que se consideran los grandes perjudicados; recuerdan que el crimen ha tenido lugar en una carretera, a gran distancia de cualquier estadio, donde las entidades deportivas no tienen potestad alguna. Y en rigor no les falta razón con que semejante medida probablemente tendría poca eficacia. Con las consabidas excepciones correspondientes a toda generalización, la violencia forma parte del carácter local del que, aunque suene a tópico, han surgido las organizaciones mafiosas más famosas del mundo, que no se consiguen erradicar aunque el Estado italiano lleva décadas luchando contra ellas (al menos de cara a la galería). La de los ultras del fútbol es solo una cara más de un problema social complejísimo que, con muchísima probabilidad, nos obligará a contar noticias igual de desagradables en un futuro no demasiado lejano.

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