Que alguien devuelva el juguete al niño, por favor

Rakitic controla el balón en un partido en el Camp Nou. Foto: Quality Sport Images/Getty Images.
Rakitic controla el balón en un partido en el Camp Nou. Foto: Quality Sport Images/Getty Images.

No soy mucho de entrevistas a jugadores. Llámenlo timidez, desgana o simplemente sensación de perder y hacer perder el tiempo. Por suerte o por desgracia, haber sido presentador de programas de radio en Barcelona durante casi dos décadas me ha llevado a acumular montañas de ellas y, aún a riesgo de sonar asquerosamente pedante, a aborrecerlas. Casi siempre son lo mismo. Por ambas partes. Nosotros y ellos. Cada vez es más difícil escapar del laberinto de tópicos que la tradición futbolístico-periodística ha diseñado para nosotros. A veces aparece alguna excepción, como una charla que iba a ser de media hora con Javier Mascherano pero que, una vez allí, acabó durando una hora y cincuenta minutos y haciendo saltar por los aires cualquier cosa parecida a una escaleta de programa de radio. Maravillosas anomalías que uno cuenta con los dedos de una mano y media. Iván Rakitic fue una de ellas.

Hacía cinco días que había firmado por el Fútbol Club Barcelona. Dos, desde que se había hecho oficial. A diferencia de lo que me había sucedido con Mascherano, que nos desarmó a Jordi Costa y a mí en el cara a cara de una sala de la Ciudad Deportiva Joan Gamper, la de Rakitic iba a ser vía telefónica. Por eso no acudí con demasiadas expectativas. Más allá de su acento andaluz “salao” y su ilusión por vestir de azulgrana, que este año me duele recordar, hubo algo que acabaría en las portadas del día siguiente. Cuestionado por si era consciente de las diferencias de nivel entre Sevilla y Barça a las que debería adaptarse con celeridad, topicazo de pregunta por obra y gracia del abajo firmante, Rakitic convirtió una mala pregunta en una buena respuesta, como suelen hacer los buenos entrevistados:

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“En el Sevilla todos corrían para que yo pudiera lucirme. Aquí voy a matarme a correr yo para que mis compañeros se luzcan.”

 La frase me llamo la atención. No fue tanto por el contenido, porque sabía que llevaba repitiendo algo similar durante toda la semana a los compañeros de la prensa local de Sevilla. Fue más por la forma, por esa mezcla de humildad y convicción, como avergonzado por estar a ese nivel pero a la vez consciente de que lo que estaba diciendo era la pura verdad y que iba a demostrarlo pronto. Cerré los ojos y cuando los volví a abrir estábamos ambos en Berlín. Yo cubriendo la final de la Champions y él marcando un gol en los primeros instantes del partido. El resto es historia.

Por eso, cuando le veo en Universo Valdano explicando que es como un niño al que le han quitado el juguete o le leo en la prensa de su país decir que no ha venido aquí a hacer turismo, sigo sin entender qué ha pasado, lo cual en un periodista deportivo de Barcelona es aún más humillante.

Es evidente que estamos ante los últimos coletazos de Rakitic en el Barça. A nadie se le escapa que en el mes de Enero ni él ni el club entran en los planes de futuro del otro. Faltará concretar cifras, destinos -probablemente Italia- y plazos finales. Pero el croata ya es historia. Algo que si nos llegan a decir el año pasado a estas alturas, cuando Iván era la extensión de Valverde en el campo y uno de los jugadores más sobreutilizados, nos hubiéramos echado unas buenas risas.

Rakitic con su juguete favorito, el balón. Foto: Eric Alonso/MB Media/Getty Images.
Rakitic con su juguete favorito, el balón. Foto: Eric Alonso/MB Media/Getty Images.

Estaba cantado que, desde el momento en que el club anunció el fichaje de De Jong - uno de los aciertos estratégicos más grandes de las últimas décadas- los minutos de Rakitic iban a verse sensiblemente esquilados. Pero es que los han despellejado. No han dejado nada. Si uno mira las cifras, se da cuenta de que hay diecisiete jugadores que juegan más que Rakitic. Diecisiete.¿Creen ustedes que el Barça tiene diecisiete futbolistas mejores que una de las piezas claves del equipo dominador de la Liga y de la selección revelación en los últimos años, hasta el punto de llegar a ser subcampeona del mundo? Tan solo han jugado menos que él expedientes médicos como el de Umtiti, casos perdidos - para Valverde- como el de Aleñà o directamente jugadores que ya no están, como Rafinha.

Una cosa es jugar menos que De Jong, obvio y necesario, la otra es que Arturo Vidal, Sergi Roberto y un utillero que pase por ahí un día tengan más opciones que tú de ocupar la posición de interior en el centro del campo que has ayudado a moldear durante años.  El rendimiento de Rakitic ha bajado, es evidente (como el de casi todos)  El club le quiere vender y le va a vender, de acuerdo pero ¿tanto cuesta aprovecharle un poco más estos meses? Ya no es por decoro, por tacto, por imagen, por agradecimiento a los servicios prestados o por evitar entrevistas desagradables como la de estos días. Es por el bien del equipo. Para ganar partidos. Hoy, de aquél jugador que vino aquí a correr para los demás ya casi no queda nada. Ni le dejan lucirse ni le dejan correr para que otros se luzcan.

El niño no se ha portado tan mal como para que el padre le quite el juguete. Es más, ha sacado buenas notas desde hace muchos años. 

Por favor, que alguien se lo devuelva. 

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