Clemente y De la Morena, ante el espejo

La Libreta de Van Gaal
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Parecía un buen fichaje (?). (Foto: Onda Cero)
Joserra lo sigue petando. (Foto: Onda Cero)

Tener una columna fija, un día a la semana, es fenomenal para la rutina del que escribe —y quizá también para la del que lee— pero te hace llegar tarde a algunos temas y, aunque sólo sea por el qué dirán, los acabas pasando por alto. No querría que fuera el caso de la entrevista con Javier Clemente que, hoy hace ya siete días, publicó el diario ‘El Mundo’, y a la que se pueden aplicar todos los tópicos al uso: Clemente se despachó a gusto, Clemente en estado puro, no dejó títere con cabeza, sus respuestas no tienen desperdicio, declaraciones explosivas… Elijan su favorito.

Uno de los que salieron peor parados del habitual exceso verbal de Javi fue su archienemigo José Ramón de la Morena. "Es un mal bicho y un profesional de la información nefasto, porque es un fantasma, un fantoche y un cobarde”, le atizó Clemente. “Si hubiera sido valiente, se hubiera enfrentado a mí cara a cara, pero como no le gustaba lo que yo decía, me cortó el micro en directo. Malo, mentiroso y cobarde. Pleno. Y el que es malo, es malo toda la vida. Así que sigue siéndolo".

Por la noche, como era de esperar, De la Morena respondió a Clemente en su programa ‘El transistor’ de Onda Cero. “Este pobre hombre ‘acabao’ no se atreve a mirarse en el espejo, porque vería el sapo en el que se ha convertido”, sentenció tras diez minutos en los que no faltó la anécdota más contada en la historia de la radio deportiva española: la noche que varios periodistas —incluido él— cenaron en un Planet Hollywood de Chicago durante el Mundial 94 haciéndose pasar por jugadores de la selección.

“Ha reaparecido Clemente. Seguramente tú no sabes quién es, porque eres muy joven”, se dirigió Joserra a sus legiones de oyentes millennials, para los que resumió así el palmarés de Javi: “Fue un nefasto entrenador que enterró equipos en Segunda y destrozó al Espanyol abortando una final de la UEFA que tenían ganada”. Clemente enterró equipos como Joserra entierra los dos títulos de Liga que conquistó con el Athletic en los ochenta. Algo así como glosar la figura del propio De la Morena eludiendo sus años en ‘El larguero’ de la Cadena SER, cuando arrebató el liderato de la noche a José María García, y centrarse sólo en sus paupérrimos resultados —no sólo de audiencia— durante los cuatro años que lleva al frente de ‘El transistor’.

En su réplica, Joserra se rio por enésima vez de los intentos de Clemente por aprender a tocar el saxofón. Para burlarse, lo llamaba ‘El barco en la niebla’ porque, claro, Clemente nunca alcanzó el virtuosismo que Joserra pudo mostrar cantando en ‘El hormiguero’. Quizá hasta piense que lo hace bien.

También recibió una caricia el periodista Iñako Díaz-Guerra: “Cuando alguno de su calaña le hace una entrevista y se considera muy importante porque ha hecho una entrevista a Clemente insultando a gente, cree que esa es su gracia”. Y eso que Iñako, bastante más elegante, había preferido omitir ese pasaje sangriento al tuitear el resultado de su charla:

Joserra contó que Clemente soltaba un “¡Lástima bomba!” al dejarse caer por el estudio de la SER en el hotel de Chicago: “Son las amenazas que hacía el valiente este”, recuerda Joserra, que en amenazas también tiene experiencia: “Por las buenas nos vamos a entender, pero por las malas lo vas a llevar mal, Carlos”, avisó hace año y medio en antena al jefe de prensa del Real Madrid por no dar turno de pregunta a un reportero de su emisora.

“Pensé que Clemente estaba ‘internao’ en una clínica geriátrica para gente con problemas, pero resulta que anda suelto y cada vez que puede me insulta”, dijo también Joserra. Él, por supuesto, no insultó a Clemente. Se limitó a llamarle “rastrero”, “cobarde”, “tirano”, “toro manso y traicionero”... además de decir que no sabe leer, que lo que en realidad se le da bien es soplar/chupar y que el vino le sienta fatal.

Dice Joserra que Clemente, pobre hombre ‘acabao’, no se atreve a mirarse al espejo. Viendo las cosas que le desagradan, no puedo evitar preguntarme qué pensará si algún día se atreve a mirarse él.

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