José Alvarado logra un contrato millonario en la NBA sin seguir el camino habitual

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NEW ORLEANS, LOUISIANA - MARCH 02: Jose Alvarado #15 of the New Orleans Pelicans dribbles the ball down court during the first quarter of an NBA game against the Sacramento Kings at Smoothie King Center on March 02, 2022 in New Orleans, Louisiana. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. (Photo by Sean Gardner/Getty Images)
Jose Alvarado ha logrado el sueño de jugar en la NBA de la forma menos convencional. Foto: Sean Gardner/Getty Images.

Con una sonrisa de oreja a oreja y haciendo una videollamada a sus padres, José Alvarado (Brooklyn, NY, 1998) firmaba su nuevo contrato con los New Orleans Pelicans. “No puedo explicar con palabras lo mucho que he soñado con esto. Finalmente lo he conseguido y es increíble. Es un sueño hecho realidad. Con estas palabras describía el acto de plasmar su rúbrica en un contrato de cuatro años de duración y 6.5 millones de dólares, justo antes de los Playoffs. Alguno pensará que no es para tanto teniendo en cuenta los sueldos que se mueven en la NBA, pero en el caso de Alvarado hay que mirar más allá del dinero. La suya es una historia de esas de película. De esas que dejan claro que el sueño americano existe.

De ascendencia puertorriqueña, José Alvarado destacó en su época de instituto siendo uno de los mejores jugadores del país y brillando con el uniforme del prestigioso Christ The King neoyorquino. Allí se ganó por derecho propio una beca universitaria y se enroló en Georgia Tech. El problema llegó cuando la NBA le pasó por alto. Pero a ese momento ya llegaremos. Antes hay que remontarse un poco atrás, cuando el base de los Pelicans criado en el barrio de Brooklyn, empezó a dar forma a su juego en las canchas callejeras, llevando su estilo de playground al ‘baloncesto organizado’.

“Cuando estaba en el instituto y jugaba en el parque le mostró mucho amor a la comunidad. Al ser hispano también, era importante para Rodney Park”, me cuenta Román Pérez, uno de los iconos baloncestísticos de Williamsburg, una zona en la que se ganó el cariño de su gente. “Siempre que viene a Rodney Park se porta muy bien con la comunidad. Se toma fotos con los niños, se preocupa de la gente. Es una persona muy familiar. Cuando juega aquí tiene el apoyo de su familia, pero también de la gente del barrio. Y siempre devuelve el cariño a la gente. Eso es algo que le va a acompañar a lo largo de su carrera fuera de la cancha y le convierte en una persona muy valiosa. Va a hacer que Brooklyn esté orgulloso de él”.

NEW ORLEANS, LOUISIANA - FEBRUARY 10: Jose Alvarado #15 of the New Orleans Pelicans reacts after scoring a three point basket during the fourth quarter of an NBA game against the Miami Heat at Smoothie King Center on February 10, 2022 in New Orleans, Louisiana. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. (Photo by Sean Gardner/Getty Images)
José Alvarado se ha convertido en uno de los preferidos de los fans de los Pelicans. Foto: Sean Gardner/Getty Images.

El barrio de Brooklyn entero no, pero un buen destacamento estuvo presente en el Madison Square Garden cuando Alvarado jugó por primera vez en la meca del baloncesto. En la entrevista postpartido, no podía ocultar sus sentimientos. “No sé qué decir. Acabo de ver a mis padres con mi camiseta. Todos los amigos que han venido a verme… Significa mucho para mí. Si me hubieras dicho esto hace cinco años no lo hubiera creído. Es como un sueño hecho realidad. Es una locura. Estoy en el Garden, he ganado, estoy haciendo una entrevista contigo y mi gente está ahí detrás. No puedes inventarte esto. No puedes entender lo contento que estoy”. Y no era para menos.

Aunque ahora está asentado en la segunda unidad de los Pelicans como base suplente, la NBA volvió la espalda a Alvarado en un primer momento. Después de cuatro años en la NCAA, siendo elegido Jugador Defensivo del Año de su Conferencia en su última temporada en Georgia Tech, el joven no fue elegido en el draft. Dicho de otro modo, ningún equipo le consideró como ‘material NBA’. Curiosamente, todo lo contrario que los que le habían visto jugar verano tras verano en los torneos callejeros de Nueva York.

Claro que tenía potencial para la NBA. Estaba en el instituto cuando jugó en Rodney la primera vez y ya se veía. He jugado en Rodney muchísimos años y puedo decir que es uno de los tres mejores jugadores a los que me he enfrentado. Defendía a toda cancha y me secó. Vi potencial desde ese momento”, confiesa Román Pérez.

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Algo similar tuvieron que ver los Pelicans, que terminaron ofreciéndole un contrato two-way por el cual puede jugar un determinado número de partidos en la NBA y el resto en su equipo asignado de la Liga de Desarrollo. Una oportunidad que el chico no desaprovechó y que utilizó para demostrar a todos que se habían equivocado con él. A base de trabajo duro y sacrificio, y sin faltar a sus raíces, Alvarado se ha terminado ganando a pulso un contrato como dios manda.

“Es un jugador de fundamentals. Muy defensivo. Tiene un estilo muy agresivo, al estilo Nueva York. Tiene manejo de balón, puede tirar… Pero a todo eso hay que añadir su defensa. Es una mezcla de streetball y NBA”, describe Pérez. Un estilo muy particular que no ha dudado en trasladar al baloncesto profesional. Como muestra está cualquiera de las veces que ha tirado de pillería para esconderse en una esquina del campo y robar el balón al base rival por la espalda o el día que su defensor preguntó al banquillo si Alvarado era bueno tirando y él mismo le respondió que sí para posteriormente clavar un triple y demostrarlo. Puro playground.

Alvarado está viviendo un sueño hecho realidad, como el propio José ha repetido hasta la saciedad desde que llegó a la NBA por la puerta de atrás para acabar asomándose por la delantera saludar a los que no quisieron abrirle en su momento. No hay mejor forma de motivar a un chaval de barrio que diciéndole que no.

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