La duda pedreroliana

La Libreta de Van Gaal
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Josep Pedrerol, director y presentador de 'El chiringuito'.
Hoy no toca, Pedrerol. (Foto: Atresmedia)

Josep Pedrerol se puso el pasado sábado en modo Jesús Gil. Hecho una furia, el director de ‘El chiringuito de jugones’ —me sigue costando escribir el nombre completo del programa conteniendo la risa— llamó “babosos”, entre otras lindezas, a quienes habían dudado de una “exclusiva mundial” —la risa llama de nuevo a la puerta— de Edu Aguirre. Para ser precisos, y respetando las mayúsculas ‘random’ del tuit original, Pedrerol les llamó “GOLFOS, mentirosos, BABOSOS, fakes, vagos, acomplejados y acomodados”. Para emular del todo a Gil sólo le faltó lo de “sociatas”, lo de “facinerosos” —o “facineriosos”— y haberlo escrito a lomos de Imperioso.

Tuits como el de Pedrerol, sin nombres, no valen nada, pero ya sabemos que los pellizquitos entre periodistas suelen ser anónimos; bien por no dar visibilidad a la competencia, bien por cobardía o bien —aún peor y muy habitual— porque interese hacer creer que existe un clamor donde apenas hay un par de bocachanclas.

Ignoro si el tuit de Pedrerol encaja en uno de estos tres supuestos, pero me alegro de no haber cuestionado la noticia de Aguirre porque a nadie le gusta que le insulten. Espero, eso sí, que nadie me llame “golfo” nunca por algo tan sano como dudar, que es —o debería ser— una de las tareas básicas de cualquier periodista. Y sólo faltaría además que a estas alturas no se pudiera dudar de lo que se cuenta en ‘El chiringuito’. No en ‘The New Yorker’, no, en ‘El chiringuito’, un programa que quedó RETRATADO el día en que Pipi Estrada y Siro López se enzarzaron a cuenta de una presunta exclusiva del primero sobre la relación entre Zidane y Mourinho, por cómo zanjó Pedrerol la disputa ante la audiencia: “Nosotros damos las dos exclusivas y vosotros os quedáis con la que queráis”.

Pedrerol está encantado con el ruido que genera la parte circense de su programa, que es la parte del león; siempre repite aquello de que debes preocuparte si no hablan de ti, aunque sea mal —“porque bien no habla nadie”, suele apostillar—. Pero lleva fatal que duden de sus informaciones. Como si una cosa no influyera en la otra. Su estrechísima relación con fuentes como Florentino Pérez y Jorge Mendes —el presidente blanco, el agente portugués y sus representados siempre salen bien en la foto— le procura información desde las alturas y le ha permitido anticiparse a la competencia en numerosas noticias. Esa cercanía a veces también te deja con las vergüenzas al aire, claro: como aquel verano en que Pedrerol anunció que el Madrid iba a presentar en unos días a Neymar o cuando dijo que “por supuesto” no iba a pagar 45 ni 50 millones por Gareth Bale. Como para no dudar de que el rey se haya ido a Abu Dhabi.

Pedrerol quiere ser a la vez Pirlo y Gattuso, Leonard Cohen y King África, Víctor Erice y Mariano Ozores. Se reivindica siempre como la referencia informativa del periodismo deportivo en España, pero al tiempo ejerce de Monipodio en un patio poblado por exjugadores metidos a reporteros o a cantantes, colaboradores que sueltan los primero que les llega al WhatsApp, tertulianos que se erigen en portavoces de futbolistas y entrenadores… Por no hablar de la barra libre de ‘fake news’ a cargo de Eduardo Inda o el mencionado Estrada. Pedrerol quiere que le veamos como al hijo de Dan Rather, pero a nosotros no se nos olvida que es el padre de François Gallardo.

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