Tenemos derecho a volvernos locos con Juan Ayuso y Carlos Rodríguez

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LAIGUEGLIA, ITALY - MARCH 02: Juan Ayuso Pesquera of Spain and UAE Team Emirates celebrates winning the third place on the podium ceremony after the 59th Trofeo Laigueglia 2022 a 202km one day race from Laigueglia to Laigueglia / #TrofeoLaigueglia / on March 02, 2022 in Laigueglia, Italy. (Photo by Dario Belingheri/Getty Images)
Juan Ayuso es el futuro del ciclismo español. Foto: Dario Belingheri/Getty Images

Parco en el presente, al ciclismo español solo le queda la nostalgia del pasado en forma del infatigable Alejandro Valverde y, sobre todo, soñar con un futuro mejor. Un futuro en el que alguien más gane algo alguna vez. Cuando, dentro de pocos años, veamos a Juan Ayuso y a Carlos Rodríguez asombrar en distintos terrenos -suben bien, se defienden contra el reloj, saben sufrir en vueltas de varios días, saben colocarse donde deben en las clásicas...- es muy probable que busquemos un origen a todos esos éxitos. Algunos se remontarán al Girino que ganó Ayuso en 2021, otros al Tour del Porvenir que casi gana Rodríguez con exhibición incluida unos meses más tarde.

Sin embargo, los aficionados pura sangre, los que se ven las carreras hasta en canales dudosos de YouTube, cifrarán el origen del fenómeno en el Trofeo de Laigueglia, una carrera en principio del montón, de las que están entrando en nuestras vidas en los últimos años como si fueran Tours de Francia, previa a la Strade Bianche de este fin de semana y a la Milan-San Remo de dentro de dos. Una clásica sin demasiado pedigrí pero con algunos nombres de postín y un recorrido para elegidos. Ahí estaban subiendo y bajando cotas los Covi, Ulissi, Reichenbach, Porte, Ciccone y compañía. Ahí estaban, un paso por delante de todas estas figuras, dos chicos españoles de diecinueve y veintiún años: Ayuso y Rodríguez.

A Carlos le habíamos visto ya este año deslumbrar en la Volta a la Comunitat Valenciana -quedó tercero, tras Vlasov y Evenepoel, ni más ni menos- y en la Vuelta a Andalucía -cuarto, tras Poels, "Supermán" López y el sorprendente Cristian Rodríguez-, pero encontrárnoslo en una carrera de un día, único representante del poderoso Ineos en la parte final de la carrera, fue una sorpresa gratísima. Rodríguez se pasó los últimos kilómetros persiguiendo a Ayuso, Covi y Rota. Una contrarreloj de uno contra tres en la que el uno acabó ganando para desfondarse en la recta de meta. Sin el esfuerzo de Carlos, el ganador final, Jan Polanc, jamás habría enganchado con los de arriba.

De quien no teníamos muchas noticias este año hasta esta semana era del propio Ayuso, pero dio gusto verlo siempre alerta, siempre adelante y con esa ambición que hace que, por mucho que tu compañero de equipo en la fuga tenga más prestigio y más edad, te resulte casi imposible ponerte a trabajar para él. Ayuso se coló en el grupo de tres definitivo como se había colado días antes en el Rhone junto a Jonas Vingegaard, segundo del pasado Tour de Francia. Viendo cómo esprintó ante Covi y cómo quedó delante del italiano incluso después de levantar los brazos para celebrar el triplete del UAE, es fácil pensar que, sin la aparición de Polanc, habría conseguido su primera victoria como profesional.

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Y eso es exactamente lo que necesita el ciclismo español: no más tiros al poste, no más casis ni más "buen trabajo, pero...". Necesita victorias. Necesita un perfil de corredor ambicioso que pueda definir cuando la ocasión lo requiere. Rodríguez es más de ataques lejanos, pero Ayuso es un resistente con muy buena punta de velocidad. Son dos corredores que se complementan a la perfección y que tienen, además, la suerte de pertenecer a enormes equipos en los que se les cuidará y no se les exigirá antes de lo debido.

Ayuso tendrá que buscarse un calendario al margen de Pogacar, Almeida y sus muchos currantes de élite, como Marc Soler. Tendrá que trabajarse las carreras de segunda, de tercera, aprender de los codazos de los veteranos que tienen ahí sus últimas oportunidades, perfeccionar tácticas ganadoras, encontrar la manera de vencer siendo el más vigilado... ¿Da eso el mismo prestigio que una París-Niza? Bueno, no, pero hace callo. Y a los 19 años, salvo que seas Remco Evenepoel, ese callo lo necesitas. Nunca se sabe cuándo te van a llevar a un Giro y, de repente, de la nada, vas a convertirte en el jefe de filas improvisado. Nunca se sabe, como le pasó al belga, cuando vas a encontrarte escapado en una Clásica de San Sebastián sin nadie que pueda alcanzarte.

En cuanto a Rodríguez, no solo es dos años mayor sino que está en un equipo con más responsabilidades. El Ineos ha sido la gran referencia de la última década, sigue teniendo un presupuesto descomunal... pero, sin Bernal, le falta ese corredor que sea una garantía de éxito. Tiene a Pidcock para las grandes clásicas y a Carapaz para disputar las generales, pero ninguno de los dos son indiscutibles, como tampoco lo son Adam Yates ni mucho menos Geraint Thomas o el propio Richie Porte. Ahí, Carlos sí tiene un hueco donde colarse.

Hay muchas ganas de verles a los dos disputando carreras de tres semanas. No tanto por su puesto final en la general -hemos aprendido a relativizar eso, por fin- sino por ver en cada etapa por dónde tiran. ¿Serán agresivos en el llano? ¿Manejarán bien los frenos en el descenso? ¿Sus ataques en montaña serán dubitativos o enfáticos? ¿Recuperarán de un día para el siguiente? ¿Serán grandes gregarios o se verá en ellos desde el principio ese aire inconfundible del líder, del corredor especial? En la nueva edad de oro del ciclismo mundial, esa dosis española era justo lo que faltaba para acabar de volvernos locos. Qué suerte que el futuro esté tan cerca porque el presente, sinceramente, se nos empezaba a hacer bola.

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