Juan Ayuso y la marcianada del ciclismo español que ha pasado desapercibida

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MADRID, SPAIN - 2022/09/11: Juan Ayuso Pesquera of Spain and UAE Team Emirates on third place poses on the podium during the podium ceremony after the 77th Tour of Spain 2022. Belgian rider Remco Evenepoel claimed his first Grand Tour victory in the Vuelta a Espana in Madrid. The 22-year-old dominated the three-week race, taking victory after the 21st. (Photo by Atilano Garcia/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Juan Ayuso celebra su tercer puesto en el podio de la Vuelta a España en Madrid (Photo by Atilano Garcia/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

El pasado domingo, Juan Ayuso, el corredor español de tan solo diecinueve añitos, acabó la Vuelta a España en tercera posición. Lo digo desde el principio porque a lo mejor no se han enterado con tanta agitación en torno al triunfo de Carlos Alcaraz en Nueva York. De Alcaraz y Ayuso llevamos hablando muchísimo tiempo como las grandes promesas del deporte español, pero ha querido el destino que ambos hayan conseguido su primer éxito el mismo día, obligando a medios y aficionados a desviar la afición de forma muy desequilibrada.

Por supuesto, ganar un grand slam es más importante que quedar tercero en una Vuelta. El asunto es que, por raro que parezca, también es más frecuente. Lo que consiguió Ayuso el domingo es una marcianada tal que nadie, absolutamente nadie, lo había logrado desde 1904, cuando Henri Cornet ganó el Tour de Francia con siete días menos que el barcelonés. Han tenido que pasar 118 años para que se repita la gesta y ni siquiera hablamos del mismo ciclismo: Cornet era un amateur, Ayuso tiene que rodar junto a los profesionales más preparados y mejor pagados de la historia.

Es incluso extraño que, en un deporte tan popular en España como el ciclismo, no se hable más de este chico. Plantarse en su primera grande de tres semanas y acabar tercero incluso cogiendo el Covid y pasando un par de días realmente enfermo es una barbaridad. El asunto es que no es la única barbaridad de Ayuso este año en el que prácticamente debuta como profesional y en un equipo cuyo rol debería ser el de aprender de los líderes: quedó quinto en la Volta a Catalunya, cuarto en Romandía y estaba entre los ocho primeros del Dauphiné cuando se vio obligado a retirarse por enfermedad.

En ese sentido, lo de este chico supera por completo todas las expectativas... y eso que eran muy altas cuando le vimos ganar el Giro Sub-23 con dieciocho años y arrasar por todo el circuito italiano, donde le mandó Matxín a curtirse. Si quitamos la contrarreloj, en la que perdió dos minutos aún bajo los efectos del Covid (otro día discutimos los criterios para participar o retirarse de una carrera cuando uno tiene el virus), su Vuelta ha sido un prodigio de regularidad. Ha estado arriba en todas las cumbres, que no han sido pocas. A veces, dejándose unos metros. Otras veces, buscando demarrajes en los últimos metros para arañar segundos o bonificaciones.

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Lo que diferencia a Ayuso de, pongamos, Carlos Rodríguez o, desde luego, Enric Mas, es que Ayuso va a ganar muchas carreras en su vida. No digo que no las vaya a ganar Rodríguez o que el palmarés de Mas no sea ya de por sí suficientemente admirable. Digo que Ayuso es un perfil que nos recuerda más, desde la distancia, al de Valverde. Ayuso es explosivo, le encantan las carreras de un día, y es letal en llegadas en grupos pequeños. Tiene una gran punta de velocidad que irá a más conforme pasen los próximos años.

De alguna manera, recuerda a su compañero de equipo Tadej Pogacar, que también se hizo un nombre en profesionales quedando tercero en la Vuelta de 2019... solo que el esloveno se llevó tres etapas por el camino a sus 20 años. El paso que le falta por dar a Ayuso (y no descartemos que lo haga el año que viene, cuando tenga la edad que tenía entonces Pogacar) es el de ponerse en situación de ganar esas carreras, es decir, llegar con opciones a ese sprint final. En la Vuelta hemos visto demasiadas veces que los favoritos dejaban que la etapa se la jugaran otros y ellos se repartían los puestos de honor. Hasta en seis ocasiones acabó Ayuso entre los diez primeros del día. Pero se fue a casa sin ninguna victoria.

Ahí se juntan dos cosas: por un lado, algo de ambición personal en las subidas. Intentar ataques más lejanos, más potentes, que puedan darle triunfos en solitarios. Lo que pasa es que eso combina mal con la lógica inseguridad de cómo aguantará tu cuerpo tres semanas compitiendo por la general con bestias como Evenepoel, Mas o Roglic. Por otro lado, el equipo le tendría que ayudar, pero lo bueno del UAE es precisamente lo malo: ahí nadie pone orden. Ayuso ha podido quedar tercero en la Vuelta a España porque nadie le ha dicho: "El jefe de filas es Almeida y tú te quedas a esperarle en cuanto veas que sufre".

A su vez, nadie del UAE va a hacer nada por él. El portugués tiró un par de kilómetros el último día, pero fue para quitarle el quinto puesto a Rodríguez, no nos engañemos. Marc Soler ha hecho una Vuelta magnífica... pero la ha hecho solo, sin contar con nadie, siempre alejado de cualquier táctica de equipo. Si hasta Pogacar tiene problemas en el Tour para rodearse de buenos gregarios, ¿cómo no los va a tener Ayuso? Ahora bien, puesto que ha renovado por una pila de años, tendrá que acostumbrarse y lo mismo hasta le viene bien. En cualquier caso, quedémonos con lo que hay, que no es poco y menos en un país donde ningún corredor ha ganado una gran vuelta desde que Contador ganara el Giro en 2015. Si lo del podio de Ayuso no sucedía desde 1904, esta sequía española no se había dado jamás desde que las tres grandes vueltas coexisten. Da la sensación de que la maldición acabará pronto.

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