Juanpe López demuestra en el Giro que el ciclismo español será valiente o no será

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Juanpe López celebra su condición de líder del Giro de Italia tras la cuarta etapa, con final en el volcán del Etna (REUTERS/Jennifer Lorenzini)
Juanpe López celebra su condición de líder del Giro de Italia tras la cuarta etapa, con final en el volcán del Etna (REUTERS/Jennifer Lorenzini)

Metido en la fuga junto a auténticos tiburones como Rein Taaramae, Lennard Kämna o Mauri Vansevenant, corredores con mucho mejor palmarés que él, Juanpe López no tuvo que perderse en cálculos ni tuvo que estar atento a ninguna fuga de la fuga porque el que se escapó fue él. Quedaban más de diez kilómetros de ascensión al Etna y el movimiento parecía una locura, pero ahí que se marchó el de Lebrija rumbo a la victoria de etapa de la única manera que le pareció posible: con valentía, confiando en sus fuerzas y dejándoles la tostada a los demás.

Aquello, para el aficionado español, fue un pequeño cataclismo. Nos habíamos olvidado de que eso se podía hacer y más aún en una gran vuelta. ¡Meterse en una fuga y en vez de "hacerse el muerto", atacar a todos los demás sin mirar atrás! Casi se nos saltan las lágrimas. López fue acercándose al escapado, aumentando su diferencia con los perseguidores y al final solo claudicó en el sprint de meta con un fuera de serie como Kämna, con el que no sabemos si pactó repartirse etapa y liderato, pero al que muy probablemente no hubiera podido batir en cualquier caso.

La actuación de López, de 24 años, debería dejar varias lecciones al resto de corredores españoles: ya está bien de correr con miedo, ya está bien de ahorrar fuerzas no se sabe para cuándo, ya está bien de cálculos y puestitos en la general. Al principio del Giro, le pedíamos a Movistar que, sin un favorito claro para disputar el triunfo, se la jugara al espectáculo, saliera como saliera. En la primera ocasión, una etapa ideal para que llegara un grupo numeroso al pie del Etna, el equipo navarro no metió a nadie entre los catorce escapados. La misma historia de siempre.

Por supuesto, Valverde y Sosa llegaron cómodamente en el grupo de favoritos, pero ¿de verdad ese va a ser ese su objetivo? ¿Van a luchar a ver si hay suerte y quedan quinto y séptimo a base de responder a ataques y seguir ruedas? ¿No se han dado cuenta después de tres ediciones de su famoso documental de que eso es justamente lo que el aficionado les echa en cara, que nunca se va a valorar un gran puesto en la general si no va acompañado de un esfuerzo por complacer al espectador?

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Sobre los problemas del ciclismo español, en general, llevamos años hablando. La última gran vuelta la ganó Alberto Contador en el Giro de 2015. Nunca habían pasado siete años enteros -veintiuna grandes- sin un ganador español. Desde que Vuelta, Giro y Tour se corren anualmente es una situación insólita, pero es que la cosa no queda ahí: cuando llega un monumento, nuestra opción es... Valverde; cuando se piensa en luchar por el podio en una grande, tenemos que mirar a Mas o a Landa. No sé cuántos años hace que no veo a ninguno de los tres en una fuga digna de ese nombre o atacando con ganas y desde lejos.

La gran excepción y el gran modelo sobre el que construir ahora mismo es Pello Bilbao. Bilbao es un hombre rápido y valiente. Bilbao no copa grandes portadas, pero lucha como el que más y lo intenta siempre. Con sus limitaciones, por supuesto, pero también con una constancia digna de admirar y un olfato tremendo para la lucha por triunfos parciales. Así tiene que ser el futuro del ciclismo español y con esto ya no me refiero tanto a Movistar, a los que doy por casos perdidos, sino a las dos grandes joyas que vienen por detrás casi en la postadolescencia: Carlos Rodríguez y Juan Ayuso.

La gran ventaja para ambos es que corren en equipos extranjeros y en equipos en los que solo vale la victoria -Ineos y UAE, respectivamente-. A ninguno de ellos les van a pedir que guarden fuerzas para no se sabe bien qué. Son dos fueras de serie que nos van a dar mil alegrías, pero si algo demostró López en el Etna es que no hace falta ser un fuera de serie para dar espectáculo. Eduardo Chozas no era un fuera de serie y se labró un palmarés sensacional a base de instinto y valentía. Tampoco lo era David Etxeberría y logró tres cuartos de lo mismo.

En resumen, el ciclismo español del futuro será valiente o no será. Más que nada porque los aficionados buscamos algo que no encontramos apenas en nuestros corredores y eso es una pena. En pleno boom del ciclismo internacional, nos hemos quedado muy rezagados y, sí, eso puede ser un problema de talento, pero sobre todo es un problema de actitud. En España, hay muchos corredores que podrían estar luchando por cosas grandes. El asunto es que les dejen.

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