Pagar 25 millones por un entrenador puede ser una ganga

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Julian Nagelsmann posa para la cámara en un estadio metiéndose las manos en los bolsillos del abrigo
Julian Nagelsmann, futuro entrenador del Bayern. Foto: Odd Andersen/AFP via Getty Images.

En el planeta fútbol estamos ya más que acostumbrados a ver que los fichajes de jugadores alcanzan cantidades obscenas. Los 222 millones de euros que pagó el PSG para rescindir el contrato de Neymar siguen sin superarse desde 2017, pero traspasos de tres cifras se ven tan a menudo que ya no nos sorprenden. Y ni siquiera es necesario que el implicado sea una gran figura contrastada de prestigio incontestable: incluso una joven promesa, con mucho futuro por delante pero apenas una temporada en la élite, puede romper la banca.

Ahora con el coronavirus no tanto, pero en el fútbol, en condiciones normales, se maneja muchísimo dinero. De ahí que las entidades punteras no reparen en gastos para incorporar a sus plantillas a los peloteros que más destaquen, en su afán por acumular talento que les ayude a ganar títulos. Lo que no estamos acostumbrados a ver es que esas fortunas se desembolsen para traer gente que ni mete goles, ni regatea, ni da buenos pases ni hace paradas.

Por eso ha causado tanta sorpresa, y no poca controversia, que el Bayern de Múnich se haga con los servicios de Julian Nagelsmann como nuevo entrenador. El coloso alemán pagará 25 millones de euros para llevarle a su banquillo a partir del próximo 1 de julio. Hasta esa fecha, el técnico de apenas 33 años desempeña la misma función en el RB Leipzig.

La magnitud de la cifra ha llevado a muchos a poner el grito en el cielo. ¿Dónde se ha visto semejante dineral por un entrenador? De hecho, en ninguna parte hasta ahora: su traspaso supone el récord absoluto en la historia del fútbol, con muchísima diferencia sobre el segundo. 

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Al Bayern le han llovido críticas por el movimiento, considerado excesivo por alguien que ni va a meter goles, ni a hacer regates espectaculares, ni a dar pases vitales ni a hacer paradas salvadoras. Lo ven como un derroche injustificable, y más justo ahora que el plan de la Superliga acaba de venirse abajo. Sobre todo teniendo en cuenta que el equipo muniqués no quiso participar en ella apelando a la "solidaridad" con el resto de clubes alemanes; quedarse ahora, a puro golpe de talonario, con el entrenador de uno de sus principales rivales en la Bundesliga parece hipócrita.

Ese argumento, en realidad, es muy fácil de desmontar. No hay más que mirar cuánto dan de sí 25 millones en el mercado actual. Por ponerlo en perspectiva, es el precio por el que, el pasado verano, el atacante uruguayo Darwin Núñez se marchó del Almería al Benfica, en la transferencia más costosa de la historia... en Segunda División. En términos absolutos, cantidades superiores por futbolistas ya se estaban pagando en los años '90, cuando el euro no existía y nos manejábamos en pesetas. Tal como están las cosas, 25 millones de euros para cualquier club de los punteros del continente es poco más que calderilla.

Pero además, resulta que Nagelsmann probablemente valga eso y mucho más. Porque pese a su juventud, ya cuenta con bastante experiencia y logros muy notables. Con 28 años tuvo que hacerse cargo, de un día para otro, de un Hoffenheim que parecía condenado al descenso en febrero de 2016 y no solo fue capaz de salvarlo esa temporada, sino que las dos siguientes metió al equipo azul entre los cuatro primeros. Después se fue al Leipzig, con el que ha cumplido sobradamente las expectativas, entrando sin problemas en Champions tanto el año pasado como este e incluso colándose en las semifinales de la edición de 2020.

Está más que claro que Julian es un entrenador de altísimo nivel, como pocos en Europa ahora mismo. Aparte, su corta edad permite desarrollar, si los directivos tienen la paciencia suficiente y él no se quema como su predecesor Flick, un proyecto a muy largo plazo que puede acabar dando excelentes resultados. Todo puede ser que en Múnich, por mil motivos, no termine de funcionar, pero a priori, desde el punto de vista deportivo, el fichaje parece una idea excelente.

Julian Nagelsmann sonríe mientras Robert Lewandowski pasa por delante de él.
Nagelsmann (izquierda) junto al delantero polaco Robert Lewandowski (9) tras un enfrentamiento entre el Bayern y el Leipzig. El jugador es solo un año más joven que su futuro jefe. Foto: Andreas Gebert/POOL/AFP via Getty Images.

Porque quizás lo que chirría es precisamente el hecho de que el fichaje no sea el de un futbolista, sino de un entrenador. Como si no fuera una pieza fundamental para el rendimiento de un equipo. Tanto por sus conocimientos tácticos como por su habilidad como estratega o su capacidad de motivación, un buen técnico marca la diferencia para que un conjunto de futbolistas decepcione o sorprenda por su alto nivel. Simeone, Zidane, Guardiola o Mourinho son ejemplos evidentes de entrenadores-estrella que, por sí mismos, están muy valorados e incrementan el nivel de una plantilla.

Ocurre que, por ahora, no estamos habituados a que haya un mercadeo con hombres que dan órdenes desde la banda igual al que se ve con los que corren por el césped. A algunos les vemos como figuras ligadas a un club concreto; sería chocante imaginarse al argentino en otro lugar que no fuera el Atlético o al francés lejos del Real Madrid. Pero lo mismo ocurre con determinados futbolistas, como Messi en el Barcelona, Ramos en la Casa Blanca o Koke en la otra orilla del Manzanares. Tanto con botas de tacos y pantalón corto como con mocasines y traje, hay quienes se mueven y hay quienes no. El técnico catalán y el portugués ya han visto mucho mundo y nadie se escandaliza por ello.

Hasta ahora, aunque con excepciones, lo habitual era que un entrenador rescindiera por su cuenta su contrato en el club donde estaba antes de irse a otro. En el futuro más nos vale ir acostumbrándonos a ver a menudo traspasos como este. Lo raro es que no se hubiera normalizado antes. En el Bayern han sido pioneros... y les ha salido hasta barato.

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