La hipocresía de Jürgen Klopp con Qatar 2022 resume el desastre que vive el fútbol

LONDON, ENGLAND - NOVEMBER 06: Liverpool Manager Jurgen Klopp looks on during the Premier League match between Tottenham Hotspur and Liverpool FC at Tottenham Hotspur Stadium on November 06, 2022 in London, England. (Photo by Chloe Knott - Danehouse/Getty Images)
Jürgen Klopp, durante un partido del Liverpool en la Premier League (Photo by Chloe Knott - Danehouse/Getty Images)

Jürgen Klopp salió a rueda de prensa y empezó a enumerar algunas de las barbaridades que han rodeado a la organización del Mundial de Qatar 2022: las terribles condiciones de trabajo, las comisiones no aclaradas, la necesidad de ajustar la competición al invierno al ser imposible jugar en un desierto en verano... A Klopp le parecía todo espantoso, pero peor aún le parecía que los medios de comunicación les pidieran a los jugadores que se pronunciaran al respecto.

"Eso es cosa vuestra", les decía a los periodistas. "Sois vosotros los que tenéis que denunciar esto, no andar detrás de los jugadores para que se pongan esto o lo otro". Estupendo. Es un Campeonato del Mundo de fútbol, otorgado por la Federación Internacional de Fútbol, al que acudirán los representantes de las distintas selecciones de fútbol... pero a los futbolistas no hay que pedirles nada. Van a ir a jugar a un país que se pasa los derechos humanos más básicos por el arco del triunfo, pero no se les puede siquiera pedir un gesto de solidaridad con los que sufren esas barrabasadas.

Oyendo a Klopp, se ve lo hipócrita que es el mundo del fútbol y cómo es incapaz de dejar atrás sus prejuicios y sacar las conclusiones debidas. Claro que es normal que se pida a los futbolistas un gesto. ¿Qué es esto sino una exposición universal de su talento, un escaparate para renovaciones, fichajes y gloria eterna? No, mucho mejor atacar a la prensa, el tic favorito del deportista de élite. La misma prensa que ha publicado todos esos reportajes por los que Klopp se ha enterado de los excesos que él mismo relata.

Desde la distancia, es difícil entender este trato casi pueril a señores hechos y derechos a los que no hay que proteger de nada. Si quieren hacer un gesto social, que lo hagan; si no quieren, que no lo hagan. Pero, ¿cómo van a estar al margen ellos de todo lo que se ha hecho para su lucimiento? No tiene sentido alguno y da una imagen de cobardía que no cuadra con la contundencia de las críticas. Klopp reconoce que el fútbol tiene un problema grave mandando su joya a Qatar, pero no ata cabos: esa joya solo valdrá algo si van los joyeros.

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Y es que los joyeros, los -en su inmensa mayoría- multimillonarios joyeros asumen con demasiada facilidad ese rol de "yo solo juego, no estoy para pensar". Como si fueran máquinas, avatares, futbolistas de videojuego. En las últimas semanas, se repite mucho aquello de "fulanito se está reservando para el Mundial" y probablemente en algún caso sea cierto, pero ¿qué sentido tiene que se estén jugando partidos de enorme importancia a diez días del inicio de un campeonato del mundo?

La lista de jugadores que se perderán el evento va aumentando día a día en lo que supone un disparate sideral: montas la que montas para llevar tu producto a Qatar, pero luego no cuidas que ese producto llegue en condiciones. Como la rueda de prensa llegó cortada, no sé si a Klopp le preguntaron por eso. Sería una gran pregunta. ¿Por qué se acepta que los jugadores sean como esos protagonistas de "Bailad, bailad, malditos", obligados a seguir y seguir hasta que caigan exhaustos o tengan que pasar por una mesa de operaciones?

¿No tiene nada que decir el "mundo del fútbol" sobre eso? Han recargado los calendarios hasta lo absurdo con jornadas intersemanales constantes, han obligado a los jugadores a exponer sus cuerpos a una carga física que roza lo inhumano, ¿y nadie va a salir a decir nada? Se repite mucho lo de "es que tienen contrato con sus clubes", para justificar que se entreguen al cien por cien en un partido de liga en Vallecas, pero también tienen una obligación legal con su selección. No pueden negarse a ir. Ahora, exhaustos, tienen que coger las maletas, irse a Qatar y ponerse a jugar otra vez cada tres días.

Esa cosificación del futbolista, ese empeño en que no piense, no opine, no sienta presión, no calcule, no se manifieste respecto a nada, no proteste... a cambio de dinero, dinero y más dinero no puede venderse como algo inevitable. Hay muchos términos medios entre lo que estamos viendo y la utopía del unicornio feliz. Nada tiene sentido en esta pulsión autodestructiva que vive el fútbol y menos sentido aún tiene insistir en que lo mejor es que todos estén calladitos, no vaya a ser que alguien -¿quién?- se enfade.

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