La vuelta de Benzema a Francia manda un mensaje tan peligroso como falso

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Captura de pantalla de la televisión francesa; en la mitad izquierda de la imagen, foto fija de Karim Benzema con camiseta de la selección, y en la mitad derecha, el seleccionador Didier Deschamps hablando.
Escena de un programa de la televición francesa TF1 en el que el seleccionador Didier Deschamps (derecha) habla sobre la vuelta a las conovcatorias de Karim Benzema. Foto: Franck Fife/POOL/AFP via Getty Images.

Un principio fundamental del ordenamiento democrático del mundo occidental es la presunción de inocencia. Por muy duras que sean las acusaciones recibidas, es responsabilidad de quien imputa un delito demostrar que este ha ocurrido realmente, y hasta que un juez determine la culpabilidad, no se puede decir que alguien sea un delincuente. Este es el motivo de que Karim Benzema, de momento, esté limpio a efectos legales.

A poco que hayas estado pendiente de la actualidad deportiva en los últimos años sabrás de qué estamos hablando. Por si acaso, permítenos un recordatorio rápido: el delantero madridista lleva apartado de la selección nacional francesa desde finales de 2015, cuando se le acusó de formar parte de la trama de extorsión a su compañero Mathieu Valbuena, a quien le exigían un pago de 150.000 euros para evitar la difusión de un vídeo sexual que supuestamente protagonizaba. Aquí puedes conocer el caso al detalle.

De Benzema, hasta entonces muy amigo de Valbuena, se dijo que había sido cómplice de los chantajistas, puesto que recomendó a la víctima que pagara para evitarse líos. El asunto está pendiente de juicio, porque Karim sostiene que se limitó a dar un consejo sin pedir nada a cambio para él. En la línea de la lentitud habitual de la justicia, que por lo visto es un problema global y no solo español, los tribunales deberán decidir al respecto el próximo mes de octubre; si al delantero le sale mal, se arriesga a hasta cinco años de cárcel.

Es, más o menos, el mismo tiempo que el 9 del Real Madrid se ha pasado lejos del equipo de Francia. Didier Deschamps, seleccionador tanto entonces como ahora, determinó que desde ese momento y hasta la resolución judicial definitiva (que, insistimos, aún no ha llegado) el futbolista no sería tenido en cuenta para las convocatorias de les Bleus. Ignoramos a ciencia cierta si fue decisión unilateral del técnico vascofrancés o si se debe a presiones de la Federación; en todo caso, es él quien ha dado la cara.

Ocurre que en este tiempo, particularmente en los últimos años, el nivel de Benzema con su club ha sido altísimo. Sin ir más lejos, durante los últimos tres campeonatos de Liga ha anotado más de 20 goles en cada uno. No es que a Francia, vigente campeona mundial y subcampeona europea, le haya ido mal en este tiempo sin Karim, pero parece que han decidido que prescindir de su talento era un lujo innecesario y ayer mismo le incluyeron en la lista para la Eurocopa de este verano.

Benzema corriendo durante un partido de la selección de Francia.
Karim Benzema durante el que es, por ahora, su último partido con la selección francesa: un amistoso contra Armenia el 8 de octubre de 2015. Foto: Valery Hache/AFP via Getty Images.

Así las cosas, se presenta una gran incoherencia con el discurso que Francia ha mantenido durante este lustro. Dijeron que no le iban a llamar mientras no se resolviera su asunto judicial. Pero de repente, con ese tema por resolver, vuelve. Deschamps ha apelado a excusas poco convincentes, como que ahora el jugador tiene más "madurez".

El problema, más bien, es la forma tremendamente torpe en que los responsables franceses han gestionado todo este tema desde el principio. En primer lugar, por obviar la presunción de inocencia y tomar una decisión tan radical como apartar a uno de sus mejores jugadores por un asunto que no negamos que pinta feo, pero que aún está pendiente de resolverse. Mil veces se ha hablado de separar el juego del balón de la justicia ordinaria y de otras consideraciones extradeportivas, hasta el punto de que existe incluso un tribunal internacional específico para asuntos relacionados con la competición, pero la federación gala no parece haberse dado por enterada.

Francia metió la pata en 2015 sacando a Benzema del equipo por acusaciones no juzgadas ni probadas. Quizás la única forma racional de justificarlo es el riesgo de crear mal ambiente en un grupo en el que Valbuena también era una pieza consolidada. Pero no se explicó de esa manera: si bien ambos jugadores desaparecieron de la plantilla a partir de ese momento (en el caso del descendiente de españoles se puede justificar porque a sus 31 años su rendimiento empezaba a caer), en un primer momento el presidente federativo Noël Le Graët dijo que se debía a razones puramente deportivas.

Nadie se lo creyó, por supuesto. A Benzema, descendiente de argelinos, musulmán practicante y, según se desprende de algunas declaraciones públicas, más ligado emocionalmente a sus orígenes norteafricanos que a su Francia natal, le faltó tiempo para tirar de las tópicas acusaciones de racismo. De cara a la hinchada hay que reconocer que la jugada no le salió muy bien. El caso es que se le mantenía al margen y que costó mucho que Le Graët reconociera que la decisión era definitva.

Noël Le Graët habla ante dos micrófonos gesticulando con sus manos delante de una pared con el logo de la Federación Francesa de Fútbol.
Noël Le Graët, presidente de la Federación Francesa de Fútbol, durante la conferencia de prensa a finales de 2015 en la que se anunció que Benzema era apartado del equipo. Foto: Franck Fife/AFP via Getty Images.

Y sin embargo, ahora resulta que no lo es. Karim, de repente, vuelve a tener un hueco junto a Griezmann, Dembélé, Mbappé, Giroud, Pogba y compañía. Indudablemente, para el potencial futbolístico de la selección es una noticia magnífica que le da a Deschamps nuevas opciones de cara al triunfo. Sin embargo, al margen de la hipocresía que demuestra la Federación y el daño a su propia reputación desdiciéndose de lo que llevan sosteniendo más de cinco años (allá ellos con la imagen que quieren dar), el mensaje que se transmite al mundo es lamentable por dos razones muy graves.

La primera, que se le concede una especie de indulto que claramente queda por encima de sus competencias. Es cierto que la decisión final corresponderá al juez después del verano. Pero sería ingenuo olvidar la relevancia social y mediática que tiene el fútbol en nuestra sociedad. Que Benzema vuelva a Francia, que sea "perdonado" como se está repitiendo en la prensa especializada, traslada la idea de que definitivamente no tiene culpa alguna en el asunto de Valbuena y de que todo ha quedado atrás. Y ni mucho menos. Estamos ante un caso tan grave que frivolizar con él, aunque sea de forma indirecta, es peligrosamente inaceptable.

Por otro lado, precisamente la causa por la que se exonera a Benzema de su acusación, al menos desde el punto de vista de la opinión pública, es que es un futbolista extraordinario. ¿Han surgido pruebas concluyentes que exoneren al delantero? No lo sabemos, ni probablemente lo sepamos antes del juicio. Lo que sí sabemos es que juega muy bien y mete muchos goles. La impresión que se da, una vez más, es que eso basta para desvincularle de un tema tan turbio. Puedes meterte en los líos que quieras, que si resulta que tienes mucha habilidad pateando el balón todo te va a salir gratis.

La dirigencia del fútbol francés ha manejado la situación de la peor manera posible desde el primer minuto. Ha sido capaz, a la vez, de hacer pensar a la gente que durante años se ha cometido una injusticia con Benzema y que ahora es un privilegiado que se salva por lo mucho que brillan sus botas. Visto lo visto, lo más injusto es que la fama de chapuceros la sigamos teniendo los españoles.  

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