Un futbolista quiere pagar el hotel a los inmigrantes temporeros de Lleida pero nadie acepta acogerlos

Luis Tejo
·6 min de lectura
El futbolista Keita Baldé durante un partido con el Mónaco.
Keita Baldé en un partido con el Mónaco. Foto: Jeroen Meuwsen/Soccrates/Getty Images.

Las tareas de la agricultura son muy estacionales: hay épocas del año donde no se puede hacer más que dejar crecer las plantas, y otras en las que el fruto está listo para recogerse y la actividad es mucho más intensa. Por eso existen los temporeros, trabajadores que acuden al campo expresamente en la época de las cosechas. Pese a que su labor es imprescindible para que podamos disfrutar de los alimentos que comemos y a que se trata de una tarea durísima, sus condiciones laborales suelen ser bastante difíciles, cuando no directamente precarias.

Así, como todos los veranos, este será muy intenso en la provincia de Lleida, en Cataluña, en la que harán falta desde ahora hasta octubre hasta 30.000 temporeros para la campaña de recogida de fruta dulce. En muchas ocasiones se trata de inmigrantes de procedencias diversas (Europa del este, Marruecos, África subsahariana, Colombia, etcétera), que no tienen residencia en la ciudad o en su comarca. Normalmente los que pueden pasan las noches en hoteles, pisos de alquiler o casas rurales, pero este año con la pandemia del coronavirus las cosas se han complicado.

Unos 200 trabajadores se han quedado sin sitio donde ir y están malviviendo en las calles de la ciudad, según denuncia la activista Nogay Ndiaye. Es una situación dramática a la que parecía que iba a llegar una solución desde el lugar más inesperado: el fútbol. Con Keita Baldé, delantero del Mónaco, como protagonista.

Baldé, de 25 años, es internacional con la selección de Senegal, con la que participó en el Mundial de 2018. Pero pudo hacerlo aprovechando el origen de sus padres, ya que él es catalán, nacido en Arbúcies, provincia de Girona. De hecho salió de la cantera del Barça, aunque no llegó a debutar con el primer equipo; sus experiencias profesionales hasta ahora han sido en Italia (Lazio e Inter) y en su equipo actual.

Keita se ofreció a pagar de su bolsillo los gastos de hospedaje de estos 200 temporeros abandonados a su suerte. Y además estaba dispuesto a abonar por adelantado el coste necesario. Es un gesto de humanidad que le honra de cara a los trabajadores necesitados, y además para los empresarios de hostelería parecía un negocio redondo: ante un panorama que se presupone difícil, se garantizaban tener sus establecimientos llenos todo el verano.

Sin embargo, según protesta Ndiaye (y Keita, a través de sus retuits, respalda esta versión), los establecimientos ilerdenses se están negando a acoger a los temporeros. Para ello, se quejan, hasta trece hoteles y pensiones están poniendo “excusas” para no aceptar a los trabajadores de fuera. Ndiaye opina que, más que una política empresarial concreta, se trata de “racismo puro y duro”.

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“Los temporeros duermen en la calle desde hace 30 años y siempre se repite la misma situación, pero este año con el coronavirus el problema se ha agravado”, dijo Nogay en una entrevista en Catalunya Ràdio.”La mayoría de respuestas [de los alojamientos a los que preguntaron] fueron negativas. La gran mayoría están abiertos, y a todos les hicimos la misma propuesta: ocuparles casi todas las plazas, como mínimo 50, desde junio hasta septiembre y pagando por adelantado. Pero ni así aceptaron”.

Consultada al respecto, Sandra Castro, concejal en el ayuntamiento de Lleida, indicó que la razón es que casi todos los hoteles de la ciudad dependen de cadenas que tienen la sede fuera y siguen políticas empresariales sin conocer la problemática local. Algo que, para Ndiaye, “no es del todo cierto: hay muchos hostales pequeños que no dependen de cadenas y la respuesta también ha sido que no”. Pero no dan razones concretas para la negativa: simplemente rechazan la posibilidad.

La activista apunta también que “algunos no han dicho que no, pero han ofrecido solo cuatro o cinco habitaciones, porque decían que así no distorsionaban y no causan problemas a su clientela fija. ¿Qué quieren decir esto? ¿Que un gran número de personas negras saliendo de su hotel no es la imagen que quieren dar?”.

La contribución de Keita (quien se enteró de la situación a través de vídeos virales en redes sociales) “no está abriendo las puertas”, porque los hospedajes siguen sin admitir a los temporeros, “pero sí nos está ayudando mucho a dar visibilidad” al problema que Nogay lleva años denunciando. El futbolista también está intentando dar apoyo directo a las víctimas de esta situación hablando con ellos: hace unos días subió una grabación a su cuenta de Instagram en la que conversaba con algunos de los afectados.

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Hay que recordar que, aunque la mayor parte del territorio catalán ya ha avanzado a la fase 2 en el programa de desescalada, Lleida capital y la mitad sur de la provincia aún permanecerán al menos otra semana en la fase 1. El motivo es un rebrote detectado en esta región sanitaria durante los últimos días. Sin embargo, a falta de una justificación oficial, Ndiaye cree que no es ese el motivo.

Así lo ha hecho saber en declaraciones al diario As: “Aquí cuesta muchísimo conseguir un piso para una persona no blanca incluso cumpliendo requisitos. A mí, cumpliendo con todo, me han negado pisos. Yo iba con mis hermanas blancas o amigas blancas para llevar conmigo algo de 'blanquitud' para demostrar confianza. Cuando veían que era para mí, excusas y excusas. Si cuesta así, intenta alojar a 200”.

Para algunos de ellos parece que sí se va a poder encontrar una solución: Nogay cuenta que están “a punto de cerrar un acuerdo de alquiler que podría dar sitio a 50 personas”. Para los demás, siguen buscando desesperadamente algo que les saque de la calle y les dé unas condiciones dignas mientras recogen la fruta que luego nos comeremos nosotros. Porque, según cuenta, esto es solo la punta del iceberg.

Por ahora son 200 los que duermen al raso, pero pronto “habrá más porque llegan cada día. Esto solo en Lleida ciudad. En los alrededores es donde esta el campo y sumando esos pueblos, calculamos 2000 personas durmiendo en las calles. Hay de todo. Personas con y sin permiso de residencia. Vienen porque trabajan. A algunos se les emplea, pero no se les contrata. Se la juegan y hay quien se aprovecha. Una hora que son casi siete euros netos se les paga a cinco, cuatro o tres. Hay quien hace 12 horas y se va con 20 euros a casa”.

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