La caída en desgracia del portero más caro del mundo

Luis Tejo
·7 min de lectura
Kepa Arrizabalaga, de rodillas delante de la portería, se lamenta por un gol encajado
Kepa Arrizabalaga, portero del Chelsea, tras encajar un gol en un partido de copa contra el Barnsley el pasado febrero. Foto: Robbie Jay Barratt - AMA/Getty Images.

"Acción y efecto de decaer", es decir, de "ir a menos, perder alguna parte de las condiciones o propiedades que constituían su fuerza, bondad, importancia o valor". Así es como el Diccionario de la Real Academia Española, ese recurso gratuito y nunca suficientemente valorado que tenemos todos los hablantes de nuestro idioma a tiro de un clic, define el concepto de "decadencia". Si esta magna obra de consulta incluyera imágenes que ilustraran los términos que se pretenden explicar, habría muchas posibilidades de que al artículo sobre esa palabra le acompañara una fotografía de Kepa Arrizabalaga.

El portero español del Chelsea estaba considerado, hasta hace poco, uno de los mejores futbolistas del mundo en su posición. No en vano el equipo londinense pagó por él la mayor cifra jamás desembolsada por un guardameta, cuando le sacó del Athletic Club por los 80 millones de euros de la cláusula de rescisión. En el plantel bilbaíno, de cuya cantera había salido, venía de completar varias temporadas magníficas y hasta se le había llegado a vincular con aquel Real Madrid post-Casillas y pre-Courtois que no terminaba de estar a gusto con Keylor Navas. 

La llegada del belga a Valdebebas en el verano de 2018 desencadenó los acontecimientos e hizo que en la orilla azul del Támesis se atrevieran a desembolsar semejante millonada por su traspaso. Era una operación arriesgada pero merecía la pena por quedarse con el portero con mayor potencial de España, capaz de disputarle el puesto en la selección a todo un De Gea que en la Premier League es leyenda. Sin embargo, la cosa ha salido mal.

Desde que a sus 23 años llegó a Inglaterra, aparte de un primer semestre más o menos digno, su trayectoria ha alternado entre actuaciones discretas y estancias larguísimas en el banquillo. Pero sobre todo, lo que ha protagonizado ha sido una serie de polémicas muy extrañas que casi dan la sensación de que él mismo se ha buscado el descrédito sufrido. La más reciente, una pelea en el último entrenamiento con su compañero Antonio Rüdiger.

Kepa Arrizabalaga habla con Antonio Rüdiger durante un partido de fútbol
Kepa (derecha) junto a su compañero Rüdiger en un partido del Chelsea de 2018. Foto: Simon Stacpoole/Offside/Getty Images.

Según cuenta la prensa local, los ánimos se caldearon tanto que ambos jugadores tuvieron un encontronazo a empujones y hubo que separarlos para evitar que fuera a más. El ambiente estaba un tanto enrarecido tras la sorprendente derrota este sábado en casa por 2-5 contra el West Bromwich Albion, un rival teóricamente muy inferior; lo llamativo del asunto es que ni el vasco ni el alemán disputaron un solo minuto en ese encuentro. En esta ocasión parece ser que fue el defensa el que inició el altercado y acabó siendo expulsado de la práctica, por lo que ya ha pedido disculpas.

Lo cierto es que, sea el culpable o no, si pasa algo malo en el Chelsea, Kepa se las apaña para estar casi siempre involucrado. Y le ocurre prácticamente desde que llegó. Su primera gran bronca fue tan pronto como en febrero de 2019, con el ya célebre numerito del cambio frustrado en plena final de la Copa de la Liga contra el Manchester City. Maurizio Sarri, el entrenador de entonces, decidió sustituirle por Willy Caballero pocos minutos antes de acabar la prórroga, con la tanda de penaltis en el horizonte, pero Arrizabalaga se negó a ceder su lugar.

La explicación que se dio a aquel episodio tan estrafalario fue que ocurrió un malentendido: el técnico pensaba que el portero no podía continuar jugando debido a unos calambres que había sufrido poco antes, mientras que el propio Kepa consideraba que sí estaba en condiciones de seguir. En cualquier caso, el español siguió en el campo y participó en la tanda de penaltis... que los londinenses perdieron. En ella hizo una parada meritoria a disparo de Leroy Sané, pero también se le coló por debajo del cuerpo el lanzamiento relativamente sencillo de atajar del Kun Agüero. En el siguiente partido, de liga contra el Tottenham, se fue al banquillo en lo que su jefe calificó como un "mensaje para el grupo".

A finales de esa temporada, que se saldó para el club con la conquista de la Europa League en la que el vizcaíno fue titular en la final, Sarri regresó a Italia. En su lugar entró Frank Lampard, vieja gloria del Chelsea que al principio contó con Kepa. Sin embargo, a medida que fue avanzando el curso, perdió su puesto en favor de Caballero, primero, y a partir del verano pasado del nuevo fichaje, Édouard Mendy. El nuevo jefe, Thomas Tuchel, ha mantenido la apuesta por el franco-senegalés. En lo que va de temporada apenas ha jugado nueve partidos sumando todas las competiciones. Se le ve más en la prensa, con el rumor recurrente de que se quiere marchar, que en el césped de Stamford Bridge.

Y, pese al dineral que costó y a la vitola de élite que traía, son muchos en la afición blue los que no tendrían problema alguno en verle fuera. En los pocos partidos que juega su rendimiento es extremadamente irregular, pasando de actuaciones al nivel de los mejores a cantadas impropias de alguien de su categoría. La campaña 2019/20, por ejemplo, la terminó con el peor porcentaje de paradas en toda la historia de la Premier League para guardametas que han disputado al menos 10 partidos (54,5 %).

Los aficionados también lamentan otras cifras que hablan muy poco en favor de la supuesta estrella. En 14 de los 47 goles que encajó, directamente ni se movió de la portería y dejó que la pelota pasara sin más. Según los datos estadísticos de Opta, teniendo en cuenta los disparos que recibió y el rendimiento de su defensa, Kepa recibió once tantos más de los que se habría llevado teniendo un rendimiento en la media de los demás porteros del campeonato. Tan poca confianza hay en él que el club optó el pasado octubre por inscribir como portero reserva a Petr Čech, pese a que el legendario arquero checo llevaba ya un año retirado.

David de Gea sale del campo mientras Kepa entra y, al fondo, el entrenador de Suecia da instrucciones a sus jugadores
Kepa (derecha) sustituye al lesionado De Gea en un partido de España a finales de 2019. Foto: Visionhaus / Getty Images.

Su bajón de rendimiento no se ha trasladado a la selección española, pero el motivo tampoco habla bien de él. Simplemente, Luis Enrique ha dejado de contar con sus servicios. Acumula en total 11 partidos con la Roja en su carrera; tras su debut en 2017 y un par de actuaciones testimoniales en 2018 (año en que llegó a acudir al Mundial como tercer portero), en 2019 parecía haberse consolidado, jugando hasta siete veces... pero en 2020 directamente desapareció. Solo jugó un día.

Y a pesar de que el asturiano no le ha descartado (o al menos no lo ha reconocido abiertamente), en este último parón de 2021 ni siquiera ha viajado con el grupo. Tanto De Gea como, sobre todo, Unai Simón, su sucesor en el Athletic, le han comido el terreno. Antes que él, ha entrado en la convocatoria el desconocido Robert Sánchez, y parecen tener más probabilidades de regresar hombres como Pau López, Sergio Asenjo o hasta el incombustible Pepe Reina, que a sus 38 años ha recuperado un puesto de titular en la Lazio y se dice disponible para acudir si le llamaran.

Precisamente la edad es el problema de Kepa Arrizabalaga. Porque ya no es el jovenzuelo prometedor que iba a comerse el mundo desde San Mamés. A sus 26 años ya debería ser una figura consolidada en la élite mundial, algo de lo que está muy lejos ahora mismo y cada vez tiene más lejos alcanzar. Parece que un primer paso obvio para recuperar su estatus pasaría por salir del Chelsea, algo que tampoco es tan sencillo porque, considerando lo que costó, Román Abrámovich, el dueño del club, tampoco querrá malvenderlo, y además el sueldo que consta en su contrato (al que aún quedan cuatro años), estimado en más de seis millones de euros, cotiza muy por encima de lo que muchos estarían dispuestos a ofrecerle.

Así las cosas, es difícil concebir ahora mismo una solución para el problema de rendimiento de Kepa. Pero si no se encuentra algo pronto, el cancerbero de Ondárroa corre el riesgo de ver cómo definitivamente su luz se apaga y, tras tener la gloria al alcance de su mano, quedar como uno de tantos futbolistas muy prometedores en su juventud que se acaban dando de bruces con la realidad y completando una carrera más bien discreta. Al menos le podrá contar a sus nietos que un día fue el más caro del mundo.

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