La hipocresía de la ACB: "concienciar sobre el juego responsable" con el patrocinio de una casa de apuestas

Luis Tejo
Walter Tavares, Fabien Causeur and Pau Ribas during the fourth match of the final play off of the spanish Liga Endesa league, played at the Palau Blaugrana, on 21th June 2019, in Barcelona, Spain.   -- (Photo by Urbanandsport/NurPhoto via Getty Images)
Jugadores del Barça y el Real Madrid durante la última final de la ACB. Foto: Urbanandsport/NurPhoto via Getty Images.

Los aficionados más puristas fruncen el ceño, pero el dinero se ha convertido en un mal necesario para la viabilidad del deporte, y prácticamente cualquier recurso es válido para conseguirlo. Desde hace décadas esto ha abierto la puerta a que las empresas se vayan involucrando poco a poco en las competiciones hasta ser omnipresentes y tener casi más importancia que el juego en sí. Se empezó con vallas en los estadios y anuncios durante las retransmisiones en los medios, luego se pasó a la publicidad en camisetas y equipaciones (no sin resistencia de algunos románticos), se llegó a ver compañías patrocinando el nombre de campos y pabellones o hasta de los propios equipos. Hemos llegado, en fin, a que el propio torneo quede bajo el auspicio de una marca comercial; no olvidemos que, por ejemplo, la élite de nuestro fútbol ya no es la Primera División, sino LaLiga Santander.

Pero hay líneas rojas que raramente se cruzan, y cuando lo hacen tienen repercusiones de reputación e imagen que pueden ser peores que el beneficio económico que se pueda obtener. Un ejemplo lo acabamos de ver en la ACB, la máxima categoría del baloncesto español, que no en vano se conoce también como Liga Endesa. A sus responsables se les ha ocurrido la idea de firmar un acuerdo de patrocinio con 888sport.

El probema no es el hecho en sí de que el torneo lleve la denominación de una compañía, que es algo a lo que para mal o para bien ya estamos más que acostumbrados, y que quizás sea hasta imprescindible para garantizar la estabilidad económica de un campeonato muy afectado por los altibajos de la economía en los últimos años. Lo grave en este caso es el sector al que se dedica 888sport. Porque tan numérica denominación corresponde a una casa de apuestas online.

Este hecho ha indignado a numerosos aficionados, quienes no creen que una empresa de semejante perfil deba vincularse institucionalmente con el principal exponente del segundo deporte de equipo más popular en el país. Tampoco ha hecho mucha gracia, ni ha sido creíble, la coletilla de que el acuerdo servirá para “concienciar sobre el juego responsable”, teniendo en cuenta que 888sport, como todas las casas de apuestas, obtiene más beneficios cuanto más arriesguen sus clientes. “Tan lamentable como grave”, “doble moral”, “asco y vergüenza”, son algunas de las opiniones más repetidas.

En rigor, no les falta razón. Desde hace unos años, la ludopatía se ha convertido en un problema muy grave en la sociedad española. Tras su éxito en otros países (sobre todo los de cultura anglosajona), y a partir de su legalización con la ley 13/2011 de regulación del juego, las casas de apuestas tanto en internet como en locales físicos han proliferado sin apenas control por España. Ya sea entrando en uno de tantos establecimientos que hay en nuestras calles, como desde el ordenador o incluso desde el teléfono que todos llevamos en nuestro bolsillo, apostar se ha convertido en una actividad de ocio fácil, cómoda y al alcance de cualquiera.

Esto significa que las cifras de adictos al juego se han multiplicado. Solo en Madrid, en poco más de media década, la cantidad de afectados ha crecido un 320%. Además, el problema se ceba con los más jóvenes, sometidos a estímulos constantes incitándoles a iniciarse en las apuestas (se les engancha con cantidades “gratis” para empezar) y a gastar cada vez más dinero. Tal como denuncia la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), hasta un 20% de los menores de edad han hecho apuestas, a pesar de que legalmente está prohibido. Pero los mecanismos de control que tendrían que impedir su acceso tanto a los locales como a las webs a menudo no funcionan como deberían.

Urge, en este sentido, un plan de acción más eficaz para combatir la lacra que ya se compara con la heroína de los años ‘80, que arruinó a toda una generación. Porque está más que visto que los mecanismos de autocontrol de la industria y el supuesto fomento del “juego responsable” son un chiste malo. Y hasta cierto punto es comprensible: si el marco legal se lo permite, raro, muy raro, es el empresario que va a tirarse piedras contra su propio tejado y limitar voluntariamente su propia capacidad de obtener ganancias.

Por desgracia, no se puede contar con que el poder haga los cambios normativos necesarios, y más en vista del caos político que vive España. Lo que tampoco es tolerable es que la ACB, el organismo que agrupa a los clubes de baloncesto más importantes del país, se olvide de que su principal función es el deporte y caiga en semejante error. No ya por responsabilidad social sino por una simple cuestión de imagen: cuesta muchísimo encontrar a nadie que se alegre lo más mínimo por el acuerdo con 888sport, mientras que abundan los enfadados por esta acción comercial. Parece que quieren cargarse por la vía rápida el prestigio del baloncesto logrado con las victorias de la selección nacional.

De hecho, intentar venderlo como “fomento del juego responsable” contribuye aún más a la sensación de que se están burlando de la población, en general, y de los afectados por la ludopatía, en particular. A nadie en su sano juicio se le habría ocurrido vincular una bodega con la lucha contra el alcoholismo, o un fabricante de tabaco con la prevención del cáncer de pulmón. Ojalá nos equivoquemos, pero tiene pinta de que este caso será uno más, otro de tantos, en que la sensatez queda por detrás de los beneficios inmediatos.

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