La corrupción en el fútbol mexicano que todos acaban de 'descubrir'

Gustavo Matosas. / Foto: Getty Images
Gustavo Matosas. / Foto: Getty Images

Hacen falta escenarios y escándalos como el más reciente protagonizado por el uruguayo Gustavo Matosas, para recordarnos ciertas prácticas que parecen ser inseparables del fútbol mexicano desde hace décadas y que se callan o simplemente no se mencionan porque lucen como parte de la vida cotidiana.

No debería ser así en primera instancia, pero muchos han visto esta forma ingreso como un añadido a su estilo de vida. Es dinero que se cobra, que se paga, pero que parece no importarle a nadie, no sangra ningún bolsillo y los involucrados quedan satisfechos porque se les da lo que se les promete y parece que así ha sido... hasta ahora.

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El caso de Matosas es lúgubre y encierra no sólo el caso en sí. El técnico es un viejo conocido del fútbol mexicano, sabe desde cómo crece el pasto en el Estadio León, hasta el dinero que puede entrar y salir en un equipo como el América. Es un viejo lobo de mar sin duda alguna.

Todo ese ruido que ‘estremece’ al fútbol mexicano y rasga las vestiduras de varios directivos ha estado ahí, molesto y continuo desde hace décadas, desde la práctica que inició descaradamente Carlos Miloc en Tigres en la década de los 80, tolerada porque a todos les tocaba su ‘moche’. El ‘Tanque’ tuvo bajo sus órdenes a jugadores como Tomás Boy o Pilar Reyes, sin olvidar su paso por el América en donde se despachó con la cuchara grande con la llegada de muchos jugadores brasileños.

El mecanismo es simple, un jugador es inflado en precio para que de la jugosa ganancia se le pueda pagar de igual forma primero, al promotor, después al técnico que lo ‘recomendó’ o ‘aceptó’ y también a algunos directivos que se harán de la ‘vista gorda’ y disfrutarán de unos cuantos miles de dólares más en sus bolsillos. No se expiden recibos, ni facturas y todo se hace bajo ‘palabra’, al puro estilo ‘pacto de caballeros. No hay forma de comprobar a simple vista lo acordado ni las cantidades que se manejan.

Esto pasa en el fútbol, en contratos gubernamentales, en licitaciones, en la iniciativa privada, en donde el lector piense y quiera.

El ‘entre’ o ‘mochada’ se da en todos los niveles en la vida real y en la ficción, ejemplo de esto es la parodia de la serie de TV, ‘Club de Cuervos’, en donde la forma de cobrar es monetaria o con la mamá de los jugadores.

Pero para algunos esta práctica tiene su origen, no en este México afectado por cruentos y podridos factores externos. En el programa ‘Fútbol Picante’, sus panelistas comandados por José Ramón Fernández, exclamaban casi al unísono que esos malos hábitos del fútbol eran propios de técnicos extranjeros, un mal importado de Sudamérica, en pocas palabras.

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Y no se trata de señalar colores de las banderas, sino de las acciones de quienes piensan más en su bienestar personal que en el equipo que dirigen. Casualmente han sido sudamericanos quienes no han guardado mesura y no han sabido ser discretos en una actividad que hoy, casi al término de la segunda década del Siglo XXI, asusta a más de uno y muchos equipos no niegan que exista, sino que se practique comúnmente en nuestro fútbol.

Un caso elocuente y muy sonado fue el de Oscar Ruggeri, quien dirigiera en un breve lapso al América en el año 2004. El ‘Cabezón’ llevó a Coapa a su séquito de jugadores, se deshizo de elementos mexicanos y extranjeros, y los que quedaron, los relegó a la banca, mientras el equipo se llenaba de auténticos troncos que se desvanecieron cuando Ruggeri dejó el equipo pocos meses después.

Javier Pérez le daba la bienvenida a Oscar Ruggeri como técnico del América el 30 de junio de 2004. / Foto: Reuters
Javier Pérez le daba la bienvenida a Oscar Ruggeri como técnico del América el 30 de junio de 2004. / Foto: Reuters

Ricardo Rojas, uno de los despedidos por el argentino, señaló desde Chile en aquellos días, que el entrenador usó su puesto “para llenarse los bolsillo y hacer negocios con los jugadores que fichó”.

Ruggeri parecía niño en dulcería en aquel lejano verano de 2004. El contrato del argentino con el América presentaba reglas a su favor, como el tener la plena libertad para alinear a los jugadores que él disponga durante los partidos del club de Coapa. Estaba obligado a calificar a la liguilla, terminando dentro de los ocho primeros lugares de la tabla, y además, Ruggeri debe mantener un comportamiento ejemplar en la cancha y ante los medios de comunicación para no afectar la imagen del equipo.

El técnico argentino sólo dirigió seis partidos con el América. Poco tiempo para adaptarse a un fútbol que desconocía prácticamente tanta desfachatez en el manejo de los contratos de los jugadores. Una salida rápida, abrupta y prácticamente inesperada como la que sufrió en 1993 cuando era aún jugador activo en el América.

El defensa Santiago García. / Foto: Getty Images
El defensa Santiago García. / Foto: Getty Images

Hoy por hoy, hay casos que se señalan y otros que engrosan esa larga lista de anomalías que nadie se detiene a observar. En Toluca, equipo dirigido por otro argentino, Ricardo Antonio La Volpe, quien también alguna vez se dijera algo sobre el manejo de jugadores en el América, tiene elementos que cobran una millonada y que no ven acción porque están en la banca.

Santiago García es un defensa que simplemente no juega en este Apertura 2019. Este jugador argentino percibe un sueldo de 110 mil dólares mensuales según el Diario Récord, no pudieron venderlo en el pasado mercado de transferencias y ni siquiera viaja con el equipo en sus partidos como visitante. Simplemente no entra en los planes de La Volpe.

Del negocio millonario que es el fútbol varios supieron aprovechar puntos ciegos para tener una ganancia extra sin que le ‘duela a nadie’. Lo peor de estas prácticas es que se vuelvan cotidianas y de vez en cuando se levante la voz sólo por una cuestión personal. Los acusados gozan de libertad, Matosas fue cesado y ya, negando obviamente y señalando que esos audios comprometedores estaban editados.

Así es la jugosa industria del fútbol.


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