La encrucijada de Álvaro Morata

Alfonso Duro
Goal.com

El Real Madrid está ya en Los Ángeles preparándose a conciencia para una de las temporadas más complicadas que se le presentan en los últimos años. Tras el doblete del año pasado, los merengues tienen la oportunidad de ganar un sextete histórico, aunque para ello tendrían que hacer la hombrada: ganar la Super Copa europea ante el Manchester United de Mourinho, la Super Copa de España ante el FC Barcelona, y consumar su tercera Champions consecutiva, algo inaudito en el fútbol moderno.

Para conseguir tal gesta, Zinedine Zidane pidió dos cosas al club. La primera fue que no le tocaran mucho el grupo de trabajo. El francés estaba más que contento con la cohesión de la plantilla tanto en la cancha como en el vestuario, y más allá de un par de flecos sueltos, no pensaba que los nombres de la primera plantilla necesitaran muchos cambios. La segunda fue recomponer posiciones claves para poder contar con dos onces jóvenes y competitivos que le permitieran rotar de forma masiva como hizo el año pasado sin que el conjunto se resintiese.

En ambos casos el nombre de Álvaro Morata destacaba por sobre los demás. Por un lado, el delantero es uno de los hombres clave en el grupo de españoles, junto a Lucas Vázquez, Isco o Carvajal. Por el otro, es un delantero de proyección mundial que le viene de perlas a Zidane para cubrir cualquier ausencia de la BBC. El año pasado, Morata jugó la mitad de minutos que Karim Benzema, pero terminó el año con más de 20 goles y como segundo máximo goleador del equipo tras Cristiano Ronaldo.

Por supuesto, los planes de la entidad chocan de cara con los de Morata. El delantero de 24 años se siente fuerte y con ganas de ser importante en el club de su vida. Él no se siente menos que Benzema o que Bale, y casi tampoco que Ronaldo. Es un hombre al que le gusta competir y que ha sabido aprovechar sus oportunidades de cara al gol siempre que el entrenador se las ha brindado. En año de Mundial, Morata sabe que los minutos que dispute serán clave para contar con opciones de ser titular en Rusia con La Roja el verano que viene, por eso busca acomodo en un gran club para poder desempeñar su profesión como titular.

El destino de Morata parecía claro al principio de verano. José Mourinho ponía 75 millones sobre la mesa para hacerse con el canterano madridista que él hizo debutar en el club blanco. El Real Madrid, por su parte, se plantó en los 90 millones como cifra de traspaso y el Manchester United acabó por fichar a Lukaku por 85 y descartar al madrileño. A Morata le cambió el gesto y volvió a Madrid con cara de muy pocos amigos. Ahora sus opciones se reducen al Chelsea –en busca de un recambio para Diego Costa y que estaría dispuesto a llegar a los 80 millones por su traspaso– y al AC Milan, que ha fichado a Bonucci como gran estrella y busca un delantero goleador como guinda de un proyecto que busca devolver a los rossoneri a la élite europea.

El madridismo de Morata está fuera de toda duda y aunque en el campus de UCLA se le está viendo algo más cabizbajo que de costumbre, es fácil entender el por qué. A la vez, Zidane ha estado muy atento a los movimientos del canterano y, a diferencia del caso de James Rodríguez, ya le ha dicho al delantero que cuenta con él y que quiere que se quede. Buscar un delantero de sus condiciones en el mercado actual es prácticamente imposible, y además será muy difícil que llegue quien llegue en su lugar aporte tanto en el rubro de intangibles (compañerismo, buen rollo, inspiración, etc.) como lo pueda hacer Morata.

La pelota está en el tejado del canterano madridista y la decisión no puede ser para nada sencilla. Es normal que Morata se encuentre en una terrible encrucijada y que se haya dado unos días para pensar y decidir que rumbo tomar en su carrera.

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