La estrella de la temporada no es Messi, es el VAR

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Casemiro y Doukourè en el último Levante – Real Madrid. GOAL.COM
Casemiro y Doukourè en el último Levante – Real Madrid. GOAL.COM

Si Mediapro, la empresa que produce la señal de los partidos de la Liga, es una compañía puntera no será, desde luego, por el conocimiento que su presidente, Jaume Roures, ha demostrado del público español. Hace poco más de dos años, durante una entrevista en ‘El partidazo de Cope’, le preguntaron por la introducción de la ayuda tecnológica a los árbitros y él declaró mantenerse “en las más rancias tradiciones”: “Creo que lo bonito del fútbol es lo que se puede decir el lunes. Si todo fuera perfecto, ¿de qué hablaríamos hoy?”, profetizó Roures. “La salsa del fútbol tiene que ver con los errores que se cometen y que cometen los árbitros”.

Woody Allen, al que Mediapro ha producido varias de sus últimas películas, dijo que “si el ser humano tuviera dos cerebros, seguro que haría el doble de tonterías”. En realidad no lo dijo él, sino que lo puso en boca de un personaje. Como él suele encarnar a tarados, me atrevería a decir que no suscribe muchas de las cosas que dice en pantalla, aunque quizá esta sí. Otro célebre productor cinematográfico, Enrique Cerezo, dijo algo parecido la semana pasada: “Antes del VAR había un problema; ahora hay dos”.

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Y en plena barra libre de citasaunque las calcemos sin el talento ni la oportunidad de Antonio Agredano— hay que glosar a Juanma Lillo, que trató de reflejar los cambios en el relato del fútbol moderno con una metáfora: “La guarnición se ha comido al solomillo”. Ojalá fuera guarnición. Es salsa. Estamos de salsa hasta las orejas. El VAR es, sin duda, la estrella mediática de la temporada en España. Se ha ido Cristiano Ronaldo, pero nos queda Messi y, sobre todo, tenemos a los árbitros, cada vez más protagonistas. A este paso, acabaremos distinguiendo a Martínez Munuera de Munuera Montero.

Tampoco podemos sorprendernos. España lo tenía todo para que el VAR resultara un fiasco, empezando por unos aficionados poco o nada dispuestos a aceptar que un árbitro pueda pitar algo distinto de lo que a ellos les parece, y no digamos ya tras verlo en una pantalla. A eso hay que sumar la parálisis de los colegiados españoles; si el VAR es ya de por sí una herramienta conservadora cuyo objetivo es detectar errores gruesos, el uso que se está haciendo de él (o mejor dicho, el uso que no se está haciendo) roza la cobardía. Y de remate nos queda la prensa, que en lugar de realizar una labor pedagógica está contribuyendo a aumentar el embrollo.

José Ramón de la Morena, antigua referencia de la radio española, preguntó al presidente de los árbitros, Carlos Velasco Carballo, si la sala del VAR tenía el mismo tamaño en todos los estadios, cuando todo el mundo sabía ya a esas alturas que el videoarbitraje se realiza desde Las Rozas. Edu Aguirre, que compagina el séquito de Cristiano Ronaldo con el programa ‘El chiringuito’, criticaba indignado al árbitro del Real Madrid – Real Sociedad por no acudir al monitor a ver la famosa jugada de Rulli y Vinícius Junior, justo algo que el árbitro jamás puede hacer. En sus múltiples apariciones, Roberto Gómez se ríe casi a diario de los periodistas que acudieron a las jornadas formativas sobre VAR organizadas por LaLiga. Manolo Lama, otro de los grandes críticos del VAR, no ha acudido a estos cursos pese a que se organizan en el mismo edificio (de Mediapro) donde presenta cada día ‘El golazo de Gol’.

El VAR está resultando una bomba en manos de la prensa, ya sea por mero desconocimiento del protocolo o por su interés en amortizar el jaleo. Ambos bandos no son excluyentes. Se puede pertenecer a los dos, e incluso a un tercero: el de los personajes que, como en el caso de Woody Allen, hacen que nos preguntemos si la frase será suya o se la habrán escrito.

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