La hipocresía de Erdogan en el caso Khashoggi: Turquía es la mayor prisión del mundo para los periodistas

Javier Taeño

Uno de los países que más se está afanando en resolver el caso Khashoggi es Turquía. El periodista fue asesinado en el consulado saudí de Estambul y desde el primer momento Erdogan ha mostrado su disposición para aclarar las circunstancias y encontrar a los culpables. El presidente incluso habló en el Parlamento otomano y manifestó que la muerte del reportero había sido planeada. Las investigaciones continúan y el mandatario promete seguir compartiendo las nuevas pruebas que se encuentren.

Una actitud que contrasta con la que suele aplicar Erdogan en lo que se refiere a los medios de comunicación de su país. Y es que desde hace algunos años Turquía está considerada una auténtica cárcel de periodistas y sus autoridades no dudan en reprimir duramente cualquier tipo de oposición, ya sea con el cierre de medios de comunicación o con el encarcelamiento de reporteros y activistas.

Erdogan habla en un acto en Ankara (Murat Cetinmuhurdar/Presidential Press Office/Handout via REUTERS).
Erdogan habla en un acto en Ankara (Murat Cetinmuhurdar/Presidential Press Office/Handout via REUTERS).

En este sentido, Reporteros sin Fronteras es muy duro en su último informe anual. La organización coloca al país en la posición 157 (de un total de 180 y solo 12 por encima de Arabia Saudí) y habla de una purga masiva de periodistas y medios de comunicación tras el fallido golpe de estado del año 2016.

RSF recuerda que el estado de emergencia permitió a las autoridades cerrar de un plumazo decenas de medios de comunicación y que solo las pequeñas publicaciones de bajo tiraje siguen manteniendo la pluralidad, aunque subsisten acosadas y en un clima muy difícil para informar.

La situación para los periodistas no es mucho mejor, ya que los profesionales de la información pueden llegar a pasar hasta un año entre rejas antes de ser juzgados. Las condenas son también muy duras porque pueden llegar a suponer la cadena perpetua. Concluye el informe señalando que ni los reporteros ni los medios pueden recurrir a ningún recurso legal que les salve de su destino. La censura en Internet y en las redes sociales alcanza unos niveles que son inéditos.

Un análisis que comparte plenamente una de las grandes organizaciones de derechos humanos, Amnistía Internacional, que señala el clima de autocensura que se vive en el país y que provoca que los ciudadanos borren sus publicaciones públicas y se abstengan de hacer comentarios por miedo a ser despedidos de sus empleos, a que cierren sus organizaciones o sean procesados.

Un periodista turco tras ser liberado en marzo de 2018 (REUTERS/Huseyin Aldemir).
Un periodista turco tras ser liberado en marzo de 2018 (REUTERS/Huseyin Aldemir).

En este sentido, la libertad de expresión ha quedado reducida a nada debido a que se han iniciado miles de procesos penales por ejercerla. Amnistía estima que al finalizar el 2017 había más de 100 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación en prisión preventiva.

De esta circunstancia no se libraban ni siquiera los reporteros de medios internacionales, ya que tanto Deniz Yücel (Die Welt) como Ayla Albayrak (Wall Street Journal) estaban en prisión. El reportero era el corresponsal del rotativo alemán y estaba detenido sin cargos, mientras que ella había sido declarada culpable de propaganda terrorista y condenada a dos años y un mes de prisión por un artículo publicado en 2015.

Unos hechos que muestran que Turquía no es precisamente la más indicada para dar lecciones sobre la persecución a periodistas. Además de investigar el asesinato de Khashoggi, sería importante que Erdogan diera ejemplo en su propio país.