Nubarrones sobre los datos de las muertes por Covid en España

Yahoo Noticias

Durante los primeros días de la pandemia los informativos y boletines de primera hora de la mañana ofrecían las cifras de víctimas y contagiados por el Covid. Los nuevos datos diarios capturaban toda la atención mientras las muertes no dejaban de crecer en paralelo al shock colectivo. A finales de marzo esos datos se veían oficialmente como próximos “al tan ansiado pico” y poco después, en la primera semana de abril, cuando ya había 10.000 muertos, el mantra fue que la curva se estaba aplanando. En esos días los datos del número de víctimas y contagiados se trasladó a media mañana debido a la voluntad de “tener datos más exactos”. Aunque los telediarios de las 3 de la tarde destacaban aún el número de víctimas en sus titulares y parrillas. 

El 11 de mayo el Gobierno publicó la nueva estrategia de diagnóstico, vigilancia y control de la pandemia, por la que las CCAA tenían que notificar los datos al Ministerio de Sanidad. El Gobierno traspasó la responsabilidad a las CCAA para que cada una declarase sus cifras sin imponer estándares sobre cuál era la confirmación de un nuevo contagio (test de anticuerpos o PCR) o cómo identificar a los muertos por Covid (qué tipo de diagnóstico o síntomatología sin test). Lo que comenzó a provocar incoherencias y contradicciones a la hora de analizar esos datos. Poco después, el 17 de mayo, la información sobre víctimas y contagiados se retrasó a las 5 tarde con el argumento de hacer un "seguimiento más detallado". El 18 de mayo hubo un nuevo cambio de criterio de seguimiento desde el Ministerio de Sanidad, que no volvió a facilitar el número de personas recuperadas de la enfermedad y dejó, desde ese momento, de incluir en sus informes el número de casos detectados por test de anticuerpos. 

El 25 de mayo el Ministerio de Sanidad invalidó todas las series de datos anteriores cuando la cifra de fallecidos alcanzaba las 29.000 víctimas. Ese día se eliminaron oficialmente más de 2.000 fallecidos de los listados y la cifra bajó a 26.834. La explicación de la ministra María jesús Montero fue que era “absolutamente imprescindible” y debido a un esfuerzo por "limpiar" la serie histórica y "unificar" los criterios entre las CCAA, el problema que había creado la decisión del 11 de mayo. El gráfico muestra como el día 25 de mayo la curva de fallecidos se contrae y entra en modo plano.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio
Muertes por Covid en España (a 10 de junio 2020)
Muertes por Covid en España (a 10 de junio 2020)

O visto de otra forma, cómo desaparecen 2.000 muertos del COVID de un día para otro de las cifras oficiales:

Número de fallecidos diarios en España por Covid
Número de fallecidos diarios en España por Covid

A raíz de este nuevo cambio de criterio, ese mismo día, la Comunidad de Madrid, por ejemplo, eliminó casi 300 víctimas mortales de sus estadísticas (ver gráfico). Y desde entonces la ausencia de datos es evidente.

Diferencia de fallecidos respecto al día anterior en la Comunidad de Madrid
Diferencia de fallecidos respecto al día anterior en la Comunidad de Madrid

La consecuencia del cambio de estrategia es que el 29 de mayo no se sabía cuántas muertes había habido en la semana previa y Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, se vio en serias dificultades a la hora de intentar responder, ante la insistencia de los periodistas, ¿cuál es el dato real de fallecidos por COVID? Algo que debería ser un cálculo de sumas y porcentajes estaba ensombrecido por la confusión. En definitiva, se incrementó la confusión y la imposibilidad de conocer las cifras con exactitud y confianza. 

La explicación del cambio de estrategia es triple: 1) como la información de las cifras de los fallecidos pasa de ser diaria a semanal, las víctimas desaparecen de los titulares de prensa, radio, TV y de los medios sociales, 2) no es descartable la hipótesis de que, con la nueva estrategia, los datos se hayan convertido no solo en información sino en una herramienta política y, por tanto, deban ser gestionados no como información objetiva sino instrumental y 3) la cifra de defunciones solo incluye a los fallecidos con resultado positivo en una prueba analítica, se deja fuera de las cifras oficiales a muertes, aunque presenten síntomas afines al Covid, que no hayan sido confirmados por medio de un test.

El cambio de estrategia también supone el cambio en las cifras del porcentaje indeterminado de las personas mayores que murieron en residencias, centros geriátricos y hospitales cuando no había test disponibles. Criterio que está al margen del seguido por otros países de la UE o de la Organización Mundial de la Salud que recomienda, lo contrario que ha hecho el gobierno, contabilizar como víctimas de la pandemia a todos los casos con sintomatología sospechosa tengan o no test.

Para ahondar en la desconfianza con los datos el 3 de junio el Instituto Nacional de Estadística (INE) estimó que hasta el 24 de mayo hubo un exceso anormal de 44.000 muertes según los registros civiles. Un exceso similar al que se puede estimar de los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III que no ha hecho públicos los datos de forma no agregada y no ha puesto a disposición pública ningún informe previo al 19 de marzo. Una evidente falta de transparencia que sumar a la desconfianza sobre el tratamiento de los datos.

Mortalidad por todas las causas observada y esperada. España, diciembre 2019 hasta 03 de junio de 2020
Mortalidad por todas las causas observada y esperada. España, diciembre 2019 hasta 03 de junio de 2020

No se trata solo de críticas locales también llegan desde fuera de España. El día 3 junio el Financial Times criticó al Gobierno español de forma abierta porque “los datos defectuosos cuestionan la estrategia de control de España” y porque “los números erráticos generan incertidumbre para los responsables políticos y la sociedad”. En las misma línea se sitúa Reuters y otros medios internacionales que señalan la confusión dominante en los datos ofrecidos por el gobierno.

En junio las víctimas han ido desapareciendo de la primera línea informativa a favor de la contienda política a la par que el frente judicial gana protagonismo mediático. Los datos han pasado de ser material informativo, al que tienen derecho los ciudadanos, a ser material político inflamable camino de las sedes judiciales. En especial, debido al muy alto número de víctimas de la pandemia en residencias geriátricas, alrededor de un 60% del total. Lo que ha abierto ya una caja de truenos política cuando Pablo Iglesias en referencia a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, ha calificado su gestión de las residencias en Madrid como "un auténtico escándalo, si no es un crimen".

Cada día parece más evidente como crece la dificultad para los ciudadanos a la hora de ser capaces de diferenciar las verdades fácticas de la desinformación y las mentiras. La forma de llegar a la cifra de víctimas mortales por el coronavirus en España es un claro ejemplo, al margen de la recomendación de la OMS. Si un Estado moderno y democrático no puede ofrecer a sus ciudadanos datos veraces y fiables, no solo como un ejercicio de transparencia democrática sino de simple eficacia administrativa, es que algo funciona realmente mal. Lo que podemos tener por seguro es que todo lo que se sitúa entre una verdad y una mentira, sigue siendo mentira.

Seguiremos atentos. Hay que instalarse en el caos.

Otras historias