La larga pesadilla de Nazanin Zaghari-Ratcliffe en una cárcel de Irán: acusada de espía y separada de su familia

Richard Ratcliffe, esposo de Nazanin Zaghari Ratcliffe, frente a la Embajada de Irán en Knightsbridge, Londres, en junio de 2019, luego de concluir una huelga de hambre de 15 días que la pareja realizó de manera simultánea para exigir la liberación de Nazanin. (Photo by Jonathan Brady/PA Images via Getty Images)
Richard Ratcliffe, esposo de Nazanin Zaghari Ratcliffe, frente a la Embajada de Irán en Knightsbridge, Londres, en junio de 2019, luego de concluir una huelga de hambre de 15 días que la pareja realizó de manera simultánea para exigir la liberación de Nazanin. (Photo by Jonathan Brady/PA Images via Getty Images)

Viajar con frecuencia, hablar idiomas, trabajar para organismos internacionales y casarse con un extranjero puede ser un crimen en Irán.

Así lo demuestra el caso de Nazanin Zaghari-Ratcliffe, una trabajadora humanitaria nacida y criada en Teherán que adquirió la nacionalidad británica al casarse con un inglés que conoció mientras realizaba una maestría en Londres.

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A los ojos de las autoridades iraníes, Nazanin es una espía. Fue detenida en el aeropuerto Imam Khomeini el 3 de abril de 2016 mientras se preparaba para regresar a Gran Bretaña después unas vacaciones familiares junto a su hija Gabriella, que en ese entonces tenía 22 meses y ya tiene 5 años. Un tribunal la condenó a cinco años de cárcel, 150 días después de su detención en solitario, por conspirar para derrocar al gobierno.

Las acusaciones contra Nazanin no sólo son graves sino algo descabelladas, según conocedores de la situación iraní, porque para tumbar al gobierno no basta con derrocar al presidente Hasan Rohani, quien fue electo democráticamente en 2013 y 2017. También habría que socavar la autoridad de un estado teocrático, que tiene a la cabeza al ayatolá Alí Jamenei, hombre que concentra el poder religioso y político del país islámico desde 1989.

Jamenei es el sucesor del legendario ayatolá Ruholla Jomeini, quien derrocó en 1978 al último emperador persa, el sha Mohammad Reza Pahlevi, en la llamada revolución islámica que marcó el regreso del fundamentalismo religioso.

El esposo de Nazanin, Richard Ratcliffe, dice que su mujer está siendo usada como un comodín de Irán en sus complicadas relaciones con Occidente. Las tensiones con el gobierno islámico iraní llegaron a su punto más alto en décadas cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó el 3 de enero de 2020 un ataque con aviones no tripulados que mató al máximo líder militar de Irán, el general Qasem Soleimani.

Nazanin Zaghari-Ratcliffe y su hija Gabriella posan juntas en Londres el 7 de febrero de 2016 (Karl Brandt/Courtesy of Free Nazanin campaign/via REUTERS)
Nazanin Zaghari-Ratcliffe y su hija Gabriella posan juntas en Londres el 7 de febrero de 2016 (Karl Brandt/Courtesy of Free Nazanin campaign/via REUTERS)

Irán reaccionó con furia. Soleimani fue despedido como un héroe con manifestaciones multitudinarias de dolor en las calles de Teherán y el gobierno prometió “una feroz venganza” que comenzó con un ataque con misiles balísticos sobre dos bases estadounidenses en la vecina Irak.

Las agresiones han disparado los precios internacionales del petróleo, han elevado las alertas de ataques terroristas y también han complicado la difícil situación de Nazanin y otros detenidos que han sido acusados de espionaje y traición en Irán.

¿Espía o humanista?

Nazanin fue arrestada a los 37 años y el pasado 26 de diciembre cumplió 41 años. Antes del comienzo de la pesadilla, estudió literatura inglesa en la universidad y luego trabajó para la Cruz Roja (que en los países islámicos es conocida como la Media Luna Roja), donde le tocó trabajar en situaciones de desastres como el terremoto de Bam, en el sureste de Irán, en 2003, en el que murieron unas 40.000 personas y el 70 por ciento de la infraestructura de la ciudad quedó destruida.

En 2007 viajó a Londres para continuar sus estudios superiores en el área de Gerencia de Comunicaciones, momento se enamoró de su marido Richard.

Luego de dos años de noviazgo y de recibir la aprobación de los conservadores padres de Nazanin, la pareja se casó en Winchester, Inglaterra.

"Ella había planeado regresar a Irán. Pero luego conoció a un chico y el chico dijo: ummm...no estoy seguro de que me gustaría vivir en Irán, gracias", dijo en broma Richard en una entrevista con la prensa inglesa poco después de su detención.

Luego explicó que Nazanin deseaba vivir en Irán durante unos años para que sus hijos aprendieran sobre su cultura y a hablar correctamente el farsi.

Y fue precisamente ese deseo de mantener el contacto con sus raíces, lo que le costó la libertad y podría acabar con su vida.

Nazanin siempre regresaba a Teherán a ver a sus viajes, pero las visitas fueron más frecuentes después del nacimiento de Gabriella. Richard dijo que Nazanin y la niña viajaron a Irán hasta 4 veces en un año. Los traslados frecuentes desde Londres hasta la capital iraní despertaron sospechas de los servicios secretos de Irán.

Su trabajo en Reuters Foundation, una organización benéfica de la agencia de noticias Reuters, que aboga por la libertad de prensa, los derechos humanos y la distribución de la riqueza, tampoco agradó a las autoridades iraníes, quienes la han acusado de facilitar actividades contrarrevolucionarias.

Nazanin también trabajo para la BBC Media Action, que es una organización sin fines de lucro que ofrece capacitación profesional a periodistas y blogueros iraníes, actividad considerada subversiva en Irán.

El gobierno de Irán ha acusado a los medios británicos, especialmente a la BBC, de trabajar activamente para debilitarlo.

Uno de las principales dificultades para la defensa de Nazanin es que Irán no reconoce la doble nacionalidad, lo que significa que todas las iniciativas del gobierno británico para proteger a la activista han sido rechazadas. Sin embargo, cada día aumentan las voces que acusan a las autoridades británicas de no hacer lo suficiente para lograr su liberación.

El gobierno de Gran Bretaña logró el regreso de Gabriella con sus padre gracias a que la niña solo posee nacionalidad británica e Irán no pudo impedir que su retorno a su país de origen.

Los iraníes sospechan de los ciudadanos que poseen doble nacionalidad, porque creen que no es posible ser leal a dos países a la vez. 

Desconfianza mutua

Un pasado lleno de traiciones y engaños han minado las relaciones entre Irán y Occidentel. En 1952, los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses colaboraron con el golpe que derrocó al primer ministro democráticamente electo Mohammad Mossadeq, por sus planes de nacionalizar una industria petrolera que en la actualidad posee una de las reservas de hidrocarburos más grande del mundo. Pero la influencia estadounidense desapareció cuando su aliado, el Reza Pahlevi, fue derrocado en la década de 1970.

En un intento por forzar el regreso del sha para ser juzgado en Irán, 52 estadounidenses permanecieron secuestrados durante 444 días de su embajada en Teherán. Pero el sha murió de cáncer en Egipto en 1980 en pleno secuestro. Washington rompió relaciones diplomáticas y comenzó a imponer sanciones económicas que se han profundizado en las últimas 4 décadas.

Las sanciones han acelerado la inflación, estancado la economía y deteriorado la popularidad del gobierno iraní, que ha respondido violando los límites de producción de uranio enriquecido establecidos en un acuerdo internacional sobre energía nuclear.

Futuro incierto

Richard Ratcliffe ha asegurado que la Guardia Revolucionaria, considerada por algunos países occidentales como organización terrorista, ha torturado y confinado a su esposa para que confiese su culpabilidad, ante la negativa absoluta de Nazanin, quien se realizado varias huelgas de hambre y ha tenido que ser recluida en pabellones psiquiátricos por sus ideas suicidas.

Y luego el atentado que mató a Soleimani, el estado mental de Nazanin es de total desesperación, dijo su esposo a la BBC.

"Estamos muy preocupados por lo que está pasando...siempre hemos sido una pieza en este juego de ajedrez, y estamos buscando al primer ministro para dejarle bien claro que la protección de Nazanin y los otros que están en su situación es la máxima prioridad".

Richard se refería a los 15 detenidos británicos y estadounidenses que se encuentran en la prisión de Evin, a quienes considera una especie de peones que pueden fungir como comodines en una negociación entre las fuerzas revolucionarias iraníes y las potencias occidentales.

El peor temor que Nazanin es que Irán no permita su liberación luego de cumplir su sentencia inicial de 5 años sino que la extienda de manera indefinida, al implicarla a ella y a los otros detenidos en la ofensiva militar estadounidense.


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